Epílogo
El jardín de la mansión Vancetti estaba en plena floración.
Han pasado tres meses desde la batalla final contra Lorenzo Moretti. Tres meses desde que Dante me entregó su mundo, no como un prisionero, sino como un igual.
El sindicato había crecido. Dante había tomado el sur de la ciudad, expandiendo su imperio más allá de lo que cualquier otro capo había logrado. Su ferocidad, su paranoia y su control se habían vuelto legendarios. Pero, irónicamente, todo ese poder tenía una única razón.
Yo.
Estaba sentada en un banco de piedra bajo un árbol antiguo, con un libro en las manos. Dante estaba a unos metros de distancia, hablando por teléfono con uno de sus socios. Llevaba su traje impecable de color carbón, pero cuando terminó la llamada, caminó hacia mí.
Se agachó frente a mí, poniendo una rodilla en la hierba, y me besó la mano.—¿Qué estás leyendo? —preguntó, su voz grave.—Sobre cómo mantener a un esposo controlador ocupado —respondí, sonriendo.Él soltó una risa oscura y ronca, una de esas risas que solo yo lograba sacarle. Me besó en la mejilla.
—No necesitas leer libros para eso, Catalina. Solo necesitas salir de casa y ver cómo el mundo entero se detiene para encontrarte.
Se levantó y me ayudó a ponerme de pie. Me rodeó la cintura con su brazo, apretándome contra él.
—La reunión de esta noche ha sido cancelada —dijo, mirando hacia la casa—. He decidido que pasaré la noche contigo.
—Pero tú odias las noches tranquilas —dije, levantando una ceja.
—Odio las noches tranquilas —confirmó, pasándose el pulgar por mi labio inferior—. Pero me encanta estar encerrado en una habitación contigo, Catalina.
El "Marriage of Convenience" se había transformado en un matrimonio de amor, aunque fuera un amor oscuro.
Dante Vancetti seguía siendo el lobo más peligroso de Chicago. Seguiría matando, seguiría amenazando, seguiría aterrorizando a sus enemigos. Pero, en esa mansión, en mis brazos, era solo mío.
Y yo era solo suya.
El contrato de papel había muerto. Pero el contrato de sangre y fuego que habíamos firmado esa noche, bajo la luz de la luna, sería eterno.