8. Incursiones en la autodisciplina y molestias asociadas #2
—Lo has hecho muy bien, campeón —le dijo.
—Fairhrim.
—¿Hum?
—Fairhrim.
—¿Sí?
—Estoy desnudo.
—Ya.
—Has curado la corrupción seith. La has curado .
—Sí.
—¿Por qué no reaccionas? ¿Qué te pasa?
Fairhrim apuntó unas cuantas notas en el historial y se lo guardó en la bolsa.
—No me pasa nada. Anoche ocurrió algo fantástico. Tengo que volver a Swanstone.
—¿Qué pasó?
—No puedo contárselo a nadie. —Fairhrim juntó las manos, conteniendo una emoción muy poco habitual en ella—. Pero es algo estupendo. Y en gran medida ha sido gracias a ti.
—Cuéntamelo.
Ahora que habían tocado el tema que tanto le preocupaba, Fairhrim parecía más centrada.
—De verdad que no puedo. ¿Por qué sigues desnudo?
—Acabas de decir que lo que haya pasado ha sido gracias a mí. Al menos tendré derecho a saberlo.
Fairhrim miró a Osric a los ojos. Su autocontrol era impresionante, teniendo en cuenta que su polla estaba…, pues eso, ahí mismo.
—Si te lo cuento, ¿prometes no decírselo a nadie? —preguntó ella muy seria.
—Lo prometo —contestó él. (No era cierto. Como tampoco lo era la mayor parte de lo que decía).
—Los Warden han capturado a Tristane —dijo Fairhrim.
Osric tardó un momento en asimilar aquella frase tan absurda.
—¿Qué?
Fairhrim parecía encantada.
—Ya. Es genial.
—¿Que han capturado a Tristane? —repitió Osric—. ¿La han capturado ? Eso es imposible.
—De imposible nada.
—¿Cómo?
—Puse en práctica el consejo que me diste sobre dónde colocar las barreras de seguridad en Swanstone y amplié un poco el radio.
Colocamos barreras en la viedra del Publica o Perece para interceptar a cualquiera con una seith desconocida.
Tenemos a un Warden apostado allí las veinticuatro horas del día.
Capturó a Tristane nada más salir de la línea ley.
Osric se quedó mirando a Fairhrim con la boca abierta.
—El consejo que te di era para disuadir a Tristane, no para capturarla. El objetivo no era que la atraparais.
—Pues lo hemos hecho.
—¿Cuántos muertos ha habido?
—Uno de los Warden ha estado a punto de morir, pero se ha recuperado; al fin y al cabo, somos Haelan.
Osric por fin salió de su asombro.
—Se escapará en un abrir y cerrar de ojos. Nadie puede retener a Tristane.
—No lo hará —dijo Fairhrim—. No tiene seith —añadió con una serenidad inquietante.
—¿Que no tiene seith? ¿Qué quieres decir? ¿Qué le habéis hecho?
—Nada grave. Simplemente le practiqué una pequeña intervención para velar por la seguridad de todos los que habitan el castillo de Tintagel.
Él nunca había visto una conversación descontrolarse tan rápido en toda su vida.
—¿Una pequeña intervención ? ¿El castillo de Tintagel?
Fairhrim guardó el hlutoformo.
—Sí. Los Warden la van a trasladar a su cuartel general mientras esperamos que el Stánrocc la juzgue.
—¿Que la van a trasladar? ¿Cuándo?
—En este momento, mientras hablamos —dijo Fairhrim—. ¿Qué haces?
Osric se vistió.
—Voy a interceptarlos mientras se la llevan. Cuando esté en el castillo de Tintagel, será imposible sacarla de allí. Ese sitio es inexpugnable.
Por fin Fairhrim empezó a darse cuenta de que Osric no compartía su euforia.
—¿Quieres…, quieres rescatar a Tristane?
—Pues claro que quiero rescatar a Tristane.
—Pero creía que me estabas ayudando. La capturamos gracias a tus recomendaciones.
Osric se puso el abrigo.
—No. Te dije cómo disuadirla; ella nunca habría intentado sortear esas putas barreras de protección si las hubiera visto. Pero no esperaba encontrarse con una al pie de una viedra. Ni siquiera le disteis la oportunidad de tomar una decisión.
—Tomó una decisión cuando utilizó la viedra para presentarse en Swanstone —replicó Fairhrim. Tenía toda la razón, así que Osric la ignoró—. ¿Por qué te importa tanto? —le preguntó—. Estamos hablando de Tristane.
—Exacto. Estamos hablando de Tristane. De mi comandante. Ella me sacó de la calle y me convirtió en quien soy ahora. No quiero que te mate, pero tampoco quiero que muera. ¿La van a llevar ante el Stánrocc? La ejecutarán por atacar a otra Orden.
Osric fue hacia la puerta. Reuniría a una docena de Fyren. Seguro que podrían con los Warden que estaban trasladando a Tristane al castillo. Pero tendrían que actuar con rapidez para interceptarlos. ¿Cuál era la viedra que quedaba más cerca del castillo de Tintagel?
Se palpó los bolsillos en busca del mapa de las viedras. Cuando levantó la vista, Fairhrim estaba bloqueando la puerta. Tenía los brazos cruzados y la mirada firme.
—Prometiste guardar el secreto —dijo.
—Las promesas están para romperlas —replicó Osric—. Ya lo sabes.
—¿De verdad crees que voy a dejar que te largues y liberes a Tristane? ¿Para qué? ¿Para que vuelva a intentarlo en otro momento y mate a alguien de Swanstone la próxima vez?
—El Stánrocc la condenará a muerte —señaló Osric.
—Pues que lo hubiera pensado antes de atacar Swanstone —dijo Fairhrim—. Conoce los Acuerdos de Paz. No vayas. Si no…
—Si no, ¿qué?
—Si no… —repitió Fairhrim, en tono amenazador.
—Me voy.
Extendió la mano derecha hacia Osric. Su t ā cn emitió una luz blanquecina.
Osric la esquivó.
—De eso nada.
—Deja que Tristane afronte las consecuencias de sus actos —dijo Fairhrim.
—No. —Osric pasó por delante de ella caminando las sombras y salió al pasillo. Le dijo adiós moviendo los dedos mientras se alejaba—. Hasta la próxima, Fairhrim. Gracias por el chivatazo.
—Mordaunt —dijo Fairhrim. Su voz rebosaba decepción—. Por favor, no lo hagas.
Osric miró hacia atrás y le lanzó un beso.
Se produjo un destello luminoso. Fairhrim inundó el pasillo con la luz de su t ā cn. La siguiente sombra estaba demasiado lejos como para que Osric pudiera alcanzarla y caminar a través de ella.
—Muy bonito —dijo—, pero que no pueda caminar las sombras no significa que no pueda… caminar normal.
—No tienes ni idea de lo que soy capaz —le advirtió Fairhrim.
Osric le había dicho lo mismo una vez, aunque con menos arrogancia, sin duda. De todos modos, ¿qué iba a hacer una pacífica Haelan, sin la menor capacidad ofensiva, desde tan lejos?
Ella levantó su t ā cn. Ocho punzadas heladoras atravesaron a Osric con un frío abrasador.
La seith de Fairhrim, tan familiar para él después de tantas sanaciones, penetró en su interior y se volvió gélida y paralizante.
Sus articulaciones se bloquearon. Osric apretó la mandíbula y cayó de rodillas.
Si ni siquiera lo había tocado. Era imposible. Imposible .
Oyó los pasos de Fairhrim detrás de él. No podía girar el cuello.
—No deberías haberme obligado —le dijo.
Osric, que tenía la mandíbula bloqueada, no pudo responder.
Hacía unos instantes, había examinado la imagen de sí mismo en la pared y había visto los puntos brillantes de los marcadores seith esparcidos por su sistema.
Los mismos que ella acababa de usar en su contra.
¿Cuánto tiempo hacía que le había puesto aquel interruptor de apagado?
¿Cuánto tiempo llevaba guardándose ese as en la manga? ¿Quién se creía que era?
Fairhrim se plantó ante él, con un frío brillo de ira en la mirada.
—Permanecerás en este estado durante dos horas, tiempo más que suficiente para que los Warden lleven a Tristane al castillo de Tintagel. He sido una insensata al confiar en ti. No volveré a cometer ese error.
Luego, para añadir más sal a la herida, le puso un dedo en el hombro y lo empujó hacia un armario que tenía la puerta entreabierta.
Fairhrim había esperado a que él llegara justo hasta allí para inmovilizarlo, por su propia comodidad.
Lo metió dentro y cerró la puerta. Sus pasos se alejaron por el pasillo y se perdieron al salir de la clínica.
Como siempre, Fairhrim había sido tremendamente precisa.
Osric tardó dos horas en recuperarse de la parálisis que esta le había infligido.
El armario estaba lleno de esqueletos y fregonas.
Aquellas dos horas en la oscuridad acompañado por los esqueletos y con una pegatina de una estrellita en la frente en la que ponía «¡Muy bien!
» fueron más que suficientes para que Osric alimentara su rabia, se pusiera de un humor de perros y decidiera que odiaba a Fairhrim. ¿Cómo se atrevía?
Ella no era ninguna Fantasía. Era una terrorista que se creía superior a los demás. Un Medio Para Lograr un Fin, un simple Medio Para Lograr un Fin, y nunca sería nada más.
Cuando pudo volver a usar las extremidades, Osric abandonó la clínica.
Al menos se había mantenido fiel a su Decisión.
Al salir, robó el difractor.