La deliciosa tortura de amar a tu peor enemigo (Queridos Enemigos 2) 14. El castillo de Tintagel #3
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14. El castillo de Tintagel #3

—Por mi seguridad, debo seguir los protocolos. —Dinadan exhaló un suspiro de frustración—. Puedo ir yo, si lo prefieres… Dime dónde es —propuso Aurienne—. Seguro que Xanthe lleva un frasco encima. Voy a buscarla. ¿Dónde está el baño?

—Espera aquí. Y no te acerques a la prisionera —le advirtió Dinadan, claramente molesta.

Salió como una exhalación.

Tristane volvió a abrir los ojos. En cuanto se quedaron solas, miró a Aurienne a la cara y luego bajó la vista hacia su capa.

—Tú eres la Haelan que bloqueó mi seith.

—Sí —dijo Aurienne—. Y también soy la única que puede desbloquearla.

Perdona que me salte los prolegómenos de amenazas e insultos, pero no tenemos tiempo.

Dinadan podría volver en cualquier momento.

Voy a decirte lo que quiero que hagas y lo que te ofrezco a cambio, y tú me dirás si aceptas. Solo tienes que contestar sí o no.

Tristane miró hacia la puerta de la celda, como si temiera alguna trampa.

—Continúa —respondió igualmente, con voz ronca y acento marcado.

—Quiero que me digas quién te encargó lo de Swanstone y en qué consistía el encargo. A cambio, desbloquearé tu seith.

—No revelo información sobre mis clientes —replicó Tristane.

—No tienes elección, llegados a este punto.

—Ah, ¿no? ¿Piensas torturarme para sacarme las respuestas, ma petite ?

—En realidad, la tortura es… —Aurienne se interrumpió; no había tiempo—. La ejecución está prevista para el día de Lammas. No esperes que tus camaradas Fyren vengan a rescatarte: este lugar está plagado de barreras protectoras. Te estoy ofreciendo una oportunidad para huir.

Tristane recorrió el perímetro de la celda con sus ojos siniestros. Aurienne ya había visto antes aquella mirada; era la misma que tenía Mordaunt cuando calculaba los movimientos para caminar las sombras.

—No conseguirás salir de aquí ni con seith ni sin ella —dijo Aurienne—.

Las barreras protectoras arteriales de Dinadan son terribles.

Pero en algún momento te trasladarán al Stánrocc para ejecutarte.

Entonces te quitarán las protecciones. Pensarán que sigues careciendo de seith. Puede que tengas una oportunidad.

—Te echarán la culpa de mi fuga —señaló Tristane.

—Es un procedimiento experimental —contestó Aurienne, encogiéndose de hombros—. Los experimentos fallan. ¿Hay trato?

Tristane inclinó la cabeza, pensativa. El cabello, apelmazado por la sangre, le cayó sobre la frente.

—Una de las pequeñas Haelan de Fr ī a acudiendo en mi ayuda. Qué ironía tan maravillosa.

—Tengo más ganas de saber quién te contrató que de verte muerta.

Tristane clavó el ojo bueno en Aurienne. Volvió a hacer sus cálculos.

A lo lejos, se oyó el sonido de unas botas sobre los escalones de piedra. Dinadan estaba regresando.

—Trato hecho —dijo Tristane—. Te daría la mano, pero…

—No le doy la mano a gente como tú.

—Tienes mala leche. Me caes bien.

—Habla —dijo Aurienne—. Rápido.

—Hay tres soberanos detrás de lo de la viruela —dijo Tristane—.

La reina de Kent, la reina de Dumnonia y el rey de Mercia.

Su objetivo era crear un ejército de Dreor; al parecer, los niños que sobreviven a la viruela tienen más posibilidades de adquirir con éxito el t ā cn de los Dreor.

Y, si no lo adquieren, se convierten en unos reclutas excelentes.

Quienquiera que haya financiado el proyecto de vacunación contra la viruela de tu orden ha echado por tierra el plan.

Me contrataron para descubrir quién era y, mientras estaba en Swanstone, destruir en la medida de lo posible los laboratorios donde se está desarrollando la vacuna.

Aurienne estaba preparada para aceptar cualquier respuesta de Tristane con cierta dosis de cinismo, pero su explicación encajaba a la perfección con lo que ella sabía hasta el momento.

—¿Y Lambert?

—¿El tío de la pasta? Muerto. Lo maté yo. Era un inútil. No sabía de dónde venían los fondos.

—¿Y las enfermeras?

—¿Qué enfermeras?

—Hay cuatro enfermeras desaparecidas en Swanstone. Todas de Pediatría.

—Ni idea.

Aurienne miró hacia la puerta de la celda. Parecía que Dinadan estaba a punto de entrar.

—Voy a curarte el ojo —le dijo Aurienne, presionando su t ā cn contra la cabeza de Tristane.

—¿Por qué?

—Porque, si no te lo curo ahora, lo perderás. Y, una vez que lo pierdas, la única que podría ayudarte a regenerarlo es Xanthe, y no lo haría ni loca. No te cargues a ningún Warden al escaparte. Les encantaría tener una excusa para machacar a tu orden.

Tristane parpadeó con el ojo cubierto de sangre seca, ya curado, antes de cerrarlo y agachar la cabeza. Aurienne se alejó de ella y se puso al lado de la puerta.

Dinadan regresó con el hlutoformo, seguida de cerca por Xanthe y Haven.

Aurienne aceptó el frasco de hlutoformo con expresión de gratitud.

Se echó un poco en las manos, se acercó a Tristane y presionó el t ā cn contra su antebrazo, tal y como había hecho en el Pabellón 13.

Dinadan y Haven la observaron, sin tener ni idea de que Aurienne estaba aflojando las oclusiones, en lugar de reforzarlas.

A Aurienne volvió a sorprenderle el vigor del sistema seith de Tristane.

—Os recuerdo que se trata de un procedimiento experimental —dijo, mientras se marchaba—. Por favor, seguid tomando todas las precauciones posibles con la prisionera.

—Es una capacidad poderosa, la de dejar a alguien sin seith —señaló Dinadan, mirando a Aurienne con interés—. ¿Os habéis planteado darle otros usos?

—Vamos a reservarla solo para aplicaciones médicas, salvo en este caso en particular —contestó Xanthe.

—Ya —dijo Dinadan, dejando claro que le parecía un desperdicio.

La conversación de Aurienne con Felicette había resultado ser de lo más oportuna.

Cuando terminó con Tristane, Aurienne y Xanthe regresaron escoltadas por Haven a Swanstone, donde por fin se deshicieron de su niñera Warden y se dirigieron rápidamente al despacho de Xanthe para comentar lo sucedido.

—¿Lo has conseguido? —le preguntó Xanthe sin aliento, después de cerrar la puerta.

—Creo que sí —respondió Aurienne.

—¿Y? ¿Quién es el cabrón maquiavélico que está detrás de todo esto? ¿Quién es el titiritero que está manejando a Wellesley?

—Hay tres titiriteros: Kent, Mercia y Dumnonia, según Tristane.

—¿ Qué ? ¿La realeza?

—Sí.

—Pero Wellesley era uno de los hombres de confianza de la reina de Wessex. Era él quien tenía las botellas de viruela en el sótano.

—Ya —dijo Aurienne—. Esa parte no la entiendo.

Pero lo de Kent, Mercia y Dumnonia tiene sentido en términos numéricos.

Esos tres reinos han tenido los peores brotes de viruela de todos los T ī endoms. Y son los que menos han contribuido a financiar la investigación.

Tristane dijo que habían propagado la viruela aposta para crear un ejército de Dreor, lo cual encaja bastante bien con la catástrofe actual.

—Y con lo del Færwundor.

—Tristane también admitió haber matado a Lambert. Le pidieron que descubriera quién había hecho la donación anónima al laboratorio de Élodie cuando la inmunización contra la viruela frustró sus planes.

—¿Lambert… está muerto? —Xanthe se presionó los nudillos contra la frente. Estos se hundieron profundamente en sus arrugas—. Que Fr ī a lo tenga en su gloria. Me encargaré de que su familia esté bien atendida. ¿Sabía algo de las enfermeras?

—No —respondió Aurienne—. Ha dicho que no tenía ni idea. Y creo que es cierto.

—¿Cómo has conseguido sacarle todo eso? ¿Con unos fórceps?

—Mejor que no lo sepas —contestó Aurienne.

—Pensé que Tristane iba a decirte que eran los propios miembros de la Orden Dreor los artífices de todo —comentó Xanthe—. Sería lo más lógico. No como lo de los monarcas .

—Si hubiera sido la Orden Dreor, podríamos acudir al Stánrocc. Y tendríamos un motivo muy obvio que respaldaría la acusación. Pero no podemos presentarnos allí y acusar a la reina de Kent basándonos únicamente en mi palabra de que Tristane, precisamente, asegura que fue ella.

—Tienes razón —dijo Xanthe—. ¿La Orden Haelan acusando a tres soberanos de estar detrás de una epidemia de esa magnitud, basándose en unas palabras «que nadie más oyó» de la líder de la Orden Fyren? No podemos seguir por ahí.

—¿Y qué hacemos? —preguntó Aurienne.

—Están empezando a cometer errores. Se vieron obligados a destruir el Færwundor para ocultar sus huellas.

Una reacción desesperada. Luego capturamos a Tristane, lo cual probablemente les haya hecho entrar todavía más en pánico.

Cometerán más fallos. —Xanthe apretó los labios—.

Necesitamos pruebas. Y, para conseguirlas, hace falta paciencia.

De repente, Xanthe se quedó callada. Levantó su t ā cn y dejó pasar a un deofol. Era una liebre; Aurienne no lo reconoció.

—Hemos encontrado a una —dijo esta—. Te la traeré. Se llama Aster. Sé amable con ella: lo ha perdido absolutamente todo.

—Gracias —contestó Xanthe. La liebre desapareció.

—¿Quién era? —le preguntó Aurienne.

—La líder de las Hérgulas. —Xanthe estaba muy seria—. Han encontrado a una druida superviviente.