La doble víctima 84. El Dueso
61%

84. El Dueso

El Dueso

Santoña

El coche policial cruzó la verja tras la que se elevaba el centro penitenciario de El Dueso, un conjunto amurallado construido al pie del monte Buciero y a pocos metros de la playa de Berria, de la cual muchos reclusos tenían vistas desde su celda.

Desde fuera, habría quien creyera que allí, en uno de los patios más extensos de todas las prisiones de España, se respiraba incluso cierta sensación de libertad.

Pero nada más lejos de la realidad. Alba sabía que aquello jamás dejaba de ser una cárcel, un lugar deprimente, finito y peligroso en el que, si no luchabas por sobrevivir, podías acabar consumido, destruido.

Ella ya no era la misma, desde luego que no, pero todavía aspiraba a salir de allí a tiempo de recuperar algún pedazo de su adolescencia quebrada.

Cada mañana, desde la ventana, se imaginaba a su antiguo yo en el horizonte alejándose irremediablemente, flotando más allá de aquella playa, más allá de aquellas olas furiosas, a punto de hundirse para siempre.

El vehículo se detuvo y la obligaron a bajar. Se había levantado un viento frío que sacudía todo el lugar y estaba empezando a llover.

—¡Vamos, vamos! —le espetó un agente.

El hombre se tapó la cabeza con el brazo derecho para protegerse del agua mientras la agarraba con el otro.

Alba obedeció y, con un estremecimiento, echó a andar hacia el gran portón de la prisión, que se elevaba amenazador ante ella. Al entrar, los recuerdos de la madrugada del 19 de febrero de 2023 se cernieron sobre ella y revolotearon a su alrededor como una pesadilla incesante.

Otra vez.