39 #2
El locutor dio la puntuación final de Jason y Vincent volvió a vitorear.
—¡Noventa y tres! —exclamó, sacudiendo los hombros de Jason con entusiasmo mientras el hombre más pequeño se reía—. Sabía que lo habías clavado, joder.
Con la parte superior del mono atada a la cintura, Jason se acercó a descansar a mi lado, a la sombra. Dentro vendían cervezas y Vincent me había comprado una, aunque ninguno de los chicos iba a beber. Pero yo me lo estaba pasando muy bien, bebiendo cerveza helada y viendo la competición.
—¿Me la pasas por la espalda? —preguntó Jason, recostándose contra el capó mientras yo le pasaba la lata fría de aluminio por los hombros, lo que le hizo estremecerse de satisfacción. Suspiró mientras cerraba los ojos—: Hace un calor de cojones en ese coche.
—Has estado increíble ahí fuera —le dije, conteniendo el aliento un momento cuando abrió los ojos; no creía que fuera a acostumbrarme nunca a lo azules que eran—. ¿Qué pasa ahora?
—Me he clasificado para la siguiente fase de la competición —explicó, tarareando agradecido mientras le deslizaba la lata por la espalda—. Lo siguiente es el drifting en tándem.
—¿En tándem? ¿Qué es eso?
—Ya lo verás. No me gustaría arruinarte la sorpresa.
Se enderezó y los dos nos quedamos observando a Lucas y a Manson trabajar.
Vincent había traído un pequeño altavoz que Manson había conectado a su móvil para reproducir Hunting Season de Ice Nine Kills.
Era la primera vez que veía a Lucas y a Manson trabajar juntos y estaba claro que tenían mucha práctica.
Era como si pudieran leerse la mente, se pasaban las herramientas el uno al otro incluso antes de pedirlas.
En un momento dado, mientras ambos manipulaban algo bajo el capó, Manson se inclinó y le susurró algo a Lucas al oído.
Lucas lo miró con los ojos muy abiertos, se quedó paralizado durante un momento, pero luego negó con la cabeza y sonrió, ruborizándose.
No tenía ni idea de lo que se habían dicho, pero me hizo sonreír.
—¿Por qué sonríes? —preguntó Jason, apoyando el brazo en mis muslos.
—Solo os estoy observando —respondí, recostándome sobre mis manos—. Me hace feliz ver cómo Manson y Lucas coquetean entre ellos, o Vincent y tú… No sé, es bonito verlo. No sabría explicarlo.
—Suena a compersión —me explicó—. Es cuando te hace feliz la felicidad de otra persona. Como cuando Vincent coquetea contigo, sé que él está divirtiéndose y disfrutando de tu compañía. Así que eso me hace feliz.
—No tenía ni idea de que existiera una palabra para eso —dije—. Es como lo contrario de los celos.
—Sí, eso es. Encontrar felicidad en la alegría de los demás. Esa es una de las razones por las que los cuatro nos llevamos tan bien. Queremos vernos felices los unos a los otros, de verdad.
Era algo que nunca había experimentado antes.
Que mi pareja coqueteara con alguien que no fuera yo siempre había sido una amenaza, no algo por lo que alegrarse.
Pero esto era diferente. Me hacía realmente feliz ver su cercanía o lo emocionado que estaba Vincent mientras Jason se preparaba para la siguiente fase de la competición.
—Lo tienes controlado, cariño. Es pan comido —lo animó, abrazándolo con fuerza.
Jason se subió la cremallera del traje, se puso los guantes y flexionó los dedos. Pero antes de ponerse el casco, se acercó a mí otra vez, tomó mi rostro entre sus manos y me dio un beso largo y lento que hizo que me temblaran las rodillas.
—Buena suerte —le deseé.
—Te dije que ganaría por ti —dijo—. Y sigo pensando en hacerlo.
Los pilotos se alinearon para la siguiente fase de la competición, pero esta vez formaban parejas. Dos pilotos se acercaron simultáneamente a la línea de salida y yo fruncí el ceño, confundida.
—¿Van a correr juntos? —pregunté, y Lucas negó con la cabeza—. Entonces, ¿qué…?
Las luces parpadearon y los coches salieron disparados, adelantándose unos a otros al llegar a la primera curva.
Para mi total sorpresa, los dos coches tomaron la curva uno al lado del otro.
Con un chirrido de neumáticos y el rugido de los motores, los dos vehículos derraparon a pocos centímetros el uno del otro antes de cambiar de ángulo y lanzarse a la siguiente curva.
—No puede ser… —dije, con los ojos muy abiertos mientras me inclinaba hacia delante sobre el capó, mirando con incredulidad—. ¿Están en el mismo equipo? ¿Cómo demonios no chocan entre sí?
—De la misma manera que no chocan contra las paredes —dijo Lucas—. Cambiarán de posición en la siguiente vuelta y el otro coche tomará la delantera.
—¿Me estás diciendo que no han entrenado juntos? ¿Que esos dos pilotos no han trabajado juntos antes?
Era difícil creer que algo tan perfecto y aterradoramente fluido pudiera haberse logrado sin horas de entrenamiento conjunto para hacerlo bien.
—Puede que hayan competido entre ellos antes —dijo Lucas—, pero los pilotos se emparejan según sus puntuaciones en las carreras de clasificación, por lo que no podían saber de antemano con quién iban a correr.
—Me miró por encima del hombro, con el cigarrillo colgando de los labios—.
Es que son muy buenos. Puede que veas a algunos pilotos chocarse, o incluso estrellarse, pero están aquí por una razón.
Son muy hábiles, y Jason es uno de los mejores.
Sonaba orgulloso, y sus palabras no dejaban lugar a dudas de que Jason iba a ganar.
Pero el corazón seguía latiéndome con fuerza cuando el Z blanco se detuvo en la línea de salida.
Me subí de nuevo al parachoques para intentar ver mejor, pero esta vez Vincent se dio cuenta y se acercó a mí, agachándose delante.
—Súbete a mis hombros —ofreció—. Iremos a la valla.
Me subí, tambaleándome un momento cuando se puso de pie. Joder, era alto. Caminó conmigo hasta la valla, ofreciéndome una vista perfecta de la competición. Manson y Lucas se acercaron a nosotros y, juntos, vimos las luces parpadear, haciendo la cuenta atrás para la salida.
Jason y el otro piloto salieron disparados desde la línea de salida.
Yo animaba mientras tomaban las curvas a toda velocidad, con Jason persiguiendo al coche que iba en cabeza.
Estaba tan cerca que no entendía cómo no chocaban cuando cambiaban de ángulo, y sus neumáticos chirriaban, dejando largas rayas negras en la pista.
—Joder, sí que ha estado bien —dijo Vincent, inclinándose hacia la valla.