27. El buen camino
El buen camino
—Se la llevan… —musitó Samuel, como si quisiera dejar constancia de lo evidente.
Olivia, sombría, se mantuvo callada. En efecto, todo apuntaba a que la chica, cuyo nombre había proporcionado aquella mañana a los investigadores, estaba arrestada y habían registrado su casa.
No estaba segura de si ese descubrimiento tendría que haberle producido algún tipo de alivio, o tal vez un acceso de odio incontrolable, pero solo sintió vacío y dolor.
Se mordió los carrillos hasta provocarse una herida al recordar lo que Rafa, el amigo de Nacho, les había contado hacía unas horas, cuando le telefonearon y por fin atendió la llamada: una fiesta en un chalet de un compañero llamado Víctor, un incidente con Alba, un cuchillo…
Siguió con la vista a los coches de policía, que habían emprendido la marcha.
—No debí hacerte caso, Samuel —murmuró con voz arenosa—. Yo sabía que no era lo correcto, que Nacho no iba por el buen camino, pero tú…
Olivia no llegó a terminar la frase. A su lado, el rostro del hombre se crispó mientras un silencio inabarcable se desplegaba entre ambos.
Tras unos segundos de tensión, Samuel se dio la vuelta y se alejó sin mediar palabra.