La deuda (Losers 1) 21 #2
40%

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Da lo mismo. Considérate con suerte de que esté dispuesto a darte permiso para tener un orgasmo.

Vincent contestó por primera vez, pero solo con un emoji de risa y un efecto de confeti. Ese maldito payaso.

Mis dedos volaron sobre las teclas.

¿Qué tengo que hacer?

Mis dedos tamborileaban sobre el colchón mientras esperaba una respuesta. No dejaba de mirar hacia la ventana. A pesar de estar en un segundo piso, tenía el miedo irracional de que, al mirar en esa dirección, vería a Lucas fuera, mirándome desde la oscuridad.

LUCAS

Arrodíllate en la cama, frente a la ventana, y dame un espectáculo.

Me quedé mirando el mensaje durante un buen rato, mordiéndome el labio inferior. Podía negarme e irme a dormir, pero ya tenía calor y me sentía incómoda. No podría conciliar el sueño a menos que encontrara alguna forma de liberar esa tensión.

Era medianoche y el resto de casas de nuestra calle estaban a oscuras. Pero ¿y si alguien me veía?

LUCAS

Sí o no. Antes de que me aburra.

Con el corazón latiéndome con fuerza, me arrastré por la cama hasta arrodillarme justo delante de la ventana.

En algún lugar ahí fuera, Lucas me estaba observando.

Ese calor ardiente que sentía en el vientre se intensificó.

Me bajé la cinturilla de los pantalones del pijama hasta que se me quedaron a la altura de las rodillas y me relamí los labios con nerviosismo mientras miraba hacia la oscuridad.

Pero, a menos que acercara la cara al cristal, lo único que veía era mi cara reflejada.

LUCAS

Buena chica. Dame algo sexy que enseñar a los chicos cuando llegue a casa. Voy a grabarlo.

Cogí el vibrador, lo encendí y respiré hondo. Empecé despacio, tocándome un poco el abdomen y acariciándome el pubis.

Todos iban a verme hacer esto. Lucas se iría a casa y les enseñaría el vídeo…

¿Se masturbarían con esto? ¿Se acariciarían al verme, derramarían su semen cuando yo ni siquiera estaba allí para saborearlo? La idea me dejó sin aliento.

Había dejado mi móvil a un lado, pero aún podía ver la pantalla.

LUCAS

Más vale que lo tengas en el nivel más alto.

Hice una pausa y moví el botón de mi juguete en la otra dirección.

Las vibraciones se intensificaron, retumbando a través de mi mano.

Rara vez utilizaba esta configuración; me llevaba de cero a cien tan rápido que casi resultaba doloroso.

Lo moví entre mis piernas, adaptándome a la potencia antes de pasármelo con un roce por el clítoris.

LUCAS

No te andes con rodeos. Quiero verte temblar.

Al menos él no podía oírme gemir mientras presionaba el vibrador contra mi clítoris.

—Oh, mierda —susurré, exhalando con fuerza mientras volvía a mover el vibrador.

Esta no era la velocidad que me llevaría lentamente al orgasmo. Me lo arrancaría y me golpearía con él.

LUCAS

Si sigues apartando ese vibrador, voy a subir, atarte a la cama y hacer que te quedes ahí tumbada con él entre las piernas toda la noche. Querías romper las putas reglas, pues esto es lo que pasa.

Gemí, con la mano temblorosa mientras volvía a colocar el vibrador en su sitio. Luché por mantenerme erguida frente a la ventana. Las piernas empezaron a dolerme enseguida. Mi clítoris quería huir de las violentas vibraciones, pero mi cuerpo seguía respondiendo. La tensión aumentaba con brutalidad.

LUCAS

¿Qué tal, juguetito?

¿Es demasiado para ti?

Asentí sin pensar, balanceando las caderas contra las vibraciones. Había algo deliciosamente degradante en que me llamaran juguete y nada más.

Cada centímetro de mi cuerpo estaba en tensión, elevándose tan rápido hacia el orgasmo que no podía relajar ni un solo músculo. Contuve la respiración en un esfuerzo por no hacer ruido, pero incluso ese frágil autocontrol estaba a punto de romperse.

LUCAS

No pares. Córrete para mí. Mantén el vibrador ahí hasta que te dé permiso para parar.

—Joder… —se me quebró la voz.

Apreté los dedos de los pies. Me doblé por la mitad mientras me corría, tapándome la boca con la mano libre para ahogar el gemido que acompañó al orgasmo.

Dios mío, era demasiado. Dolía, me hacía sentir muy bien, pero dolía.

LUCAS

Siéntate. No te atrevas a esconderme la cara.

Apenas lo conseguí.

—Por favor —susurré, una y otra vez, mientras sacudía la cabeza, como si él pudiera oírme, como si a Lucas le importara una mierda la piedad.

LUCAS

Parece que va a llorar, chicos. ¿Debería dejar que pare?

Llegó otro mensaje de un emoji de confeti de Vincent. Me habría enfadado si no hubiera sentido que mi clítoris estaba a punto de romperse.

MANSON

Que llore.

Joder, Manson.

JASON

Haz que aguante un minuto más. Sesenta segundos.

La idea de Jason al menos ponía fin a la situación.

Apoyé la mano contra la ventana, incapaz de soportar el reflejo de mi propio rostro.

Tenía el pelo revuelto, las mejillas rojas y la boca abierta, jadeando con fuerza.

Dios, tenía el clítoris tan sensible que hasta una pluma habría hecho que me estremeciera.

¿Pero esto? Esto era una tortura. No estaba llegando a otro orgasmo, sino que seguía atrapada en el final del anterior.

Atrapada, suspendida en el limbo del placer.

LUCAS

Sesenta segundos. Para.

Casi sollocé de alivio. Apagué el vibrador y lo tiré al suelo, desplomándome sobre la cama mientras intentaba recuperar el aliento.

Me temblaban las piernas y tenía el clítoris como si me hubieran puesto electrodos. Ni siquiera me habían tocado y ya me habían reducido a esto.

Mi móvil no dejaba de vibrar mientras yo miraba la pantalla con los ojos nublados.

LUCAS

Creo que la he matado, chicos.

MANSON

Descansa en paz, ángel.

Vincent cambió de estilo esta vez y envió algunos fuegos artificiales.

Estaba demasiado cansada como para salir de la cama e irme a la ducha. Estaba demasiado cansada incluso para enviar una respuesta sarcástica. Me metí bajo las sábanas y mi cuerpo agotado se durmió en cuestión de minutos.