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Manson
La petición de Jason llegó justo a tiempo, porque yo ya estaba a punto de perder el control. Me gustaba compartir. Me encantaba mirar. Pero escuchar sin ver, oír sin tocar, era una tortura. Quería ver su cara, tocar su piel suave. Quería que abriera la boca para mi semen y se lo tragara todo.
Jessica era nuestra hasta que pagara su deuda. Nuestra . Quería saborear cada segundo antes de que me lo quitaran todo otra vez.
Los tres prácticamente tropezamos unos con otros subiendo las escaleras. Vincent fue el primero en llegar y abrió la puerta de un empujón, gimiendo de placer al contemplar la escena. Lucas estaba justo detrás de mí y maldijo, apretándose contra mi espalda cuando me detuve en el umbral.
Jess estaba sentada a horcajadas sobre el regazo de Jason, en la cama, con la espalda apoyada contra su pecho, las piernas enganchadas alrededor de sus muslos y bien abiertas.
Él le había quitado las esposas, el tapón y el vibrador.
Ella tenía la cabeza apoyada contra su hombro y los ojos vidriosos.
Me miraba, moviendo los labios para pronunciar mi nombre en silencio.
Estaba montada sobre él y mis ojos se perdieron en el hipnótico ritmo con el que su miembro entraba y salía de ella.
Vincent se arrodilló entre sus piernas, agarrándole de los muslos mientras los separaba aún más.
Le lamió el clítoris y todo su cuerpo se retorció.
Jason se dejó caer hacia atrás, con el pecho agitado, mientras Vincent le agarraba los testículos y se los acariciaba, con la boca hundida justo en su punto de unión.
Ya estaba en mi límite, demasiado excitado como para alargar esto.
No llevaba pantalones, ya que Lucas había estado masturbándome y acariciándose la polla a sí mismo mientras escuchábamos abajo.
Me habría corrido en su mano si Jason no nos hubiera llamado.
Cuando me acerqué, bajándome los calzoncillos para que pudiera tocarme, Jess alargó un brazo tembloroso hacia mí.
Buscó a Lucas con la otra mano, masturbándonos a los dos a la vez.
—Dios… Joder… —gimió Jason, clavándole los dedos en las caderas mientras se corría, penetrándola con embestidas cortas y contundentes.
Ver cómo echaba la cabeza hacia atrás y oír a Jess gemir mientras la llenaba me llevó al clímax. Mi semen cayó sobre su mano, sobre su cara, sobre sus pechos. Lucas me siguió, agachándose para agarrarle el pelo con fuerza mientras se corría en su cara.
Pero aún quedaba Vincent. En cuanto Lucas terminó, empujó a Jess hacia atrás, echándolos a Jason y a ella sobre el colchón.
Ninguno de los dos parecía tener energía alguna: Jess yacía completamente exhausta y empapada en semen cuando Jason se deslizó fuera de ella, con los ojos entrecerrados y su semen goteando.
Vincent le levantó una pierna y la penetró.
Me quedé sin aliento al verlo. Vincent la agarraba del muslo con una mano mientras enredaba la otra en el pelo a Jason, sujetándolo allí mientras se la follaba encima de él.
Mis piernas ya no me sostenían y me desplomé con fuerza sobre la cama, recostándome contra la pared mientras observaba.
Lucas se arrastró hasta el colchón a mi lado y dejó caer la cabeza sobre mi pecho mientras recuperaba el aliento.
Jess estaba flácida como una muñeca, con la cara sonrojada y cubierta de nuestro semen.
Vincent la penetraba con fuerza, la campanilla de su collar tintineaba con cada embestida y sus suaves gemidos eran casi demasiado dulces como para soportarlos.
Dios, me encantaba verlos con ella. Cómo la complacían, la usaban y la cuidaban.
Había algo hermoso en confiar tanto en ellos como para poder compartir esto.
Nuestras vidas estaban entrelazadas para bien o para mal y, a pesar de todas las tonterías, no lo cambiaría por nada.
Vincent se corrió dentro, penetrándola hasta el fondo, con la falda arrugada del vestido enrollada alrededor de sus caderas y los ojos cerrados. Se inclinó y le dio un beso, y luego otro a Jason, que yacía en la cama medio muerto.
Lucas se incorporó y yo me incliné hacia delante observando a Jess empapada de nuestra esencia.
Vince se retiró reemplazando rápido el vacío introduciendo un dedo en su interior. Jess se retorció, sin fuerzas, apenas capaz de mantener los ojos abiertos.
—Joder, qué espectáculo —dije, introduciendo mi dedo junto al suyo, sintiendo el calor y la espesa humedad.
Jess temblaba cuando Jason la rodeó con los brazos, acariciándole la mejilla sucia con la nariz y lamiendo mi semen de su piel. Una sonrisa se dibujó en su rostro agotado.
—¿Te gusta su sabor en mí? —preguntó Jess en voz baja, y casi pierdo la cabeza.
Aparté a Vincent para poder enterrar mi boca en ella, y mi contacto hizo que todo su cuerpo cansado se estremeciera. Se puso a suplicar en cuanto mi lengua la rozó, retorciéndose con cada caricia.
—¡Ah, Manson! ¡Por favor, estoy muy sensible, por favor!
Aun así me tomé mi tiempo, explorando su interior, saboreando su sabor. Nuestro sabor. Pero estaba agotada. Había llegado a su límite y necesitaba descansar.
Me retiré, dándole besos en los muslos antes de apartarla de Jason y recostar su cabeza sobre las almohadas. Todavía llevaba el vestido puesto, aunque estaba roto. Jason se arrastró y se derrumbó a su lado.
—Te cuidaremos, princesa, tú solo relájate. Has estado muy bien. Estoy muy orgulloso de ti —murmuró con suavidad mientras le daba un beso en la mejilla.
Sonreí mientras alargaba la mano hacia el cajón de su mesilla de noche y sacaba la navaja.
Cuando acerqué la hoja a su piel, me observó con los ojos entrecerrados, sin siquiera pestañear.
No se movió mientras cortaba los últimos trozos de tela que aún la cubrían. Era un honor que confiara tanto en mí.
Casi me asusté al mirarla, su rostro sereno sonriéndome con una expresión cansada que solo podía describirse como borracha de placer. Me asustó por cómo me hizo sentir, por cómo se me encogió el pecho al instante.
Sabía que no debía encariñarme con cosas que no podía tener. Situaciones, objetos, personas… Tenía que mantenerme al margen. Pero la miré y supe que estaba jodido. La forma en que Jason la miraba, después de pasar toda la semana retraído y fingiendo desinterés, me dijo que él sentía lo mismo.
Ya estábamos metiéndonos demasiado en esto y, al menos yo, sabía que no podía parar.