38
Lucas
Putos mecanismos biológicos delatándome.
Hubiera preferido desangrarme antes que sonrojarme, pero ahí estaba yo, acalorado y molesto, mientras el ingenioso cerebrito de Jess intentaba averiguar qué había hecho para provocarme.
Si se daba cuenta de lo que había pasado, me moriría.
Y Manson también, porque todo era culpa suya.
Nos quedaba una hora de viaje por delante y, como llevábamos el Z a remolque, no podíamos pisar a fondo para llegar antes.
Aun así, no pude resistirme a acelerar un poco.
Adelanté al Bronco, esquivando los coches más lentos que se cruzaban por la carretera.
Cada vez que aceleraba, la sonrisa de Jess se ensanchaba.
Tenía un detector de radares en el salpicadero, así que no me preocupaba la pasma, y aceleré aún más para ver qué hacía.
La repentina aceleración la tomó desprevenida y su mano se lanzó a agarrarme del muslo. Sus afiladas uñas tenían un color nuevo, el mismo morado oscuro que el Mustang de Manson. Me pregunté si lo habría hecho a propósito.
Reduje la velocidad y Jess suspiró con suavidad mientras se recostaba en el asiento, mirando por la ventana los campos abiertos. Apartó la mano, pero yo la alcancé y la volví a colocar sobre la mía, que descansaba sobre mi pierna.
—Aún no has huido —le dije, mirándola para intentar evaluar la reacción en su rostro—. ¿Te estás divirtiendo demasiado?
—Por supuesto que no he huido. Todavía necesito que me lleven de vuelta —comentó, como si esa fuera la única razón del mundo—. Quizá debería pediros que me pongáis un poco más de velocidad en el coche también.
—Eso suena a problemas —dijo Manson—. Tenemos que conseguir que cambies el aceite a tiempo antes de pasar a darte cualquier extra de velocidad.
—Uf, qué aburrido —se quejó—. Yo también quiero un coche rápido.
Solté una risa seca.
—¿Ya estás intentando aumentar tu deuda? Eso sin duda te costaría más de lo que puedes permitirte.
Me apretó ligeramente el muslo.
—¿Estás seguro de eso?
Si esta zorrita no tenía cuidado, nunca íbamos a llegar a la puta autopista, porque me detendría en alguna carretera secundaria para follármela hasta dejarla tonta.
Miré a Manson, pero estaba demasiado ocupado mirándole el culo a Jess, que se restregaba contra su costado, como para prestarme atención.
—¿Para qué quieres más velocidad? —pregunté, con mi polla respondiendo con demasiado entusiasmo—. ¿También quieres empezar a correr?
—No. Solo me gusta ir rápido —respondió ella—. Aunque no me importaría ganarte en una carrera.
—Ni lo sueñes. No con ese BMW, ni de coña.
Me dedicó una sonrisa descarada.
—Me parece que te da miedo que gane. ¿No te parece que está asustado, Manson?
Esta vez, Manson me miró. Nuestro juguetito estaba muy animado hoy y podía ver en su cara lo mucho que lo estaba disfrutando.
—Creo que parece que te va a dar unos azotes en el culo si no empiezas a portarte bien —le advirtió, inclinándose hacia ella.
—Deberíamos ocuparnos de esa boca de mocosa antes de que te meta en problemas —dije.
Jess respondió dándome un apretón y luego acercó su otra mano. Me subió el dobladillo de la camiseta y recorrió con el dedo la hebilla de mi cinturón.
—¿Qué debería hacer, señor? —preguntó.
Pero no me engañó con ese tono dulce y afectado.
No necesitaba volver a mirar a Manson para saber que estaba empalmado, ansioso por que montáramos un espectáculo. Me alegró poder entretenerlo.
Ajusté mi postura, desabrochándome el cinturón con una mano.
—Ya sabes lo que tienes que hacer —dije.
Casi me atraganto con esas palabras al instante, porque, joder, Jess sabía muy bien lo que tenía que hacer.
Después de veinte segundos con mi polla en la boca, lamentaba mucho tener que mirar la carretera en lugar de a ella.
Manson era el afortunado, se recostó contra la puerta, con una pierna apoyada en el asiento mientras la observaba, sonriendo todo el tiempo.
—Grábala —le dije, preparándome para el momento en que ella gimiera conmigo en la garganta. Manson sacó su móvil dándole un apretón en el culo a Jess mientras la grababa—. Voy a ver esto más tarde, Jess. Quiero ver lo sexy que estás cuando te atragantas con mi polla.
Estaba usando la boca y la mano a la vez, tomándose su tiempo mientras movía la cabeza sobre mí. Me hundió en su garganta y luego me sacó de su boca.
—Es raro tener el piercing en la garganta. Me gusta —comentó.
Volvió a bajar y yo apreté el volante hasta que me dolieron los dedos. Que Manson nos estuviera mirando lo hacía aún mejor y saber que eso lo excitaba me hacía salivar.
Jess exploró mi piercing con la lengua, haciendo que la barra curvada se moviera hacia adelante y hacia atrás. Me costó mucho esfuerzo no gemir mientras lo hacía, pero debió notar algo.
—¿Te gusta? ¿Que juegue con él? —me preguntó, cuando volvió a levantar la cabeza.
—Sí. —Mi voz salió como un gruñido contenido—. Me gusta cuando lo mueves. Y cuando lo tienes en la garganta… —Le empujé la cabeza hacia abajo, apoyando mi mano en su nuca.
—Qué buena chica eres, Jess —dijo Manson, acariciándola entre las piernas—. Hazle disfrutar.
Jess volvió a gemir y mi pie apretó el acelerador. Tuve que hacer acopio de todo mi autocontrol para mantener la concentración a pesar de lo que ella estaba haciendo.
Tenía la carretera borrosa, pero lo que hacía con la boca, la mano y la lengua estaba perfectamente nítido. Fue sorprendente que llegáramos sanos y salvos a la autopista, porque no recuerdo nada más del resto del trayecto, ni aunque mi vida dependiera de ello.
En cuanto aparqué en el gran aparcamiento exterior del Fairgrounds Speedway, apreté las manos contra el respaldo del asiento, cerré los ojos e incliné la cabeza hacia atrás mientras ella me remataba.
Manson la elogiaba y ella se frotaba contra su palma para darse placer.
El sonido que salió de mi boca cuando me corrí en la suya fue más animal que humano y, por un momento, juré que sentí cómo mi alma abandonaba mi cuerpo.
—Joder… —exhalé despacio al abrir los ojos, justo a tiempo para verla tragar.
¿Quería un coche rápido? Le daría un coche rápido, joder. ¿Qué más quería? ¿Maquillaje? ¿Joyas? ¿Ropa? ¿Un puto gatito? También se lo daría.
Manson me sacó de mis estúpidos pensamientos. Sin dejar de grabar con una mano, le dio la vuelta con la otra. La cabeza de Jess estaba en mi regazo, justo al lado de mi polla, con los ojos muy abiertos y ligeramente aturdida mientras Manson se movía sobre ella.
—Bájale los pantalones —dijo, y yo le ayudé a hacerlo, tirando de ellos para que pudiera quitárselos.
Todavía estaba intentando recuperar el aliento cuando él la penetró, estirándole el coño de una forma que solo puedo describir como increíblemente sexy . Ella gimió y echó la cabeza hacia atrás mientras él la follaba. Yo le sujeté las piernas para mantenérselas abiertas.
—Joder, así voy a correrme —jadeó.
No podía decidir a cuál de los dos quería mirar más, ya que el rostro de Jess se suavizaba por el placer y el de Manson se endurecía.
Ambos sabían cómo sacarme de quicio, cómo destrozarme por dentro y hacer que me gustara.
Eso lo esperaba de Manson, pero ¿de ella?
¿Cómo coño podía leerme tan bien? ¿Cómo descubría las cositas que me volvían loco?
Siempre sentía que me observaba cuando estaba cerca, pero era como si se adentrara en mi alma, echara un vistazo, como si nada, y descubriera exactamente lo que me ponía.
Me hacía sentir como si fuera a perder el control, incluso más de lo habitual.
Cerró los ojos con fuerza cuando se corrió, y yo vi cada expresión mientras se derrumbaba.
Manson apoyó la mano contra la ventana junto a mi cabeza y se la folló hasta hacerla estremecer, corriéndose dentro con un gemido.
Ya nos habíamos visto follar antes, pero, Dios, había algo especial en verlo con ella.
Había algo en la forma en que ella lo miraba y en lo locamente embelesado que él estaba con ella.
¿Él se sentía igual cuando nos veía? Nunca había entendido del todo lo del voyerismo, sobre todo porque yo no tenía su nivel de autocontrol.
Apenas podía soportar mirar sin participar, mientras que él disfrutaba precisamente con eso.
Se apartó de ella, recuperando el aliento un momento antes de recostarse y llevársela con él. La giró, de modo que su espalda quedara contra su pecho y sus piernas abiertas en el asiento, frente a mí.
—Cómetela —dijo, con la voz aún ronca.
Acababa de correrme, pero esas palabras me excitaron otra vez. Me incliné hacia delante, sin importarme una mierda quién más estuviera en el aparcamiento a nuestro alrededor. Si no les gustaba, podían mirar hacia otro lado.
Jess sabía increíble con el semen de Manson goteando. Cada vez que pasaba la lengua por su clítoris, se empujaba contra mi boca.
—Dile a Lucas cómo te sientes —ordenó Manson mientras sus hermosos ojos verdes me miraban fijamente entre sus piernas.
Quería sentirla correrse de nuevo. Quería que me apretase la cabeza con los muslos mientras su cuerpo se convulsionaba de placer.
—Me encanta tu lengua ahí —gimió, contoneándose contra mí y frotándose contra mi boca, mientras la mano de Manson presionaba la parte posterior de mi cabeza, animándome a seguir—. Oh, Dios, Lucas, sí…
Empuje mi lengua contra ella, saboreando a Manson y disfrutando de sus grititos desesperados.
Ella se estremeció, cerrando los muslos.
Los apretó alrededor de mi cabeza y me perdí en el momento.
¿A quién le importaba el oxígeno cuando su coño sabía tan jodidamente bien y ella sonaba así, tan dulce, indefensa y llena de necesidad?
Apenas levanté la cabeza, lamiendo su sabor de mis labios. Manson me observó, con los ojos entrecerrados y una alegría sádica.
—Dile que es un buen chico —murmuró, sonriendo como si supiera lo perverso que era pedirle que hiciera eso.
Puto sádico.
—Mm, buen chico.
Me estremecí cuando sus suaves labios dijeron esas las palabras.
Le clavé los dedos en los muslos y le mostré los dientes mientras me inclinaba sobre ella. Aplastada entre Manson y yo, parecía vulnerable, pero también demasiado inteligente. Sabía exactamente cómo conseguir lo que quería y nosotros sabíamos muy bien cómo dárselo.
—Más te vale tener mucho cuidado al usar esas palabras conmigo —le advertí, y ella asintió rápidamente, con las pupilas dilatadas.
—Tendré cuidado, señor —dijo, pero había picardía en sus ojos.
Me recoloqué los pantalones y recogí mis cosas, metiéndome la cartera y las llaves en el bolsillo. No tenía ni idea de qué expresión se había dibujado en mi rostro, pero Jess soltó una risita que delataba tanto miedo como emoción antes de salir del coche tras Manson, colgándose el bolso al hombro.
No sabía si quería darle unos azotes o volver a besarla.
Era probable que quisiera ambas cosas.
Definitivamente quería ambas cosas.
Jess caminaba delante de nosotros mientras nos dirigíamos al mostrador de registro.
Fairgrounds Speedway estaba rodeado de árboles por todos lados, con un edificio en la parte delantera de la propiedad que albergaba puestos de merchandising y comida.
Más allá, la pista ocupaba el resto de la propiedad, con varias gradas dominándola.
Vincent y Jason habían conducido el Bronco hasta los boxes, una curva de asfalto justo al lado de la pista donde todos los pilotos y sus equipos se reunían para prepararse para la competición.
El aire cálido estaba impregnado del olor a neumático quemado y cigarrillos, y respiré hondo.
No me sentía cómodo en muchos sitios, pero aquí sí.
Era mi hogar lejos de casa, pero no solo estábamos allí para dar apoyo moral; Jason necesitaba mecánicos para asegurarse de que el Z aguantara todo el día.
El drifting era duro para un coche y, sin mantenimiento, el Z no llegaría más allá de las rondas de clasificación.
Llevábamos nuestro equipo en la parte de atrás del Bronco: herramientas y todo lo necesario para las reparaciones.
Si algo fallaba en la pista, teníamos que arreglarlo rápidamente o abandonar la competición.
—Es increíble que puedas fruncir el ceño después de una mamada como esa —dijo Manson, caminando a mi lado.
Jess estaba lo suficientemente lejos como para no oírnos, o al menos eso parecía. Pero habría jurado que vi cómo giraba ligeramente la cabeza hacia nosotros, intentando escuchar.
Era demasiado inteligente, demasiado observadora.
Manson me rodeó los hombros con un brazo, me atrajo hacia él y me besó. Hoy estaba de buen humor; de hecho, había estado de muy buen humor desde que pasó la noche en su casa.
—Creo que sabe jugar demasiado bien —comenté cuando se apartó, pero dejó el brazo alrededor de mi cintura—. Ya te estás encariñando demasiado.
Su sonrisa vaciló, pero solo por un momento.
—Puede que ella sepa jugar, pero nosotros pusimos las reglas. Diviértete con ella. Ella juega para ganar, ya lo sabes. Cuanto más la desafíes, más se resistirá.
Joder, eso era precisamente lo que me daba miedo. Yo tampoco podía resistirme a una competición, así que cuando Jess se resistía, yo lo hacía aún más. Era un ciclo al que no le veía otro final que una explosión.
Y quizá eso era lo que estaba destinado a pasar de todos modos. Una competición feroz con un final en llamas. Lo único que no sabía era cuántos de nosotros acabaríamos destrozados por el camino.