La Deuda del Lobo Capítulo 7 La Revelación
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Capítulo 7 La Revelación

La noche que siguió al ataque de Moretti fue un torbellino de silencio y tensión.

Dante y yo compartimos la cama, pero no hubo intimidad física.

No era el momento. Después del beso en el estudio, la línea entre el miedo y el deseo se había borrado por completo, pero el contrato seguía siendo una sombra sobre nosotros.

Él me había dicho que no había vuelta atrás. Que iba a arrastrarme a sus sombras. Y yo le había dicho que estaba lista.

A la mañana siguiente, me desperté sola. La cama estaba fría, y la luz de la mañana entraba por la ventana, iluminando el polvo en el aire. Me levanté, me puse una bata de seda y bajé a la cocina.

Dante estaba allí, bebiendo café negro. Se giró al verme entrar, y sus ojos oscuros se suavizaron ligeramente.

—No te sientas segura todavía —dijo, su voz ronca—. Moretti no se quedó en su casa anoche. Está planeando algo. Y lo va a usar contra mí.

—¿Qué va a usar? —pregunté, tomando una taza de té.

—A ti —respondió, dando un paso hacia mí—. La noche del ataque, te dejaste llevar por el pánico. Dijiste que te había vendido. Pero la verdad es que Moretti sabía dónde estabas porque tiene espías dentro de mi organización. Y mi paranoia me hizo creer que la fuga era inevitable.

Lo miré, entendiendo la culpa que cargaba sobre sus hombros. El "Morally Grey Hero" no era solo cruel por naturaleza; era cruel porque el mundo lo había enseñado a desconfiar de todos.

—¿Por qué me casaste entonces? —pregunté, mi voz suave—. Si sabías que te debilitaría, que sería un blanco.Dante suspiró, dejando la taza en la encimera.

—Porque estaba cansado de estar solo en la cima, Catalina.

Llevo años mirando a Moretti, a la policía, a mis propios socios, esperando que me apuñalen por la espalda.

Estaba cansado de la soledad. Y cuando te vi, tan furiosa, tan dispuesta a pelear contra el mundo, supe que eras la única que no se apartaría de mi lado.

Se acercó a mí, y su mano acarició mi mejilla, un gesto inusualmente tierno para un hombre que desayunaba con sangre en sus manos.

—Te casé porque te quería. Y porque quería un igual. Alguien que entendiera el costo de este mundo.Miré su mano sobre mi mejilla, el contraste entre su piel cálida y la fría determinación en sus ojos.

—El contrato —dije, rompiendo el silencio—. El contrato decía que yo era tuya. Pero tú también eres mío, Dante. No voy a dejar que Moretti te rompa.

Él sonrió, una sonrisa genuina que le dio diez años a su rostro.—¿Vas a protegerme, pequeña? —preguntó, su voz ronca y cargada de un humor oscuro.

—Voy a pelear a tu lado —respondí, mirándolo fijamente—. Si Moretti quiere usarme para llegar a ti, que lo intente. Pero no va a funcionar.

Dante me besó en la frente, un beso suave que contrastaba con la violencia de sus manos.

—Está bien, Catalina. Pero escúchame bien. Esta vez, no hay notas en la mesita de noche. Esta vez, no te aparto. Me necesitas a tu lado.

La revelación había sellado nuestra alianza. Ya no éramos enemigos ni prisionero y captor. Éramos dos lobos en la oscuridad, listos para desgarrar a cualquiera que se interpusiera en nuestro camino. Y Moretti iba a descubrirlo de la peor manera.