La Deuda del Lobo Capítulo 10 El Nuevo Pacto
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Capítulo 10 El Nuevo Pacto

La mañana después de la batalla fue extrañamente silenciosa.

La mansión Vancetti había sido reparada, los cristales rotos reemplazados, y los criados limpiaban las manchas de sangre como si nunca hubieran existido.

En el mundo de Dante, la violencia se barría bajo la alfombra, pero el impacto permanecía en el aire.

Dante y yo bajamos a desayunar juntos. Él me miraba con una suavidad que aún me desconcertaba. Las semanas anteriores habían sido una montaña rusa de miedo, deseo y violencia, pero ahora, sentada frente a él, todo parecía haberse asentado en una paz oscura.

—Moretti no va a volver a molestarte —dijo Dante, cortando su comida sin mirarme. Su voz era firme, final—. He dejado claro a las otras familias que tú eres mía. Que tocar tu pelo es una sentencia de muerte.

—Lo sé —respondí, tomando un sorbo de café—. Y también sé que tú no vas a dejarme ir.Dante levantó la vista, sus ojos oscuros clavados en los míos.—No. No voy a dejarte ir. Nunca.

Se levantó del sillón y caminó hacia mí. Se agachó, tomando mi mano y besando mis nudillos. El gesto era sorprendentemente tierno para un hombre que gobernaba el crimen con mano de hierro.

—El contrato —dijo, su voz bajando a un murmullo ronco—. El contrato que firmaste en la oficina de tu padre. El que te obligaba a obedecerme, a quedarte encerrada, a ser mi sombra.

—Lo recuerdo —dije, mi corazón latiendo más rápido. ¿Estaba a punto de dejarme ir? ¿De terminar el matrimonio?

Dante sacó un papel de su bolsillo. Era el contrato original, el que había firmado con tinta negra. Lo rompió en dos con una calma absoluta, dejándolo caer sobre la mesa.

—Ese contrato ya no existe —dijo, mirándome a los ojos —. Ya no eres mi esposa por obligación. Ya no eres mi sombra.Me quedé paralizada.

—Entonces, ¿qué soy? —pregunté.Él se acercó a mi rostro, rozando mi mejilla con su pulgar.

—Eres mi igual, Catalina —dijo, su voz ronca y cargada de una emoción que nunca había escuchado antes—. Eres la mujer que se quedó a mi lado cuando el mundo intentó apartarnos. Eres la mujer que me enseñó que no tenía que estar solo en la oscuridad.

Me levanté de la silla y lo miré. La vulnerabilidad en sus ojos era la cosa más aterradora y hermosa que había visto nunca.

—¿Me estás ofreciendo salir de aquí? —pregunté.

—No —respondió, negando con la cabeza—. Te estoy ofreciendo quedarte. Pero no porque yo te obligue. Te estoy ofreciendo quedarte porque tú lo quieres. Te estoy ofreciendo mi mundo, mis secretos, mi sindicato. Te estoy ofreciendo ser la jefa de esta casa, no la prisionera.

El "Nuevo Pacto" no era un papel firmado bajo coacción. Era una elección. Él me estaba entregando el control, algo que un hombre como Dante Vancetti nunca haría por nadie más.

—Me quedo —dije, sonriendo, mis ojos llenándose de lágrimas de alivio—. Me quedo porque quiero quemar el mundo contigo.

Dante me envolvió en sus brazos, apretándome contra su pecho. Me sentí segura. Me sentí amada. Me sentí parte de su oscuridad.

—Bien —susurró contra mi pelo—. Porque te amo, Catalina. Y voy a protegerte hasta el último día de mi vida.

Salimos al jardín. El sol brillaba sobre los árboles altos, y por primera vez, no vi la mansión como una prisión. La vi como mi hogar.

El contrato de papel se había roto, pero el contrato de sangre y amor que habíamos firmado esa noche permanecería intacto para siempre. Éramos los lobos más peligrosos de Chicago, y juntos, éramos invencibles.