66. El traslado
El traslado
Había transcurrido más de un año desde su ingreso en prisión provisional, y ese día comenzaba el juicio. Se esperaba una asistencia y una cobertura mediática masivas, y las medidas de seguridad que se habían desplegado no tenían precedentes en Santander para algo así.
Que las previsiones sobre el nivel de expectación no habían fallado quedó claro en cuanto giraron y se aproximaron al complejo judicial.
Había mucha gente en las calles aledañas colocada estratégicamente para ver el vehículo policial dirigiéndose hacia los garajes, y las cámaras de los periodistas se dispararon a su paso, a pesar de que el coche tenía los cristales tintados en la parte de atrás.
—Ya estamos —anunció el hombre con tono neutro al tiempo que introducía el coche en el garaje—. Ahora mis compañeros te llevarán a los calabozos judiciales. Te quedarás allí hasta que comience el juicio, ¿entendido?
Alba hizo un leve asentimiento con la cabeza.
No dijo nada.