La deuda (Losers 1) 41
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Vincent

Si alguna vez pasaba algo serio, lo solucionábamos juntos. La cagué al no contarle a Manson lo de su padre enseguida, fue culpa mía. Pero no iba a volver a cometer ese error, no ahora.

No cuando las cosas ya se habían complicado.

Estábamos todos reunidos en el salón después de cenar, cansados tras otro largo día. Jojo se había acurrucado entre Manson y Lucas en el sofá, con la boca abierta mientras dormía. El pequeño Bo estaba acurrucado en el regazo de Jason, como de costumbre, ¿y yo? Yo tenía una gran bolsa de marihuana.

—Me preocupa que convoques una reunión y enseguida empieces a liar porros —dijo Manson, mirándome con los brazos cruzados.

Manson no fumaba muy a menudo, pero, joder, esa noche lo iba a necesitar. Hablar de su padre nunca había sido un tema fácil para él, pero tenía la sensación de que esta vez sería peor.

Cuando se trataba de Jess, Manson no podía mantener la calma tan bien como en otras situaciones. Era como si ella lo desarmara, sacudiendo el cuidadoso control que él tenía sobre sus emociones.

—Todo es mejor con una bolsa de marihuana, ¿verdad? —comenté, pasándoles los porros.

Jason ya sabía por qué quería tener esta conversación, pero Lucas y Manson no tenían ni idea. Jason se había enfadado tanto como yo cuando le conté lo de Reagan.

«¿Quién coño se cree que es para meterse con nuestra chica?», fue lo primero que soltó, sin darse cuenta de lo que había dicho hasta que ya había salido de su boca.

Pero tenía razón, para bien o para mal: Jess era nuestra chica. Aunque dijéramos que era un juego, aunque no fuéramos en serio —algo que dudaba cada vez más—, Jess estaba bajo nuestra protección e íbamos a velar por su seguridad.

Todos se animaron y el olor a hierba y a ácido se extendió por la habitación. Las ventanas abiertas dejaban entrar el aire fresco de la noche.

—Jessica se ha encontrado hoy con Reagan —dije, después de esperar a que todos parecieran estar un poco más relajados—. Le ha hablado. Sabía su nombre. Estoy bastante seguro de que sabe que pasa tiempo con todos nosotros.

El rostro de Lucas se ensombreció por la ira y negó con la cabeza mientras daba otra calada. Y Manson tenía el mismo aspecto que si le hubiera dicho que había visto zombis en el jardín delantero.

—¿Habló con ella? —preguntó con un tono de disgusto.

—Sí. Al parecer, la agarró. Parecía agresivo y estaba en una vía pública. —Exhalé, y el humo se esparció alrededor de mi rostro—. Está agravando las cosas y, obviamente, no se va a marchar.

—Tenemos que decidir qué hacer —dijo Jason.

—Quedémonos al margen y ocupémonos de nuestros asuntos —respondió Lucas—. Si quiere algo, que venga a llamar a la puerta.

—No es tan sencillo. —La voz de Manson estaba cargada de tensión—. Tenemos que encontrar la manera de mantenerlo alejado de Jess.

Lucas frunció aún más el ceño y apartó la mirada, clavándola en la ventana. Últimamente estaba de un humor aún más impredecible de lo habitual: se pasaba todo el día sumido en sus pensamientos y apenas decía una palabra.

—Le dije a Jess que nos avisara cuando saliera de casa —expliqué—. Y que nos enviara la dirección.

—Como si fuera a aceptar eso —dijo Lucas—. Probablemente se rio de ti.

Negué con la cabeza.

—Aceptó. Estaba asustada, tío. Esto la está volviendo loca.

—Razón de más para que acorte sus vacacioncitas en el mundo de los perdedores —dijo Lucas—. Me apuesto cien dólares a que mañana tendrá aquí una grúa para llevarse ese puto BMW y repararlo en otro sitio, después de comprarle el puto motor…

—Oye. —Manson le dio un golpecito en el pecho con el dorso de la mano—. Déjalo. No va a irse. Podía abandonar el juego cuando quisiera, pero no lo ha hecho.

—Bueno, ahora es el momento perfecto, ¿no? —espetó—. La cosa se está poniendo seria; ya no se trata solo de un juego morboso. —Se rio con amargura—. ¿Crees que va a querer quedarse ahora que tu queridísimo papi está involucrado? Ni de coña.

Manson lo miró a los ojos con una expresión tan dura que casi esperaba que alzara la voz, pero no lo hizo.

—Te equivocas —dijo con un tono perfectamente tranquilo, enfadado de una forma que rara vez le había visto—.

Y aunque no fuera así, nosotros hemos ayudado a meterla en esto.

Está involucrada, le guste o no, vuelva a desaparecer o no.

A mi padre no le importarán los detalles.

Si cree que puede hacerme daño a través de ella, lo hará.

—No debería estar sola —dijo Jason—. Va al gimnasio todas las mañanas, ¿no?

—Cada dos días, o algo así —dije.

—Me cambiaré a su gimnasio y empezaré a ir allí a entrenar —dijo Jason—. De esa manera, al menos tendrá a alguien con ella por las mañanas.

Lucas echó la cabeza hacia atrás y puso los ojos en blanco, incrédulo.

—¿Vas a empezar a levantarte temprano para ir al gimnasio con ella? ¿En serio? ¡Si apenas puedes levantarte de la cama antes de las diez de la mañana!

—Pondré una alarma —dijo Jason como si nada—. De todos modos, debería mejorar mis hábitos.

—Yo puedo llevarla en mis días libres —dije—. Trabaja entre semana, así que no creo que tenga que ir a muchos sitios.

Manson asintió, con la mirada gacha mientras la cabeza le daba vueltas.

—Ya se nos ocurrirá algo. Entre los cuatro, al menos uno podrá encontrar tiempo para acompañarla.

—Sois unos putos ridículos —dijo Lucas—. ¡Tenemos cosas que hacer, tenemos trabajo! Jessica está bien. Reagan la asustó un poco, ¿y qué? ¿Qué va a hacer?

—No preguntes qué puede hacer —dijo Manson, con un tono afilado como un cuchillo, pero eso no intimidó a Lucas—. Ya sabes lo que puede hacer.

—Ni siquiera se va a quedar aquí, joder —refunfuñó Lucas—.

Estáis actuando como si esta chica fuera nuestra novia.

No lo es. No está saliendo con nosotros.

Yo no la llamaría ni amante. Tenemos un acuerdo mutuamente beneficioso y eso es todo.

Se irá en cuanto consiga esa oferta de trabajo que está esperando.

—Entonces la protegeremos hasta que se vaya —dijo Manson con fiereza y se levantó del sofá, despertando bruscamente a Jojo—. No es una discusión, es lo que vamos a hacer. ¿Está claro para todos?

Jason y yo asentimos con la cabeza, pero Lucas se quedó donde estaba, mirando fijamente a Manson. Al final, sin decir nada, bajó la mirada, se levantó y salió del salón. Un momento después, la puerta principal se cerró de golpe.

Manson suspiró y se sentó con los hombros caídos. No era habitual que discutieran, pero odiaba verlos así. Apagué mi porro en el cenicero, dejé a Jason con Manson en el salón y salí al porche delantero.

Lucas estaba dando vueltas por el jardín, obviamente demasiado enfadado como para tener una conversación normal todavía.

—Oye, entonces…

—No empieces con esa mierda —me interrumpió, haciendo una pausa para dar una larga calada al porro—. Ya sabes que Manson me va a echar la bronca más tarde. Me dirá que tengo que bajar la guardia y resolver mis problemas. —Resopló—. Putas tonterías de terapeuta.

Le dejé pasearse un rato, liberando un poco más de esa energía nerviosa.

—Iba a sugerirte que fumaras más hierba, pero, bueno, esas otras cosas también serían una buena idea —dije.

Gruñó frustrado, sentándose con pesadez en el porche delantero y frotándose la cabeza con la mano.

—No lo entiendo, tío. No confío en ella.

¿Por qué debería hacerlo? Después de todo este tiempo, ¿de repente se muestra así de amistosa?

¿Saliendo en público con nosotros? ¿Celebrando nuestras victorias?

¿Tonteando con nosotros? No me lo creo. Jess solo está consiguiendo lo que quiere, así que ¿por qué cojones debería encariñarme?

Ah, ahí estaba. Por eso estaba tan malhumorado esta semana.

Después de sentarme a su lado, me saqué otro porro del bolsillo al ver que ya se había fumado el suyo, aguatándolo hasta el filtro. Cuando tiró el viejo, ya lo tenía listo y esperando.

—Joder, qué rápido eres —dijo, cogiendo el mechero cuando se lo ofrecí.

Me pasó el porro después de dar una calada y nos quedamos sentados así un rato en silencio.

—Estás enamorado de ella —le dije al final, cuando sentí que había fumado lo suficiente como para escucharlo—. Te estás enamorando de ella.

Él se burló, murmurando algo entre dientes.

—Lo entiendo —dije—. Es difícil cuando hay tanta historia entre todos nosotros. Pero la gente puede cambiar. Tú has cambiado, yo he cambiado… Todos hemos cambiado desde el instituto.

—Jess no —dijo con determinación—. Ella sigue siendo la misma.

Me reí, aunque intenté que fuera una risa suave.

—Sabes que eso no es cierto. Esta vez es diferente. Ella es diferente. Creo que lo está intentando.

—¿Intentando qué? —Me miró y pude ver la desesperación en su rostro, la confusión—. ¿Qué cojones quiere?

—Pregúntaselo —dije sin más—. Habla con ella, Lucas. Si necesitas que te diga algo para ayudarte a sentirte mejor con todo esto, pídeselo.

—No necesito una mierda —espetó, pero no parecía muy confiado—.

Yo no… Joder… —Clavó la mirada en el suelo, con la boca apretada en una fina línea—.

Lo que necesito saber… Lo único que necesito saber es si ella nos elegiría a nosotros antes que a ellos, joder.

Antes que a esos capullos que ella considera amigos.

Entendía ese sentimiento, la ansiedad de una traición inminente. Intentaba no obsesionarme con pensamientos como ese, pero Lucas tenía que lidiar con más cosas que yo, tanto mental como emocionalmente. No podía esperar que tuviera el mismo enfoque relajado; tenía que encontrar su propio camino.

—Creo que demostrará su valía, si le das la oportunidad de hacerlo —dije.

—Y ¿cómo lo haría para ser exactos? ¿Ponemos a Alex en un lado del patio mientras yo me quedo al otro y vemos hacia cuál corre primero?

Me eché a reír.

—Al menos sigues teniendo tu fantástico sentido del humor. No sé, tío, seguro que se te ocurrirá algo. Joder, Jason y tú habéis estado tramando todo un plan para vengaros de la alegre pandilla de capullos de Alex, ¿por qué no invitáis a Jess a ir con vosotros? A ver qué hace.

Se quedó en silencio mientras lo meditaba un momento.

—Puede que sea una buena idea… Podríamos llevarla con nosotros en la misión de venganza y ponerla a prueba. Ver a quién es leal.

Le di una palmada en el hombro.

—Ahí lo tienes. Un método de comunicación muy saludable, muy normal.

Me miró con el ceño fruncido por la burla, pero, joder, lo había sugerido yo. Nada en nuestras vidas era normal: éramos unos tipos raros de principio a fin.

Y aunque Lucas tenía sus dudas, yo sabía que Jess no nos defraudaría. Llámalo corazonada, intuición, lo que sea. Pero esta vez…

Esta vez era diferente.