La deuda (Losers 1) 39
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Jess

En cuanto entré en los boxes, me sorprendió el ruido y la actividad que había a mi alrededor.

Algunos grupos estaban montando toldos para cubrir su zona de trabajo, mientras que otros simplemente colocaban sus herramientas y suministros delante de los remolques.

Había una gran cantidad de coches, algunos modelos que reconocía y otros que parecían demasiado extraños como para ser de algún fabricante que me sonara.

Eran ligeros y bajos, con el interior reducido al metal desnudo.

Manson me explicó que eso hacía que el coche fuera más ligero, rápido y fácil de maniobrar.

Al igual que el Z de Jason, estos coches no estaban diseñados para la comodidad, sino para el rendimiento.

El ambiente era tan bueno que abrumaba. Varias personas saludaron a los chicos al pasar junto a nosotros y algunos conductores se detuvieron para charlar.

Yo me mantuve al margen, sentándome en el asiento delantero del Bronco con la puerta abierta y los pies apoyados en la ventanilla, también abierta.

Desde allí podía ver lo que pasaba mientras me comía un perrito caliente que Vincent me había comprado.

El entusiasmo que se respiraba en el ambiente me recordó a la energía de una fiesta antes de un gran partido.

Excepto que no vi ninguna animosidad entre los distintos pilotos, a pesar de que estaban a punto de competir entre ellos.

Vi a mucha gente sonriendo y riéndose, poniendo música en altavoces portátiles.

Algunos de los pilotos incluso habían traído a sus familias.

Jason apareció en la puerta abierta del Bronco, apoyado en el marco, sonriéndome.

Llevaba un mono negro, de un estilo que me recordaba a una fiesta de Halloween y al disfraz que llevó esa noche.

Recordé cómo se bajó la cremallera mientras yo estaba de rodillas, dejando al descubierto su pecho tatuado y acariciándose su gruesa polla delante de mí.

Oh, no necesitaba pensar en su polla en ese momento. Ya tenía las bragas lo bastante mojadas.

Todavía estaba incómodamente excitada por aquella mamada. No sabía por qué Lucas se esforzaba tanto en fingir que no disfrutaba con nada. Me daba ganas de sacudir esa coraza tan dura y meterme en su cabeza. Quizá el descubrimiento de su pequeña perversión me permitiría hacerlo.

¿Quién hubiera pensado que el gran y malvado Lucas quería que lo llamaran buen chico? La idea me llenó de una alegría maliciosa.

—Algunos de los chicos están a punto de hacer unas cuantas carreras de prueba —dijo Jason, agarrando mi pierna extendida.

Hoy llevaba unos vaqueros cortos, así que tenía la piel al descubierto, y él giró la cabeza para darme un beso en el tobillo, sin apartar de mí sus penetrantes ojos azules mientras lo hacía.

—¿Quieres verlo?

Sin estar muy segura de qué estaba a punto de ver exactamente, asentí con la cabeza.

Me acompañó hasta la parte delantera del Bronco y me ayudó a subir, sentándose a mi lado en el capó con los pies apoyados en el parachoques.

Una valla metálica y un pequeño terraplén separaban la zona de boxes de la pista.

Era una amplia extensión de asfalto, vagamente ovalada, marcada con pintura blanca y conos de tráfico naranjas.

En el lado más próximo a nosotros, una carretera curva salía de los boxes y se adentraba en la pista, conduciendo hacia la línea de salida y justo al lado había un poste con una serie de luces amarillas, verdes y rojas en el suelo.

Un BMW antiguo de color gris oscuro se detuvo en la línea de salida.

—A los pilotos se les evaluará en tres aspectos: trazada, inclinación y estilo.

La trazada tiene que ver con la posición del coche.

¿Ves esos cuadrados y líneas diagonales en la pista?

—me explicó Jason inclinándose hacia mí y señalando unas marcas blancas situadas en el interior de las curvas cerradas o en los bordes de las más amplias—.

Son clips interiores y zonas de relleno.

Tenemos que meter el parachoques delantero o trasero en esas zonas mientras avanzamos por la pista.

De repente, con un rugido tan fuerte que me hizo taparme los oídos con las manos, el viejo BMW salió disparado desde la línea de salida y se adentró en el circuito.

De sus neumáticos salían nubes de humo blanco y espeso mientras se deslizaba hacia la primera curva, con el parachoques trasero rozando la zona pintada que se curvaba a lo largo de la primera pared.

—Nos evalúan por la inclinación —gritó Jason por encima del estruendo del motor—. ¿Ves lo suave que parece cuando gira? Su coche no se tambalea, no está corrigiendo en exceso la dirección. Lo último es el estilo. Los jueces mirarán cómo inicias la primera curva y cómo transitas por el circuito.

El conductor recorrió el circuito en cuestión de segundos, dejando nubes de humo y el olor a neumático quemado flotando en el aire. El ruido y la velocidad eran impresionantes. Observé con gran atención cómo más pilotos se alineaban para practicar.

—Van rapidísimo —dije—. Es increíble que no se estrellen.

—Se necesita mucha práctica —dijo Jason, mostrándome una amplia sonrisa—. Voy a dar unas cuantas vueltas antes de que empiece la competición. —Se inclinó hacia mí, con la mirada clavada en mis labios—. ¿Me animarás?

Fruncí los labios pensativa, como si tuviera que pensármelo aunque sea un poco.

—No lo sé… Ese piloto del Corvette es bastante guapo… —Sus ojos brillaron peligrosamente y yo me reí, besándolo—. Por supuesto que te animaré. Más te vale ganar.

—No voy a perder contra un puñetero Corvette, eso seguro —dijo con entusiasmo en la voz mientras se bajaba del Bronco y se dirigía hacia su coche, pero me guiñó un ojo una última vez por encima del hombro antes de sentarse en el asiento del conductor—. Ganaré solo por ti, princesa.

Las gradas se habían llenado y la multitud se agolpó junto a la verja para ver mejor la acción cuando comenzó la primera parte de la competición.

Lucas y Manson habían venido equipados con herramientas, piezas de repuesto e incluso neumáticos de recambio.

Nuestra zona de boxes estaba montada como una versión en miniatura de su garaje.

—¿Emocionada? —preguntó Vincent, acercándose a mi asiento en lo alto del Bronco.

Era el lugar perfecto para ver la acción y estaba parcialmente protegido del sol por la carpa que los chicos habían montado para trabajar debajo.

—Mucho —respondí.

Jason estaba a punto de comenzar su primera carrera oficial en el circuito y los nervios hacían que me sudaran las manos. No recordaba la última vez que había estado tan nerviosa por alguien. Iba en serio cuando dije que quería que ganara hoy.

—No sabía qué esperar, pero todos estos pilotos parecen muy buenos.

—Lo creas o no, esta ni siquiera es una competición profesional —dijo Vincent—. A todos estos pilotos se los considera aficionados.

—¿Qué? —lo miré, incrédula—. ¡Joder, entonces no me puedo ni imaginar cómo serán los profesionales!

—Sus coches hacen mucho más ruido, por ejemplo —dijo, metiéndose la mano en el bolsillo—.

Hablando de eso, se supone que debía darte esto.

—Le tendí la mano y él dejó caer en ella un par de auriculares de plástico—.

Son tapones para los oídos. Bloquean el ruido más molesto, pero aun así podrás oír las conversaciones cercanas.

Pruébalos si quieres. Puede llegar a ser bastante ruidoso.

Sin embargo, había algo emocionante en ese ruido, así que dejé los tapones para los oídos a un lado de momento.

Cuando Jason se colocó en la línea de salida y aceleró el motor, quemando los neumáticos y expulsando nubes de humo, me encantó sentir el rugido del motor a través de mi cuerpo y cómo el sonido resonaba en mi pecho.

Salió disparado desde la línea de salida y no pude apartar la mirada.

Contuve la respiración cuando entró en la primera curva, con su coche deslizándose de lado mientras los neumáticos traseros se mantenían perfectamente dentro de la zona delimitada junto al muro.

La siguiente curva le obligó a girar el volante en la dirección opuesta, cambiando el ángulo de su derrape.

Cuando llegó a la última curva, apenas podía distinguirlo a través del humo, así que me apoyé en el parachoques delantero del Bronco para intentar verlo.

Salió volando de la nube, girando con brusquedad en la última curva. El público vitoreó y la voz metálica del locutor calificó la carrera de «impresionante».

Impresionante no era suficiente para describirlo. Fue increíble, sobrecogedor. Controlar un vehículo a esas velocidades en curvas como esas era asombroso.

Jason volvió a salir, y esta vez condujo aún más rápido y con mayor precisión. Estaba tan embelesada por la emoción que no me di cuenta de que había superado todas las marcas requeridas hasta que Vincent levantó el puño en señal de victoria.

—Hoy está a tope —dijo Manson, sonriendo con orgullo mientras Jason conducía lentamente el Z por la parte trasera de la pista y regresaba a nuestro box.

—¡Vamos a por el primer puesto, tío, lo presiento! —exclamó Vincent emocionado, aplaudiendo mientras Jason metía el Z bajo la carpa.

—Seguro que entrarás en el Top 32, tío —dijo Lucas, tendiéndole la mano a Jason para ayudarle a salir del coche.

Se quitó el casco y esbozó una amplia sonrisa mientras se apartaba el pelo de la cara. Lucas y Manson se pusieron manos a la obra de inmediato, abrieron el capó y comenzaron el proceso de sustitución de los neumáticos.

——¿Cómo va el coche ahí fuera? —preguntó Manson mientras se ponía los guantes.

—Quizá esté consumiendo demasiado combustible. Después de la primera vuelta, el motor iba muy irregular —respondió Jason mientras se desabrochaba el mono bajo la sombra.

Se echó medio litro de agua por la cabeza y el líquido le resbaló por el pecho. Yo utilicé un folleto que había encontrado como si fuera un abanico y lo agité para ayudarle a refrescarse. Hoy el sol brillaba con mucha fuerza; probablemente estaba sudando a mares con ese mono.