14. Todo iba bien
Todo iba bien
Estación de esquí de Alto Campoo
Paula destensó los músculos mientras el sol le acariciaba el rostro.
A su lado se encontraba Teresa, que contemplaba embelesada los progresos de Martín en la frenada con la técnica de la cuña.
Faltaba casi media hora para que terminara la segunda parte de la clase de iniciación.
Después, todos los padres entrarían en las pistas verdes para disfrutar con sus pequeños.
Paula ya conocía a varias familias de las semanas anteriores y estaba convencida de que pasarían una bonita jornada.
Hacía años que Teresa y ella no esquiaban, pero la fascinación de Martín por la nieve, que apenas había visto en Santander, las había decidido a sacar el pase de temporada en Alto Campoo y apuntar a su hijo a sus primeras clases.
No se arrepentía. Allí, rodeada de picos escarpados y de deportistas que se deslizaban por las laderas blancas, con el cielo límpido y el sol brillando sobre su cabeza, la vida fluía como si lo demás no importara, y esa sensación de libertad era la que la había impulsado a contestar finalmente a la responsable de Recursos Humanos de Iberian Labs.
Para ella también fue un placer la última reunión, y estaría encantada de acudir el martes por la tarde a la sede de la empresa para conocer al director de Asesoría Jurídica.
Eso era lo que le había escrito. En el despacho pondría como excusa una consulta pediátrica de Martín o algo por el estilo, y así ni Antonia, su jefa, ni Marina, la secretaria, sospecharían nada.
Además, el contexto actual en el bufete resultaba ideal para cambiar de empleo.
Quizá no se repitiera una situación como esa o, al menos, no a corto plazo.
Antonia llevaba un tiempo con la idea de incorporar a un abogado más y, tras una larga búsqueda, había dado con un candidato que era de su agrado.
Se llamaba Álvaro Silva y ejercía como fiscal sustituto en Cantabria.
No había conseguido sacarse la oposición y estaba apuntado a una lista de interinos que solo le permitía trabajar de vez en cuando.
Pese a no contar con plaza como fiscal, era muy bueno, y en cuanto a Antonia le llegó el rumor de que estaba descontento con su situación, se apresuró a ofrecerle un futuro en el despacho.
Tras resolver unas dudas iniciales, él se mostró interesado, y habían concertado una reunión el lunes por la tarde para cerrar los términos del acuerdo.
Antonia no buscaba sustituirla por Álvaro, pero ella entendía que, si de verdad quería abandonar el despacho, esa era la mejor ocasión, el momento en el que provocaría menos daño.
Sería tan sencillo como pasarle los expedientes al nuevo y que él ocupara su lugar.
Luego Antonia podría contratar a alguien más.
No sería una salida tan traumática, y eso la tranquilizaba.
Paula cogió el móvil y comprobó que el correo electrónico había salido del buzón. Teresa, a la que no le pasó desapercibido el gesto, sonrió.
—¿Lo has mandado ya?
Paula le devolvió la sonrisa.
—Mañana lo leerán.
—De todos modos, si a última hora no lo ves claro, siempre puedes echarte atrás y no firmar —comentó Teresa.
—Lo sé.
La abogada guardó el teléfono en la cazadora y se concentró en las maniobras de su pequeño sobre la nieve.
Todo iba bien.