La deliciosa tortura de amar a tu peor enemigo (Queridos Enemigos 2) 17. Llegan las consecuencias
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17. Llegan las consecuencias

Llegan las consecuencias

Aurienne

En los días posteriores, las órdenes Haelan y Warden investigaron las direcciones que Mordaunt había descubierto en la oficina del Agannor.

Tenía razón: todas ellas eran incubadoras de Dreor en las que había más niños enfermos.

Swanstone puso en marcha todos los protocolos de emergencia a su alcance para hacer frente a la afluencia de pacientes.

Los ingresaban en cualquier pabellón que tuviera camas libres y hasta llenaron la Casa Cygnet, el gran edificio anexo donde normalmente se alojaban los aprendices.

Tras aquellos descubrimientos, había llegado el momento de que Aurienne y Xanthe compartieran sus averiguaciones sobre la Orden Dreor, la viruela y los tres T ī endoms implicados.

Prendergast y Abercorn, compañeros de Xanthe al frente de la Orden Haelan, fueron los primeros en recibir la información.

A continuación, invitaron a Swanstone a los líderes de las órdenes Warden, Leyfarer e Ingenaut.

Más por cortesía que con la expectativa de que se presentara, invitaron también a la líder de las Hérgulas.

Para su sorpresa, Vel acudió. A Aurienne le sorprendió ver que iba acompañada de una druida.

Durante dos horas, Aurienne y Xanthe expusieron aquello que podían demostrar de forma concreta: las botellas de whisky llenas de viruela de la Fortaleza Wellesley que apuntaban a que se trataba de un brote intencionado, el ataque frustrado de Tristane a Swanstone, el manicomio de Brackenbury y el resto de los grupos de niños infectados con viruela que había en otros sitios, y la investigación de Aurienne sobre la Orden Dreor.

Cuando concluyeron su exposición, se produjo un silencio sepulcral.

—No me lo puedo creer —dijo Dinadan, la líder de los Warden.

Birtwhistle, la líder de los Ingenaut, se había quedado boquiabierta.

Élodie, que había sido invitada en calidad de jefa de Virología, se llevó las manos a la cabeza.

—¿Todo ese sufrimiento, todas esas muertes, a propósito?

Xanthe asintió con tristeza.

—La última epidemia de viruela de Platt fue hace doscientos años —dijo Élodie lentamente—. En Lichfield.

—A ver si adivináis qué Orden tiene su cuartel general en Lichfield —señaló Xanthe.

—Los Dreor. —Élodie volvió a apoyar la cabeza sobre las manos—. No entiendo cómo…, ¿cómo pueden producir la viruela en tales cantidades?

—Es hora de presentar a nuestra invitada —dijo Xanthe, señalando a la druida que acompañaba a la hérgula—. Aster es una druida. Nos ha ayudado a descubrir el cómo.

Aster llevaba una capa verde que le quedaba floja. Tenía el rostro demacrado por el cansancio. En sus ojos se reflejaba una profunda tristeza.

—Supongo que todos sabréis que han destruido el Færwundor.

Los presentes asintieron con la cabeza y se escucharon palabras de condolencia alrededor de la mesa.

—Es, o era, el mayor enclave druídico de los T ī endoms. Pero algunos druidas somos solitarios y decidimos vivir en otros sitios, cerca de lugares sagrados que nos son queridos.

Yo soy una de ellos. Vivo en las tierras más salvajes del norte, cerca de las Piedras de Stenness.

Solo tenía contacto con el Færwundor de vez en cuando.

Iba de visita un par de veces al año. Hace unas semanas, me di cuenta de que algo no iba bien al enviar a mi deofol para comunicarles que tenía previsto visitarlos.

Me respondió el deofol de un hermano de confianza del Færwundor, que me aconsejó mantenerme alejada.

Me dijo que se habían puesto en cuarentena.

Algo había salido mal en los laboratorios.

Si alguno de nosotros iba por allí, corríamos el riesgo de contagiar una enfermedad al resto de la población.

»Me pareció raro porque en los laboratorios del Færwundor se producían fármacos.

Allí no estudiábamos patógenos humanos. Hablé con otros druidas solitarios que habían recibido advertencias similares de mantenerse alejados.

Ahora creemos que esos deofols fueron enviados bajo coacción para evitar que descubriéramos que el Færwundor había sido tomado por los Dreor.

Al parecer, los Dreor se enteraron de la envergadura de las instalaciones que teníamos bajo Glastonbury Tor y decidieron utilizarlas para sus perversos propósitos.

Empezamos a sospechar que pasaba algo cuando nuestros hermanos y hermanas del Færwundor dejaron de responder a nuestras misivas.

Nuestros deofols no podían comunicarse con ellos.

Y los druidas que enviamos a investigar al Færwundor nunca regresaron.

Las lágrimas ahogaron la voz de Aster. Esta se repuso y continuó.

—Para cuando dimos la voz de alarma entre los nuestros (vivimos dispersos por los T ī endoms y era difícil imaginar que hubiera ocurrido algo tan grave), ya era demasiado tarde.

—Según nuestro informador, los druidas llevaban muertos al menos quince días la noche de la destrucción del Færwundor —dijo Xanthe—.

Al parecer, los masacraron cuando empezó a circular la noticia de la campaña de vacunación de la Orden Haelan.

La producción de la viruela se volvió inútil y los druidas se convirtieron en un lastre.

Así que los mataron. El Færwundor fue destruido poco después de que nuestro informador se infiltrara en él, presumiblemente para borrar todas las pruebas.

—Los que quedamos estamos devastados por el papel que desempeñaron los druidas, aunque fuera de forma involuntaria, en esta epidemia —dijo Aster—. No tengo palabras para expresar todo lo que se ha perdido. Las vidas. El conocimiento. Los jardines. El roble …

Xanthe le apretó la mano a Aster. La jefa de las Hérgulas acercó el brazo al hombro de la druida en señal de apoyo silencioso.

—Se hará justicia —contestó Dinadan, antes de levantarse de un salto y empezar a caminar de un lado a otro—. Pero no lo entiendo. Decís que querían convertir a los niños en Dreor. Los infectados de viruela son muy pequeños. Tardarían años en adiestrarlos para que consiguieran su t ā cn.

—Así es —repuso Aurienne—. Se trata de un plan a largo plazo cuidadosamente diseñado.

A muy largo plazo: hablamos de diez o quince años vista.

Pero al final los responsables tendrían a cientos de Dreor a sus órdenes.

Actuaron de forma estratégica: determinaron qué enfermedad proporcionaba mejores candidatos a Dreor, se centraron en los más indefensos y se aseguraron de que nadie se preocupara lo suficiente, o tuviera el dinero necesario para hacer algo al respecto.

—Para los que no somos Haelan, ¿qué es exactamente lo que hace que la viruela convierta a esos niños en candidatos perfectos para ser Dreor? —preguntó Shearwater, el líder de los Leyfarer.

—No todos los niños padecen fiebre cerebral, pero los que la sufren y sobreviven sin la intervención de los Haelan cambian —dijo Aurienne—.

O bien se vuelven inusualmente agresivos y temerarios, o bien sufren un deterioro cognitivo tal que, a todos los efectos, se quedan en un estado de muerte cerebral.

Sabemos que la implantación del t ā cn Dreor funciona en muy contadas ocasiones y solo con aquellos que tienen la mente adecuada.

Los primeros lo adquieren y se convierten en Dreor; los segundos no y se convierten en reclutas que los Dreor controlan.

—¿En reclutas? —preguntó Shearwater.

—Soldados rasos sin cerebro —dijo Dinadan—. Cadáveres andantes.

Aurienne asintió.

—A juzgar por la cantidad de niños que infectaron, debían de querer muchísimos reclutas. Aunque uno solo ya equivale a decenas de soldados, porque no se les puede matar. Son prácticamente imparables para quienes no tienen t ā cn. Y, detrás de ellos, siempre hay un Dreor.

—Si de verdad la Orden Dreor es la responsable de la epidemia, mi Orden no se quedará de brazos cruzados —dijo Dinadan—. Estaríamos hablando de una guerra.

—Deberíamos estar hablando de un exterminio —replicó Shearwater.

Vel, la Hérgula, parpadeó con sus ojos ambarinos bajo la capucha, pero no dijo nada.

—No creo que la Orden Dreor sea la única responsable —dijo Aurienne—. Su orden no tiene los recursos necesarios para implementar un plan de esa magnitud.

Xanthe asintió.

—Alguien tuvo que organizar la producción a gran escala del virus.

Alguien tuvo que planificar el contagio deliberado de miles de niños en los T ī endoms. Alguien tuvo que ejercer su influencia para bloquear la financiación de todas las instituciones que podrían crear una vacuna.

Alguien le pagó a Tristane para que nos atacara.

Alguien tuvo que gestionar lo de ese manicomio y todas las incubadoras que encontramos después.

—Y, al recibir aquella donación, saboteamos su plan, sin ni siquiera darnos cuenta de que lo estábamos haciendo —dijo Élodie—. Con la campaña de vacunación, hemos tirado a la basura todos esos años de planificación, además de millones y millones de thrymsas.

—Pero ¿la planificación de quién? —preguntó Prendergast—. ¿Los recursos de quién? ¿De quién estamos hablando?

—No podemos saberlo a ciencia cierta —contestó Aurienne.

—Aurienne está siendo prudente —dijo Xanthe—. Yo voy a serlo menos. Disponemos de algunos datos que podrían ayudarnos a identificar a los involucrados. Élodie, ¿qué T ī endoms fueron los peor parados en cuestión de infecciones?

Élodie, que había estado escuchando en silencio, se sobresaltó.

—Pues… Kent, Mercia y Dumnonia. Fueron los más afectados con diferencia. Sus índices de contagio prácticamente duplican a los del resto de los T ī endoms. Nunca hemos podido explicarnos esas cifras.

—Y, cuando buscamos financiación para la campaña de vacunación, fueron los tres que menos aportaron, ¿cierto?

—Así es —contestó Élodie—. Apenas unas cantidades simbólicas.

—Aunque eran los que más podrían beneficiarse de la vacuna —dijo Prendergast.

Dinadan tamborileó con los dedos sobre la mesa.

—Son los tres T ī endoms que rodean Wessex.

—¿Qué relevancia tiene eso? —preguntó Birtwhistle.

Dinadan cogió una hoja de papel y dibujó rápidamente un mapa de los T ī endoms.