92. Sin señal
Sin señal
Rafa abandonó el palacio de justicia sin perder un minuto.
Se deshizo de los periodistas que pretendían entrevistarlo a la salida y subió a grandes zancadas la cuesta de la avenida Pedro San Martín.
Al llegar a la rotonda de los Osos, giró a la derecha.
A unos metros, pegado a una sucursal bancaria, vislumbró a Miguel.
Se acercó a él mientras pensaba en el mensaje que se había encontrado al terminar la declaración:
Te espero donde los osos ok?
En el banco
No te vayas sin mi, bro
—¿Qué tal con la abogada? —le preguntó Miguel—. ¿Te ha presionado mucho?
Rafa echó un vistazo por encima del hombro antes de contestar. No había casi gente, y nadie parecía prestarles atención.
—Un poco… —Suspiró—. Pero ya no pueden hacerme nada. Lo ha dicho el juez.
Miguel ladeó la cabeza. No tenía claro que eso fuera exactamente así.
Por lo que había visto en un vídeo de Instagram unos días atrás, una cosa era que no se le pudiera juzgar en ese proceso, y otra que, si Alba era absuelta, luego no pudieran acusarlo a él.
Optó por reservarse para sí aquella idea y sacó un paquete de cigarrillos.
—¿Quieres? —le ofreció a Rafa.
Este cogió un pitillo y se lo encendió.
—Oye, ¿y Andrés? —murmuró Rafa dando una calada—. No lo entiendo.
Ninguno había escuchado a Murrieta informar en la sala de vistas de que estaba hospitalizado.
Miguel fumó en silencio unos instantes.
—Antes le he escrito, mientras venía hacia aquí, pero nada.
Rafa volvió a mirar a su alrededor para constatar que nadie estaba pendiente de ellos.
—Llámalo.
Miguel sacó el teléfono del bolsillo y marcó. Luego se llevó el móvil a la oreja. Transcurrieron solo cinco segundos hasta que volvió a guardárselo.
—No da señal.