La deuda (Losers 1) 36 #3
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Asientos rotos, cenizas por todo el salpicadero y un olor característico a cigarrillos mentolados.

Tragué saliva para contener las ganas de vomitar al darme cuenta de que la puerta solo estaba medio cerrada, así que la abrí con cuidado.

Las llaves habían desaparecido, pero había bolsas de plástico negras en el asiento del copiloto y en la caja de la camioneta, y ropa y basura esparcidas por el suelo.

Y allí, apenas visible debajo del asiento delantero, había una escopeta con las iniciales R.R. grabadas en la culata de madera.

Reagan Reed.

Mi padre había vuelto.

Me había fumado el último cigarrillo del paquete cuando Jason se detuvo frente a la casa de Jess. Había aparcado un poco más abajo, para que ella no me viera por la ventana y viniera a preguntarme qué hacía allí.

Jason ya me había visto cuando salió del Z y se acercó a mi ventana con curiosidad.

—¿Qué pasa? —preguntó cuando bajé la ventanilla—. Pensaba que te ibas a casa. ¿Has decidido volver a por una segunda ronda?

—Mi padre ha vuelto al pueblo. He visto su puta camioneta —gruñí, haciendo que se desvaneciera su sonrisa jovial.

No parecía tan sorprendido como debería.

Maldijo en voz baja, pasándose los dedos por el pelo con torpeza.

—¿Dónde lo has visto? —preguntó.

—El Chevy estaba aparcado junto a la Ruta 15 —respondí, buscando automáticamente mi paquete de cigarrillos, pero resoplé con disgusto al recordar que estaba vacío.

Arrugué el paquete y lo tiré al suelo—. No estaba allí, y las llaves tampoco.

Pero todas sus cosas estaban dentro. ¿Por qué me miras así?

—Se suponía que Vincent iba a decírtelo, pero pensó que quizá tú…

—¿Pensó que quizá yo qué? —espeté sin querer, y Jason se agarró a mi ventana abierta e inclinó la cabeza para mirarme.

—No quería estresarte, ¿vale? —soltó—. Vio a tu padre cuando Jess y él fueron a Satin…

—¿Mi padre vio a Vincent con Jess?

Abrí la puerta de un tirón y Jason dio un paso atrás.

Intentaba mantener la calma lo mejor que podía, pero, joder, ¿Vince lo sabía desde hacía días y no había dicho nada?

Jason intentó volver a empezar, pero yo lo corté hablando demasiado rápido mientras daba vueltas.

—¿Así que el hombre que amenazó con matarme, que juró que me mandaría al otro barrio por quitarle todo lo que tenía, vio a Vincent con Jess en público y Vince decidió no decirme ni una puta palabra?

—Bajé la voz, con la ansiedad apoderándose de mí hasta el punto de que me costaba respirar—.

¿Pensó que Reagan no lo reconocería? ¿Después de que Vince me acompañara a todos los preparativos del funeral, después de estar conmigo en el tribunal? ¡Sabe perfectamente quién es Vincent!

Mi padre había impugnado el testamento de mi madre antes incluso de que la enterraran.

No se había molestado en asistir al funeral ni en ayudar con los preparativos.

No, todo eso lo hice yo. Vincent había asistido a todas las incómodas reuniones, ya fuera con el director de la funeraria o con el abogado especializado en casos de sucesión.

Era la presencia tranquila y optimista que necesitaba en un momento tan confuso.

Mi padre no tenía los fondos necesarios para impugnar el testamento ante los tribunales. Acudió a una vista y luego volvió a desaparecer, pero no sin antes dejarme claro que, si no podía conseguir lo que quería por la vía legal, estaba dispuesto a probar otros métodos.

Es decir, meterme una bala en la cabeza.

—Manson. —Jason me agarró por los hombros con tanta fuerza que me hizo detenerme—.

Respira hondo, tío. No pasa nada. Tranquilo.

Vincent iba a contártelo, lo sé. Solo estaba buscando la forma de hacerlo.

Pero con el trabajo, Jess y todo lo demás…

se le debió olvidar. Sé que se sentirá fatal por que te hayas enterado así.

Al final, respiré hondo. Tenía que pensar con la cabeza.

—Jess no va a significar nada para él —dijo Jason con un tono muy tranquilo, razonable, calmado; al menos uno de nosotros lo estaba—. Para él, solo es una chica más. No va a molestarse con ella.

—Eso no lo sabemos —dije, mirando fijamente su casa, con la puerta principal sin cerrar, el sistema de seguridad estropeado…

—Voy a arreglarle la alarma —dijo Jason, como si estuviera leyéndome el pensamiento—. Tú deberías volver a casa. Tómate el día libre, relájate… —Lo miré y él puso los ojos en blanco—. Sí, sí, lo sé, tú no te relajas. Pero inténtalo. Busca en el alijo de Vincent. Seguro que tiene algo para calmarte.

Asentí con la cabeza y le agarré del brazo un momento en señal de agradecimiento.

No era mi intención enfadarme tanto, pero me costaba pensar con claridad cuando se trataba de mi padre.

No había sabido nada de él ni había visto ningún indicio suyo desde el funeral de mi madre, y prefería que siguiera siendo así.

Con suerte, solo era algo temporal. No le quedaba nada en Wickeston y, si le quedaba algo de sentido común en esa cabeza podrida suya, se marcharía de allí más pronto que tarde.

Cuando volví a pasar por allí, la camioneta ya no estaba, pero eso no me hizo sentir mejor.