26
Jess
La mañana me recibió con el sol calentándome las piernas desnudas y el cantar de los pájaros. Me quedé tumbada un rato y los observé revolotear entre los árboles junto a mi ventana, con los ojos entrecerrados por una agradable somnolencia, arropada por mis cálidas y acogedoras sábanas.
Tenía un vago recuerdo de que me habían llevado a la cama la noche anterior.
Lucas me subió en brazos por las escaleras y Manson me sujetó la nuca para que no me golpeara con la pared del estrecho pasillo.
No estaba segura de qué hora era. Intenté mantenerme despierta, pero en cuanto me acomodé en el regazo de Lucas, los ojos me pesaron tanto que ni toda la fuerza de voluntad del mundo habría podido mantenerlos abiertos.
Había tenido más parejas sexuales en mi vida de las que podía contar, pero nunca había estado con dos hombres a la vez.
De todas esas parejas, ninguna había acertado del todo cuando se acostaban conmigo.
Algunas se habían acercado, claro, pero mis aventuras esporádicas y mis rollos de una noche seguían dejándome con ganas de más. Necesitaba algo más intenso.
Pero Manson y Lucas jugaron con mi mente tanto como con mi cuerpo.
Me provocaron, creando tensión, tomándose su tiempo para preparar la escena, irrumpiendo en mi casa, hackeando el sistema de seguridad, escondiéndose en mi armario…
Y la forma en que Lucas le había suplicado a Manson permiso para follarme, mirándome como si quisiera destrozarme…
Dios, ¿por qué era tan sexy ? La forma en que Manson tenía el control hacía que someterme a él pareciera lo más natural del mundo, excepto por el hecho de que todos mis conocidos me juzgarían si se enteraran.
La gente normal no hacía eso.
Quizá la gente normal era aburrida.
Pero, mientras me sentaba en la cama, suspirando satisfecha ante el día soleado que se veía por la ventana, una sensación estropeó la satisfacción que me invadía.
Ya había sentido esa perfecta sensación de plenitud antes, después de aquella fiesta de Halloween hacía casi tres años.
Pero lo había tirado todo por la borda. Había decidido que no valía la pena correr el riesgo. ¿Ahora era diferente?
La única razón por la que había aceptado hacerlo era para arreglar el coche o, al menos, esa había sido la excusa más fácil.
Y eso era lo que necesitaba, una excusa, algo a lo que pudiera señalar y culpar.
Algo que pudiera mostrar a los que se oponían a esto y decir: «¿Veis? ¡No me pasa nada malo! Solo es por…».
Aparté el edredón y me levanté. No iba a arruinar un día perfecto con una crisis existencial por un buen polvo.
Me dirigía al baño cuando me di cuenta de que habían limpiado el espeluznante mensaje escrito con pintalabios del espejo y habían dejado una nota en su lugar.
«Te compraré un pintalabios nuevo».
La letra de Manson era clara y precisa, pero esta nota estaba escrita con una letra mucho más pequeña y desordenada. Tenía que ser Lucas.
Doblé la nota y la dejé junto al pintalabios antes mencionado.
Anoche había visto un lado de Lucas que no sabía que existía, un lado que salió a la luz después de que la maldad se disipara.
Parecía tan fuera de lugar, nervioso e inseguro, como si estar en una casa normal de las afueras del pueblo fuera demasiado para él.
Tal vez lo fuera. Nadie sabía mucho sobre la vida familiar de Lucas, salvo algunos datos sueltos.
Se había mudado a Wickeston con su padre, un hombre corpulento con el mismo ceño fruncido permanente que su hijo, después de que sus padres se separaran.
Vivían en el parque de caravanas del lado oeste del pueblo, aislados del resto, hasta que tuvieron una explosiva pelea pública en un restaurante local.
No creía que Lucas viviera con su padre después de aquello, pero no estaba segura. Solo podía imaginar que, si llegabas al punto de pelearte con tu propio padre, probablemente era porque las cosas no iban bien en casa.
Me metí en la ducha y me tomé mi tiempo para lavarme el pelo, exfoliarme y depilarme.
Cuando salí y limpié el vapor del espejo, no pude evitar fijarme en las marcas que me habían dejado por todo el cuerpo.
Pasé los dedos por mi cuello y presioné la piel aquí y allá para sentir el sutil dolor de los moratones que me habían hecho.
Me gustaba el aspecto que tenían, lo sucios y bonitos que eran al mismo tiempo.
Cuando salí del baño, solo me quedaban diez minutos antes de tener que conectarme a una videollamada para el trabajo. Me vestí con rapidez y me senté frente al ordenador justo a tiempo, solo para darme cuenta de que, con las prisas, no había hecho nada para cubrir los chupetones del cuello.
Pasé toda la reunión con los hombros encogidos como una tortuga, esperando que las marcas no se notaran. Si alguien se dio cuenta, al menos no dijo nada. Menos mal que ya era casi viernes. Con suerte, desaparecerían durante el fin de semana.
Cuando por fin cerré el portátil, me esperaba un mensaje.
LUCAS
Envíanos una foto. Quiero ver el resultado de nuestro trabajo.
Me desnudé para hacerles una buena foto. No me avergonzaba que me encantara provocar. ¿Quién no querría sentirse deseado, hacer uso de su propio poder de seducción? Envié la foto que hice al chat grupal y no me decepcionó su respuesta.
MANSON
Joder, qué sexy estás cubierta de moratones.
VINCENT
Maldita sea, espera, se me ha abierto la boca hasta el suelo. Joder, sabía que debería haber faltado al trabajo e irme con vosotros, cabrones.
A continuación, llegó el mensaje de Jason.
JASON
Dios, Jess, ¿cómo se supone que voy a trabajar empalmado?
Espero que sepáis que voy a cambiar las cerraduras y el sistema de seguridad.
Tenía que hacer algo al respecto, a menos que quisiera fingir ignorancia ante mis padres sobre por qué el sistema había dejado de funcionar.
Así que buena suerte si queréis volver a atraparme. Soy más rápida corriendo en campo abierto.
MANSON
¿Sí? Tendremos que comprobarlo.
Lucas fue mucho menos sutil.
LUCAS
Una puta cerradura no me detendrá, juguetito. Te tendré cuando quiera.
JASON
Quizá deberíamos dejarla correr. Creo que sería divertido cazarla. Podríamos usar nuestras armas de paintball y hacernos con un juguete sexual.
Gracias a Dios que no podían verme la cara. Estaba roja como un tomate al imaginarme siendo cazada como un animal, disparada y destrozada. ¿Qué demonios me pasaba? Esto era de pervertida a más no poder.
En el chat grupal no dejaron de burlarse, pero cuando llegó otro mensaje de Lucas, no fue al grupo.
LUCAS
Tengo una tarea para ti. ¿Qué horario de trabajo tienes durante la semana?
Me recosté en la cama, con los pies en alto, mientras respondía.
¿Una tarea? Qué emocionante. Será mejor que me des instrucciones claras para no meter la pata.
No podía resistirme a provocarlos, era demasiado divertido ver cómo se enfadaban. Le di mi horario; solo trabajaba hasta el mediodía, excepto los lunes, que tenía jornada completa.
LUCAS
Si la cagas, tu culo sufrirá las consecuencias. Aunque te enviaré un acompañante para asegurarme de que no lo hagas. Lo de anoche no habría sido posible si Jason no hubiera desactivado el sistema de seguridad. Le debemos una y, obviamente, tú también.
Así que fue Jason quien burló el sistema de seguridad. No me sorprendió; siempre había sido absurdamente inteligente.
LUCAS
Vincent te recogerá el martes después del trabajo. Más te vale portarte bien, a menos que quieras que lleve una paleta.
Nos podemos saltar lo de la paleta, gracias.
Aunque la idea me provocó de nuevo esa sensación de cosquilleo en el estómago.
Me portaré muy bien, así que dile que traiga una buena recompensa.
LUCAS
Oh, seguro que sí. No te preocupes por eso, juguetito.
Pasé los días siguientes intentando volver a la rutina.
Me levantaba temprano y cogía el coche de mi madre para ir al gimnasio; por suerte, a ella no le importaba que lo tomara prestado mientras mi padre y ella estaban fuera.
Calentaba un poco en la cinta antes de pasar a las pesas y, cuando terminaba, estaba empapada en sudor.
El dolor muscular me sentaba bien. Había algo en ese dolor que hacía que me sintiera viva.
Por desgracia, el domingo por la mañana, una cara conocida se me acercó en medio de una serie mientras hacía ejercicio.
—Oh… Hola, Alex.
Me quité los auriculares cuando llegó a mi lado y lo miré con recelo.
¿Qué demonios quería? No lo había visto antes en este gimnasio, pero quizá solía venir a otra hora. Iba sin camiseta, mostrando unos músculos perfectamente esculpidos, dignos de un dios griego. Pero esos músculos no me decían nada cuando estaban unidos a su cara traicionera.
—Te echamos de menos en Billy’s la otra noche —comentó, casi con demasiada indiferencia—. Quería saber cómo estabas. Asegurarme de que estamos bien.
—¿Bien? —Lo miré sorprendida y luego bajé la voz para decir—: Entrasteis en un garaje privado y me dejasteis allí tirada, joder. ¿Por qué demonios íbamos a estar bien, Alex?
—Las cosas se nos fueron un poco de las manos, lo admito. Pensé que ibas detrás de esos perdedores, Jess. El mismo tipo que me partió la cabeza… —La mirada que me dirigió no me dejó ninguna duda de que se trataba de una advertencia—. Solo digo que no me gustaría verte con malas compañías.
Esbocé una sonrisa tensa.
—Gracias por tu preocupación. Ahora, si no te importa…
Me volví a poner los auriculares, echándolo sin decir nada.
Me dedicó una sonrisa forzada antes de marcharse y sentí su mirada sobre mí hasta que salí por la puerta treinta minutos más tarde.
No tenía ni idea de si mi relación con mis antiguos amigos era reparable, y, sinceramente, no quería que lo fuera. Quizá era mejor estar sola.
Estaba muy nerviosa cuando llegó el martes y me distraje en el trabajo, sabiendo que Vincent aparecería pronto. Todavía no tenía ni idea de cuál era esa «tarea», pero estaba segura de que Vince se traía algo inesperado entre manos.