La deuda (Losers 1) 15 #3
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Manson se bajó los calzoncillos y su polla quedó libre, rebotando delante de mi cara. Joder, incluso en una de las peores situaciones de mi vida, estaba para comérselo… Tenía la punta hinchada y las venas azules que la recorrían resaltaban sobre la piel pálida.

Se inclinó hacia mí y, por un instante, su voz se suavizó.

—¿Aún quieres las consecuencias, Jess?

Sentí cómo se me formaba un nudo en el vientre, pero asentí con determinación.

—Sí.

—Abre la boca para él —ordenó Lucas con rudeza.

Levanté la vista y mis ojos se encontraron con los de Manson cuando se enderezó, pero no fui lo suficientemente rápida para obedecer.

Lucas me agarró de la cara y me apretó la mandíbula, obligándome a abrir la boca.

Al mismo tiempo, Vincent me dio otro azote y el grito que se me escapó fue sorprendentemente fuerte y resonó en todo el garaje.

—Eso es lo que quería escuchar —dijo Manson—. Quiero oírte gritar así con mi polla en la garganta.

Estaba segura de que lo haría. Él reclamaría cada grito, cada llanto, cada lágrima que pudiera.

—Más te vale darle lo que quiere, nena, ¿me oyes? —dijo Lucas—. Quiero ver lágrimas.

Asentí con la cabeza, aunque me costó estando tan inmovilizada.

Manson se metió en mi boca mientras Lucas me mantenía quieta, deslizando su miembro sobre mi lengua.

Empujó contra el fondo de mi garganta, haciendo presión hasta que me resultó difícil no vomitar.

Una felicidad contenida se reflejó en su rostro cuando probé a acariciarle con la lengua.

—Si necesitas parar, da tres golpes en la puerta —dijo—. ¿Entendido?

Ninguno de ellos se movió hasta que asentí. Entonces Manson empujó con fuerza dentro de mi boca, follándome la garganta con una crueldad que enseguida se volvió abrumadora. Vincent me dio otro fuerte azote y la polla de Manson amortiguó mi grito, ahogándome con cada embestida.

—Esto es lo que les pasa a las chicas malas —dijo, aumentado el ritmo mientras yo intentaba mover la lengua al compás de sus embestidas.

Si conseguía darle placer, entonces tal vez…

Tal vez aún recibiría el castigo que merecía.

—Ahógate con él —dijo Lucas, y un ligero tirón del cinturón se aseguró de que así fuera.

Las lágrimas me brotaron de los ojos y resbalaron por mis mejillas. Cualquier atisbo de compostura quedó completamente anulado.

Manson jadeó, curvando los labios por el placer mientras mi garganta se estrechaba a su alrededor. Vincent y Lucas intercambiaron posiciones, el primero agarró el cinturón que tenía alrededor del cuello, se agachó, atrapó una lágrima que rodaba por mi mejilla y la lamió de la yema de su dedo.

—Pobre Jess —se lamentó—. Esto hace que se te moje el coño, ¿verdad?

Manson se hundió hasta el fondo de mi garganta, con la respiración entrecortada. Dios, qué bien sabía. Sudor y piel, con un embriagador aroma natural a almizcle cuando mi nariz se hundía en el oscuro vello que rodeaba la base de su pene.

Las grandes manos callosas de Lucas me agarraron del culo, apretándomelo con fuerza.

—Joder, se pone muy rojo, ¿verdad? —comentó Jason detrás de mí.

—Y está chorreando, la hostia —añadió Lucas, antes de separarme las piernas de una patada, haciéndome perder el equilibrio mientras me ponía de puntillas para mantenerme en el suelo.

Noté cómo me apartaba las bragas cuando el aire fresco me acarició la piel.

—Mete la cara ahí, J —dijo Lucas—. Veamos cómo se retuerce.

Mi grito de sorpresa resonó alrededor del pene de Manson cuando una lengua se deslizó sobre mí, girando sobre mi clítoris y sumergiéndose en mi coño.

Lucas me dio un azote, la palma de su mano cayó con un golpe sorprendentemente fuerte.

Me ardía el culo y mi resistencia se resquebrajaba con cada nuevo azote.

Pero la lengua de Jason se centró en mi clítoris, lamiendo hasta que los músculos de mis piernas se empezaron a contraer y gemí.

La polla de Manson se sacudió en mi boca soltando líquido preseminal salado y ligeramente amargo sobre mi lengua.

—¿Te gusta el sabor de esa polla? —preguntó Vincent, con sus ojos verdes brillantes y la voz baja—. Jason está de rodillas entre tus piernas con la cara hundida en tu coño. Es una pena que no puedas correrte.

—Oh, Dios, no. —Las palabras intentaron salir, pero sonaron entrecortadas alrededor de la gruesa polla de Manson.

—Joder… —maldijo Manson, apretando los dientes.

Me penetró más fuerte, más rápido. Sabía que iba a correrse cuando lo lamí, ansiosa por demostrarle que lo sentía.

Pero él me agarró del pelo y se apartó de mi boca.

Me quedé jadeando y luego gritando con desesperación mientras Lucas me azotaba y los labios de Jason se cerraban sobre mi clítoris, succionando hasta que vi las estrellas.

La polla de Manson estaba justo delante de mi cara, pero no podía alcanzarla, el líquido preseminal goteaba lentamente de su raja mientras se masturbaba.

—Lucas —soltó el nombre con los dientes apretados.

Lucas me dejó con un último azote ardiente y se arrodilló ante Manson, justo delante de mí. Agarró la polla de Manson, con un hambre desenfrenada en el rostro mientras miraba al hombre que estaba de pie sobre él y se pasaba la lengua por los labios.

Lucas abrió la boca y se metió la polla hasta el fondo de la garganta. Manson exhaló con fuerza, levantó los brazos y se los colocó detrás de la cabeza.

Vincent tiró del cinturón que rodeaba mi cuello.