18 #2
Era un golpe bajo, pero Jess siempre había sido así desde que la conocí y, obviamente, no había cambiado. Aunque yo estaba buscando pelea, lo admito. Ver su cara justo al lado de mi Z destrozado no me hacía sentir precisamente bien.
—Vale, vale, portémonos bien —intervino Manson, interponiéndose entre nosotros.
Levanté las manos con inocencia y di un paso atrás, dejándole hacer su trabajo. Era su taller, así que, si quería a Jess como clienta, podía quedársela si le daba la puta gana.
Pero tenerla como clienta significaba que todos tendríamos que lidiar con ella.
De ahí la brillante idea de pago que le había propuesto a Manson antes.
Si Jess iba a venir aquí como nuestra clienta, teníamos que hacer que valiera la pena.
Y si no tenía dinero en efectivo, entonces queríamos otra cosa.
Por fin, Lucas se unió a nosotros, entrando en el garaje con aire amenazador, como si quisiera matar a alguien.
Llevaba una camiseta de manga corta con botones y sus mejores vaqueros, los que no tenían agujeros enormes ni manchas de grasa por todas partes.
¿Cuándo demonios fue la última vez que se puso algo con botones ?
Olfateé el aire cuando se detuvo cerca de mí, con los brazos cruzados sobre el pecho.
—Llevas colonia —observé.
Su expresión no cambió.
—Quizá deberías considerar hacer lo mismo. Puedo olerte desde aquí.
Lo fulminé con la mirada, pero aun así me olisqueé rápidamente cuando se alejó. Lucas se acercó a Jess, dejándola entre Manson y él delante del coche.
—Podéis arreglarme esto, ¿verdad, chicos? —preguntó, con tono ansioso, mirándolos a ambos.
Puse los ojos en blanco y me senté en un taburete para ver el espectáculo. Ya sabía lo que le iban a decir y sabía que no le iba a gustar.
—Vas a necesitar un motor nuevo —señaló Lucas, con una mueca de disgusto al mirar dentro del depósito del aceite—. Y habrá que añadir los costes de mano de obra. —Se sacó un paño del bolsillo y lo agitó repetidamente en el aire mientras la miraba fijamente—. Hay mucho trabajo que hacer.
Ella suspiró con fuerza.
—Vale. Genial. ¿Cuánto va a costarme?
El ordenador portátil que guardábamos en el garaje estaba un poco estropeado desde la noche del robo, pero al menos aún funcionaba.
Manson abrió la hoja de cálculo que yo había creado para simplificar los precios del taller, introduciendo cifras y horas de trabajo estimadas.
Me di cuenta de que había introducido muchas más horas de trabajo de las que probablemente serían necesarias, pero no dije nada.
Imprimió el presupuesto, agarré el papel y se lo presenté a Jess con una floritura.
Tomó aire con fuerza.
—¿Me estáis vacilando? No puede ser. Ni de coña. —Sus ojos recorrieron rápidamente el papel, abriéndose más con cada línea—. ¿Por qué es tan cara la mano de obra?
—Es un extra —dijo Manson—. Por tener que aguantarte.
Sonreí ante la expresión de horror en su rostro. Esto era aún más divertido de lo que había imaginado.
Balbuceó y sus ojos parecían estar a punto de salirse de las órbitas.
—No es justo —se quejó—. Esto tiene que violar alguna ley o algo así. ¡No se me puede cobrar más por ser yo!
Lucas volvió a tirar del paño para emitir un chasquido.
—¿De verdad quieres empezar una discusión sobre infringir la ley? Porque podemos tener esa conversación, pero no creo que te vaya a gustar.
Jess cerró los ojos un momento y respiró hondo varias veces. Cuando volvió a abrirlos, era obvio que se estaba obligando a mantener la calma.
—Mirad, no me lo puedo permitir.
—Pues vete a otro taller —dijo Manson sin más—. En el centro está Autosphere. Trabajan barato y las piezas son económicas. Normalmente tienen una cola de varias semanas de espera, pero es mejor que tratar con nosotros, ¿no?
—O pídele ayuda a mamá y papá —sugerí—. Seguro que te dan el dinero.
Recuerdo claramente cuando apareció en el último año con ese coche, todavía reluciente y nuevo, un regalo de cumpleaños de sus padres.
Mis padres también me habían comprado un coche.
Pero cuando descubrieron que lo utilizaba para «sodomizar a desconocidos» en el asiento de atrás, lo vendieron junto con casi todos los demás regalos que me habían comprado.
Sin embargo, eso no tuvo el efecto que esperaban. Para sodomizar no hacía falta un coche.
Me miró con odio.
—No soy una niña, Jason. Mis padres no me pagan todo.
—Oh, bueno, perdóname —dije y me recosté sacando el móvil, como si todo aquello ya no me interesara—. Nunca has tenido problemas para pagarte tus mierdas, Jess. Seguro que se te ocurrirá algo.
Había descubierto cómo pagarme hacía años, cuando por fin empecé a exigirle una compensación por copiar en mis exámenes y obligarme a escribir sus trabajos. Todavía tenía las fotos que me había enviado en el portátil, guardadas en una carpeta encriptada.
Era vergonzoso la cantidad de veces que me había masturbado con ellas.
—¿Cuánto tardaréis en arreglarlo? —preguntó.
En realidad, parecía que estaba intentando ser razonable.
Lucas se encogió de hombros.
—¿Cuánto tardarás en pagarnos?
—No tengo… —Había vuelto a alzar la voz, pero se detuvo, hizo una pausa y bajó el tono—. Ahora mismo no tengo dinero para pagaros.
—También aceptamos métodos de pago alternativos —dijo Manson, y una sonrisa se dibujó en mi rostro.
—¿Pagos alternativos? —preguntó, frunciendo el ceño, confundida—. ¿El qué, bitcoin ?
—Si no quieres pagar en efectivo, quizá tengas algo más de valor —sugerí.
Jess parecía estar muy perdida.
—¿Estáis intentando que venda mis órganos o algo así?
Lucas, que estaba en la ducha cuando le conté mi idea a Manson, también parecía perdido, solo que él parecía significativamente más homicida al respecto.
—Un segundo, señorita Martin —dijo con brusquedad—. Tenemos que reunirnos un momento con nuestro contable.
Nos reunimos en el otro extremo del garaje y me expliqué.
Lo discutimos en voz baja, Manson y yo nos aliamos para poner a Lucas de nuestro lado.
Esperaba que se resistiera más, pero en cuanto se lo expliqué y, tras un largo minuto en el que no paró de refunfuñar diciendo que «más vale que merezca la pena», aceptó bastante rápido.
Nos giramos a la vez para volver a mirar a Jess, pillándola desprevenida.
—Entonces, ¿quién va a comprar mi riñón? —preguntó con una sonrisa muy nerviosa en la cara.
No tenía ni idea de lo cerca que estaba de la verdad. Pero no eran órganos aleatorios lo que nos interesaba.
Era el paquete completo.