La deuda (Losers 1) 42 #2
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42 #2

—¿Qué he hecho yo ahora? —preguntó inocentemente, deteniéndose frente a la ducha de mujeres mientras me miraba con ojos seductores.

Vale, ahora estaba pidiéndomelo descaradamente.

Me acerqué a ella, la rodeé y la empujé contra la pared. Sus ojos brillaban y el aroma de su sudor era absolutamente embriagador. Quería poseerla así, saborear la sal de su piel…

—Si vas a intentar ponerme cachondo, más te vale estar preparada para hacer algo al respecto —le solté.

Se tensó con expectación, conteniendo la respiración por un momento…, pero me alejé y me dirigí a las duchas.

Justo a tiempo para ver a Alex entrando en una de las cabinas.

Esperé hasta que él pusiera el seguro en «ocupado» antes de desnudarme. Tenía la polla medio empalmada y, en cuanto me permití pensar en Jess duchándose al otro lado de la pared, me empalmé del todo.

Se oyó un suave ruido cuando metí mis cosas en una taquilla para guardarlas mientras me duchaba.

Miré hacia la puerta y me quedé quieto cuando me di cuenta de que era Jess quien había entrado.

Ya no llevaba su bolsa. Miró a su alrededor con curiosidad antes de clavar la vista en mí, que estaba allí, completamente desnudo y empalmado.

Sonrió burlona.

—Vaya. No bromeabas cuando decías que te ponía cachondo.

De repente, al darse cuenta de que no estábamos solos, sus ojos se dirigieron hacia la única cabina de ducha ocupada y articuló con los labios: «¿Quién está ahí?».

«Alex», articulé en silencio.

Se adentró en el vestuario, tomándose su tiempo mientras se acercaba a mí.

—¿Qué estás haciendo? —le susurré.

Se detuvo frente a mí y extendió la mano, recorriendo los tatuajes de mi pecho, despacio.

—Dijiste que si te excitaba tenía que estar preparada para hacer algo al respecto —dijo, y la falsa inocencia de su voz me volvió loco—. Pues aquí estoy. Preparada para hacerlo.

Oh, joder, sí.

Miré a mi alrededor y vi un cartel de «suelo mojado» apoyado contra una pared cercana.

—Ponlo fuera de la puerta y ciérrala —le dije.

Ella obedeció y se movió rápidamente para colocar el cartel justo fuera del vestuario. No teníamos mucho tiempo, pero podía trabajar rápido.

Solo necesitaba unos minutos.

Cuando regresó, yo estaba colocando un tope de goma que había encontrado debajo de la puerta de Alex. No sabía cuánto tiempo lo mantendría allí, pero pensé que nos daría tiempo suficiente antes de que él saliera a base de fuerza bruta.

Jess jadeó cuando la agarré, la empujé contra la puerta de la ducha y la besé. Sus labios se separaron y me agarró mientras su lengua se deslizaba ansiosa en mi boca. Le agarré el cuello con una mano y deslicé la otra entre sus piernas, gruñendo cuando gimió de placer.

La ducha seguía con el grifo abierto dentro de la cabina, pero cuando giré a Jess bruscamente y la presioné con fuerza contra la puerta de nuevo, supe que era solo cuestión de tiempo.

Le arranqué las mallas y las bragas, el ajustado tejido de licra mantenía sus piernas apretadas.

Sujetándola contra la puerta por la nuca, utilicé mi mano libre para agarrarle la cadera, pero ella ya estaba arqueando la espalda para mí.

Empujé mi polla contra su entrada, gimiendo bajito cuando descubrí que estaba mojada.

—Joder, ¿has estado pensando en esto todo este tiempo? —le pregunté, presionándola contra mí y empujando despacio contra sus húmedos pliegues.

Me recoloqué, tiré de sus caderas un poco más hacia atrás y la penetré del todo. Su gemido fue muy fuerte e inmediatamente moví la mano de su cuello para taparle la boca.

—Me encanta cómo me recibes —gemí, follándomela con embestidas duras y castigadoras.

Sus gemidos quedaban amortiguados por mi mano, pero desde luego no eran silenciosos.

De repente, el agua dejó de correr.

—¡Eh, esto está ocupado!

Jess abrió mucho los ojos, pero yo no paré. El sonido de mis caderas golpeando su culo mientras me la follaba era lo suficientemente fuerte como para que Alex lo oyera. Intentó quitar el pestillo y la puerta se sacudió ligeramente cuando intentó abrirla, pero el tope hizo su trabajo.

—¡Qué cojones!

Golpeó la puerta con el puño y yo cambié de ritmo, llenándola con embestidas largas y lentas. Cerró los ojos y su coño se aferró a mí como si intentara mantenerme dentro.

—¿Te gusta, princesa? —le susurré, y ella respondió con un gemido, asintiendo con la cabeza mientras le tapaba la boca.

Solté su cadera y la rodeé con el brazo para frotarle el clítoris. Ella se arqueó contra mí, ansiosa por esas embestidas más profundas, apretándome los muslos con las piernas.

—¡Abrid la puta puerta! ¡Eh! —La voz de Alex se hacía cada vez más fuerte y ahora estaba intentando abrir la puerta de verdad.

Aunque acabé el entrenamiento sudando, tenía más energía que nunca mientras la penetraba con fuerza. Mis testículos se tensaron y sentí un cosquilleo en la espalda.

Iba a correrme dentro de su delicioso coño y Alex iba a escuchar cada momento.

—Córrete para mí —le gruñí al oído, y sus músculos se contrajeron con avidez a mi alrededor.

Le temblaban las piernas y tenía la respiración entrecortada. Soltaba gemidos desesperados mientras le frotaba el clítoris. Podía sentir cómo se corría a mi alrededor, cálida, resbaladiza y palpitando por el placer.

La penetré hasta el fondo, eyaculando. Le metí los dedos en la boca y ella la abrió, su grito entrecortado de éxtasis fue la guinda del pastel de mi placer.

Alex estaba maldiciendo, y parecía que estaba a punto de derribar la puerta.

Jess jadeó cuando me separé de ella y se subió las mallas a toda prisa. Le di un beso rápido, cogí mi bolsa del casillero y le tomé la mano.

—Parece que no vas a poder darte una ducha —le dije—. Será mejor que no estemos aquí cuando abra la puerta.

Olía a sudor y a mi semen, y eso me hacía sentir como si estuviera en la cima del mundo. Era una mierda primitiva del reino animal, pero follar con ella mientras Alex no podía hacer nada más que escuchar fue posiblemente el mayor subidón de ego que me había dado nunca.

Tenía la sensación de que este nuevo gimnasio iba a gustarme.