La deuda (Losers 1) 5 #2
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—Sí, nos desea. —La forma en que su culo se estrechaba alrededor de mis dedos me volvía loco; quería enterrarme en él, escucharle gritar mi nombre mientras llegaba al límite—.

Ella desea esto, Jason. Te desea a ti. Nos desea.

Después de cómo ha actuado hoy, ¿de verdad crees que esa chica no ha estado obsesionada con esa noche desde que ocurrió?

—Curvé los dedos dentro de él, haciendo presión contra el pequeño y firme bulto de su próstata—.

¿Recuerdas lo sexy que estaba de rodillas ante nosotros?

¿Lo bien que te sentiste con tu polla en su boca?

Sus dedos se cerraron en puños y unos sonidos desesperados marcaron sus jadeos. Volvió a moverse contra la almohada, incapaz de masturbarse con las manos atadas. Seguí metiéndole los dedos, tocándole ese bulto del tamaño de una nuez.

—Os ataría a los dos —dije, con la voz cada vez más ronca a medida que me iba excitando—.

Os pondría uno al lado del otro, inclinados hacia delante, y os obligaría a miraros a la cara mientras os hago llegar al límite.

—Le di otro azote en el culo, riéndome de sus forcejeos—.

Deja de moverte tanto. No vas a ir a ninguna parte.

Añadí más lubricante y un tercer dedo. Él apretó la boca contra las sábanas y gritó, y el sonido me provocó un estremecimiento de placer por todo el cuerpo. Me incliné sobre su espalda, metiéndole los dedos mientras le agarraba del pelo con la otra mano.

—Dime en qué has estado pensando todo el día —le pedí con voz tensa, cada vez me costaba más esperar y tenía la polla dura contra los vaqueros—. Dímelo, por muy vergonzoso que sea, por muy incómodo que te haga sentir. No te levantarás hasta que lo hagas.

—Joder, por favor… —Arqueó la espalda, haciendo presión contra mis dedos—. Nos estaba provocando en el lavadero de coches, señor. Quería…

Jason nunca ha sido muy hablador en la cama, se encogía de vergüenza cada vez que le hacía hablar de lo que pensaba.

—Sigue —susurré—. ¿Qué querías?

—Dios, quería bajarle esos pantalones cortos ajustados y follármela allí mismo, sobre el capó. Que toda la maldita iglesia nos viera.

Ahí estaba. Eso era lo que quería oír. Le metí los dedos hasta que gimió, exigiendo un poco más.

—Mm, eso es. Follarte ese bonito coño hasta que se corriera en tu polla.

—Joder, sí —jadeó—. La inclinaría y la obligaría a chupártela mientras me la follo. Me la follaría hasta que le temblaran las piernas…

Gritó cuando le saqué los dedos. No podía esperar más. Me unté lubricante en la polla antes de presionar contra su entrada, su agujero fruncido aún se resistía. Fui despacio al introducir los primeros centímetros.

—Hazme daño —pidió, con la voz llena de deseo mientras arqueaba la espalda.

Estaba encantado de complacerlo. Lo penetré hasta el fondo y volvió a gritar, apretando los dedos de los pies y luchando contra las ataduras que lo mantenían inmovilizado.

—¿Sí? ¿Te la follarías hasta que le temblaran las piernas? —Le tiré del pelo, agarrándoselo con fuerza mientras se estrechaba a mi alrededor—. Sabes que le gusta duro.

—Estaba mojadísima cuando se puso de rodillas delante de nosotros, joder —maldijo, y sus palabras me trajeron recuerdos con total claridad.

Solté el pelo de Jason, lo agarré por las caderas y se las levanté para tener un ángulo mejor. Lo rodeé con los brazos y lo masturbé, follándomelo a la vez. Estaba demasiado excitado. No iba a aguantar mucho cuando él me hacía sentir tan bien.

—Quiero follármela mientras tú me follas —dijo con la voz entrecortada, apretando los muslos, cada caricia de mi mano le hacía estremecerse—.

Dios, quiero sentir cómo se corre en mi polla.

Quiero verla sonreír como lo hizo después de chupar su propio flujo de tus dedos, señor.

—Respiró hondo—. Joder, vas a hacer que me corra.

La imagen de Jess chupándome los dedos me llevó a un punto de no retorno.

Aumenté el ritmo y Jason gritó mi nombre entre sollozos, con su polla moviéndose en mi mano mientras los chorros de semen salpicaban las sábanas.

El éxtasis que me invadió fue como un desmayo.

No quedó nada más que nuestros cuerpos palpitando al unísono hasta que me quedé sin fuerzas y me derrumbé a su lado con la polla todavía dentro de él.

Le quité la venda de los ojos y le acaricié el cuello con el rostro.

Quizá tenía razón. Quizá Jessica no estaba destinada a ser nuestra y este deseo, este anhelo, no significaba absolutamente nada. Pero no podía olvidarlo. Odiaba la idea de sentir tanto, de estar tan desesperado por tenerla y que, sin embargo, eso no llevara a nada.

—Te quiero —dijo, con la voz ronca por el cansancio y una sonrisa ebria en el rostro mientras flotaba en el éxtasis del después.

—Yo también te quiero —respondí.

Lo acerqué más a mí y lo abracé con fuerza contra mi pecho durante unos instantes para recuperar el aliento antes de empezar a desatarlo.

No me gustaba que me dijeran que algo era imposible. Nada era imposible.

Todo nuestro universo era un caos apenas organizado, el eco eterno de una explosión en el principio de los tiempos.

Sin embargo, Jessica seguía volviendo a nuestras vidas.

De alguna manera, de entre todos los caminos del destino por los que podía sentirse atraída, este era el lugar al que había vuelto una vez más. Se había alejado, pero había vuelto.

Así que tal vez Jason tenía razón. Tal vez ver a Jess hoy no significaba nada de nada. O tal vez significaba que el universo no había terminado de jugar a sus sucios jueguecitos.

No iba a ser la última vez que la viéramos. Eso lo sabía con certeza.