La deliciosa tortura de amar a tu peor enemigo (Queridos Enemigos 2) 27. El reino de Hel se ha quedado vacío y todos los demonios están aquí #2
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27. El reino de Hel se ha quedado vacío y todos los demonios están aquí #2

—Una inteligente táctica dilatoria de la reina de Dumnonia.

Sabía que, cuando los Dreor llegaran a Swanstone, todos los Warden acudirían a defenderlo, así que decidió inmovilizar a toda la orden.

Lo hizo encantada, después del enfrentamiento tan público que había tenido con Dinadan.

El hecho de que hubiera tantos Haelan en Tintagel, incluidos los tres líderes, fue totalmente accidental.

—A los Warden no les hizo ninguna gracia que los sitiaran en su propio castillo —dijo Élodie, estremeciéndose—.

Creo que la reina no era consciente de a quién estaba intentando aprisionar.

Ni de lo que implicaba hacer que soldados normales se enfrentaran a otros con t ā cn, independientemente del número.

—Dinadan habló con los oficiales y les dio la oportunidad de marcharse —dijo Xanthe—.

Pero no lo hicieron. Órdenes de la reina.

Obviamente, para entonces nuestros deofols ya nos habían informado de que los Dreor estaban atacando Swanstone y que solo contabais con ocho Warden, así que éramos muy conscientes de lo vital que era cada minuto que pasaba.

Así que Dinadan dio carta blanca a sus Warden para que cargaran contra un batallón de soldados sin t ā cn.

—Fr ī a —dijo Aurienne, que había sido testigo de la destrucción que podían causar un simple puñado de Warden.

Élodie hizo una mueca de dolor.

—Fue horrible.

—Masacraron a todo el batallón —dijo Xanthe—. Nosotros curamos inmediatamente a los heridos. La viedra de La Última Gota de Merlín, que está justo delante de las murallas de Tintagel, como recordarás, había sido destruida. Tuvimos que ir hasta el siguiente pueblo. Por eso tardamos tanto.

Xanthe exhaló un profundo suspiro.

—Casi no llegamos a tiempo. Todos los líderes queremos presentar nuestra dimisión.

—Vinisteis tan pronto como pudisteis —dijo Cath.

—Estuvisteis magníficos —dijo Xanthe.

—Esos ocho Warden se comportaron como unos auténticos héroes —dijo Aurienne—. Algunos de ellos murieron, Xanthe…

—Lo sé —dijo ella—. Y aquí, en Swanstone, haremos algo para homenajearlos de forma permanente.

—¿Y los dos Fyren? —preguntó Élodie. Se volvió hacia Aurienne—. Paja Cubana es un Fyren. ¿Lo sabíais?

—Sí —contestó Aurienne.

Xanthe puso cara de circunstancias.

—Claro que lo sabemos.

Cath miró hacia el techo.

—Paja Cubana es un Fyren —repitió con incredulidad—. Pensábamos que solo era un informador. Aparte del amante socialmente inepto de Aurienne.

Xanthe se giró hacia Aurienne con las cejas levantadas.

—Lo del amante… ya no puedo confirmarlo.

Aurienne gimió.

—Deja de mirarme —dijo.

Xanthe la miró todavía con más intensidad. Aurienne se tapó la cabeza con la manta mientras deseaba haber muerto en el campo de batalla.

—Dejando a un lado esa circunstancia —continuó Xanthe—, lo que debía ser un acuerdo discreto entre Aurienne, el Fyren y yo se ha convertido, por desgracia, en algo de dominio público.

Se lo he contado todo a Prendergast y Abercorn.

No me han exigido la dimisión, probablemente porque todos queremos dimitir y todos nos estamos peleando por ver quién debería sentirse más avergonzado.

—¿Qué acuerdo con el Fyren? —preguntó Cath.

—Un simple trato que se nos fue terriblemente de las manos, pero que, en realidad, al final ha acabado salvándonos —respondió Xanthe—.

Como sabéis, cuando comenzó la epidemia de viruela no teníamos dinero para desarrollar una vacuna, salvo el poco que conseguíamos reunir con fondos internos.

Hasta que recibimos aquella donación de veinte millones de thrymsas.

—No me digas que era dinero sucio —replicó Élodie—. ¿Usé dinero sucio para crear la vacuna?

—Tan sucio como te puedas imaginar. Era de un Fyren.

—¿Y por qué puñetas iba a hacer un Fyren algo así?

—Porque se estaba muriendo —dijo Xanthe—.

Tenía degeneración del sistema seith. Intentó sobornar a Aurienne para que lo curara.

Hay que reconocer que ella se negó. —La vergüenza de Aurienne disminuyó lo justo para permitirle volver a asomar la cabeza fuera de las mantas—.

Yo, sin embargo, acepté —continuó Xanthe—.

Sin discutirlo con el resto de los directores.

Swanstone estaba a rebosar de niños enfermos; nos tropezábamos con ellos por los pasillos y cada hora que pasaba llegaban más a la viedra.

Ordené a Aurienne que curara al Fyren a cambio de los fondos.

Él exigió confidencialidad y yo también.

Seguramente Aurienne será la más indicada para contaros lo que sucedió después.

Cath y Élodie se volvieron expectantes hacia Aurienne.

Esta se lo contó. Les habló de las cosas que él había hecho por ella y por la orden. Los ahorros de toda una vida, los asesinatos, cómo se había convertido en su informador y aliado a lo largo de los meses.

—Y gracias a él las dos estáis vivas en este momento —les dijo Xanthe a Aurienne y a Cath.

—Dioses —repuso Cath—. Es un auténtico ángel. A pesar de su t ā cn.

—He aprendido bastante sobre…, sobre prejuicios y límites. —Aurienne se mordió el labio—. Sobre qué es lo que hace que algo sea blanco o negro. Las cosas no son tan simples como siempre había pensado.

—Eh —dijo Cath—. Los Dreor pueden seguir yéndose con Hel.

—¿Y su corrupción seith? —preguntó Élodie, frunciendo el ceño con preocupación—. Eso es mortal.

—He conseguido curarlo —contestó Aurienne.

—¿Cómo? —preguntaron Cath y Élodie al unísono.

—No lo sé —dijo Aurienne—. La verdad es que no he tenido ni cinco minutos para analizar los resultados.

—Probablemente no dispondrás de cinco minutos en meses —replicó Xanthe—. Nos espera una buena.

—¿Una guerra? —preguntó Élodie.

Xanthe asintió con la cabeza.

—No sé la forma que tomará. Hemos enfurecido considerablemente a tres soberanos.

Y ellos nos han enfurecido considerablemente a nosotros.

Los caminantes del Sendero Brillante se han puesto de nuestro lado, lo que ha tenido diversos impactos en sus T ī endoms: Birtwhistle ha retirado por completo a sus Ingenaut de los tres; Shearwater aún no se ha decidido.

Tenemos que pensar qué vamos a hacer con los Haelan que están destinados allí.

A los ciudadanos no les va a sentar bien.

Habrá disturbios. Los Warden están oficialmente en guerra con Dumnonia.

Nos esperan tiempos difíciles. —Xanthe parecía haber envejecido—.

Se ha acabado la paz. Los caminantes del Sendero Brillante ni siquiera quieren ir al Stánrocc para hablar con el resto.

—La paz es algo valiosísimo —dijo Élodie—. No te das cuenta hasta que la pierdes.

Esa tarde, Aurienne convenció a Xanthe para que le permitiera visitar a Osric.

El Pabellón 5 (Regeneración) estaba repleto de Warden y Haelan que habían resultado heridos durante la batalla.

Aurienne aprovechó para ver también a Verity, Haven y el resto de los Warden que se estaban recuperando.

Solo Verity estaba despierta. Aunque se agarraron de la mano e intercambiaron palabras de consuelo, estaban atónitas y con la mirada perdida, conscientes de lo cerca que habían estado de la muerte, sin poder creer que ambas permanecieran con vida.

Aurienne le dio las gracias en un susurro entrecortado: los Warden eran unos guerreros magníficos, unos paladines, unos héroes para los que su agradecimiento no era suficiente, a quienes nunca podría estar lo bastante agradecida.

Verity le apretó la mano con fuerza.

—Ha sido un honor, Haelan.

Entonces algún fármaco entró en su organismo y la sumió en un plácido sueño.

Osric estaba en una cama al lado de la ventana. Una ubicación privilegiada: los Haelan lo estaban tratando bien. Aunque Aurienne sabía que no le gustaba la luz del sol y habría preferido el rincón más lúgubre antes que ese lugar tan soleado.

Varios Haelan revoloteaban alrededor de su cama, entre ellos Xanthe.

Aurienne se quedó a un lado, escuchando fragmentos de la conversación.

Hablaban con Osric con una amabilidad recelosa y torpe.

Los Haelan habían visto lo que había hecho, pero también sabían lo que era.

Los había salvado. Pero era un Fyren. Aquella disonancia cognitiva los tenía desconcertados, perplejos, y hacía que no supieran muy bien cómo tratarlo.

Aurienne los entendía perfectamente.

Finalmente, todos los Haelan se marcharon excepto Xanthe. Esta le hizo un gesto para que se acercara.

—El Chico Cebolla está consciente y bastante lúcido.

Lo habían aseado. Osric yacía boca arriba con una bata de color gris claro de Swanstone. Tenía la piel pálida. Y los ojos cubiertos por vendas blancas.

Con gran esfuerzo, Aurienne se contuvo para no correr a su lado y echarse a llorar.

Xanthe le cerró la mano izquierda.

—Me pone mala ver ese t ā cn entre estas paredes. Me da escalofríos. —Le dio un golpecito en el hombro a Osric—. Tienes visita. Os dejo solos. Y te recuerdo una vez más que no te toques el vendaje. Aún no tienes los ojos curados.

Ahora que Aurienne estaba a solas con Mordaunt, no sabía qué decir. «Gracias por salvarnos la vida a todos. Siento haberte rechazado. Mi corazón es una morgue. Si alguna vez pudiera volver a amar, sería a ti. Estamos condenados a sufrir».

Todo le parecía inadecuado e inoportuno.

El sol brillaba demasiado. Aurienne cerró las cortinas, aunque no tenía sentido: con aquellos vendajes en los ojos, Osric no veía nada. Aun así, no le parecía bien dejar que lo bañara aquella luz que tanto odiaba.

Le agarró la mano.

Osric no reaccionó.

—Soy yo —dijo Aurienne.

—Ya lo sé —respondió él.

—Sé que las palabras no bastan, pero…

—No te molestes en decir nada —replicó Osric. Estaba enfadado con ella—. Prometiste marcharte —dijo con voz ronca—. Prometiste irte a casa de tus padres. Y no lo hiciste. Fui a comprobarlo.

—No podía irme.

Se hizo un silencio tenso.

—¿Tristane ha venido a visitarte también a ti? —le preguntó Aurienne.

—Si lo ha hecho, estaba inconsciente.