7. La paciente del Pabellón 13 #3
—Es lo que se merecía —dijo Tenet. Con un movimiento de los dedos, tiró de una de las ataduras hacia adentro; el brazo de Tristane se dobló en un ángulo antinatural—. Casi mata a Ataraxia. Ahora mismo está en el pabellón de Traumatología.
—En cuanto Tristane recupere la conciencia, se convertirá en una amenaza —señaló Verity—. Estas barreras protectoras requieren mucha seith; no podemos retenerla indefinidamente sin hacer pausas para descansar.
—Cierto —dijo Xanthe—. Pero, una vez tenga la seith bloqueada, podréis tratarla como a una prisionera normal, y por suerte contamos con Aurienne Fairhrim en nuestras filas. Aurienne, toda tuya.
Ella se acercó, bajo la atenta mirada de los Warden. Hasta entonces, para ellos había sido una Haelan como otra cualquiera, que iba de aquí para allá solucionando entuertos con su vestido blanco de cuello alto. Pero aquello despertó su interés.
—¿Bloquear la seith? —dijo Haven—. ¿Cómo?
Aurienne dio un paso al frente.
—Estoy desarrollando una técnica para ayudar a controlar las hemorragias seith. Todavía está en fase experimental. Puedo insertar pequeñas oclusiones en los canales seith. En este caso, bloquearé todos los canales que van hacia su t ā cn. No podrá utilizarlo.
—¿Hay muchos Haelan capaces de hacer eso? —preguntó Tenet, levantando tanto las cejas que estas desaparecieron bajo su yelmo.
Aurienne entendía su preocupación; la mera idea de perder la seith era aterradora para cualquiera que tuviera un t ā cn.
—En teoría, cualquier Haelan podría hacerlo —contestó.
—Está siendo modesta —dijo Xanthe—. La respuesta es que no. Aurienne es capaz porque tiene un control de la seith tan perfecto como es humanamente posible.
Aurienne preguntó si alguien tenía hlutoformo. Prendergast encontró un frasco abierto en su bata.
Mientras se humedecía las manos con la espuma antiséptica, Aurienne continuó con la conferencia improvisada.
—Es un método eficaz para interrumpir el flujo de seith por medios mecánicos, pero solo de forma temporal.
Dura unos siete días. Uno de mis próximos proyectos consiste en bloquear de forma reversible los canales seith con dispositivos microfluídicos, para que el tratamiento pueda ser administrado por otras personas.
¿Puedo meter la mano entre las barreras?
—No te pasará nada —dijo Verity—. Adelante.
Aurienne introdujo la mano en el círculo. Las barreras protectoras vibraron y se entrecruzaron sobre su mano, añadiendo un resplandor onírico a una situación ya de por sí surrealista. Se arrodilló al lado de Tristane y puso su t ā cn sobre el antebrazo desnudo de la mujer.
Esperaba encontrarse con unos canales seith muy desarrollados, como cabría esperar en cualquiera que se hubiera entrenado lo suficiente como para ganarse un t ā cn.
Pero descubrió mucho más que eso: un sistema increíblemente profuso y denso, rebosante de seith.
Se trataba de una cantidad fuera de lo normal.
En comparación con las reservas de la mayoría de la gente, las de Tristane eran como un pozo oscuro y profundo, sin un fondo aparente.
Impresionante. No era de extrañar que Tristane fuera tan poderosa. Y tampoco que Mordaunt la temiera.
Aurienne ocluyó los lúmenes de los delicados canales seith que Tristane tenía en el interior de la muñeca izquierda, para impedirle usar el t ā cn.
El t ā cn de Tristane, tan conocido para Aurienne, pero tan ajeno para cualquier otra persona, parecía estar enseñándole los dientes. Le recordó lo que era Mordaunt: un integrante más de aquella banda de asesinos; un mercenario, un lunático completamente desprovisto de conciencia.
Y, sin embargo, si Tristane yacía ahora inerte e indefensa en el calabozo más recóndito de Swanstone era gracias a Mordaunt. La sangre que ella pretendía derramar no se había derramado gracias a él.
—Ya está —dijo Aurienne, alejándose de Tristane—.
Un bloqueo completo de los conductos seith, en la medida de mis posibilidades.
Su sistema seith es impresionante, pero se supone que ha quedado inutilizado.
En principio no debería poder activar el t ā cn durante una semana por lo menos.
Y tampoco debería quedar ninguna secuela a largo plazo en su sistema seith.
—Aunque no merece ningún tipo de consideración en ese sentido —resopló Abercorn.
Aurienne salió del círculo de protección.
Los líderes de la Orden Haelan ya habían presenciado el procedimiento antes, pero los Warden no (ni siquiera sabían que aquello era posible), y de pronto empezaron a mirarla con desconfianza.
Acababa de arrebatarle el poder a la líder de la Orden Fyren, simplemente tocándola con la mano.
Cuando Aurienne pasó por delante de ellos, le dejaron un poco más de espacio del habitual.
Los Warden mantuvieron una breve conversación antes de hablar con los líderes de la Orden Haelan.
—Esta mazmorra solo es adecuada para un internamiento temporal —dijo Verity—. Mientras convocamos a las otras Órdenes al Stánrocc, sería recomendable trasladar a Tristane a nuestro cuartel general del castillo de Tintagel para su detención e interrogatorio.
Xanthe se volvió hacia el resto de los directores.
—¿Alguna objeción al respecto?
—Ninguna —respondió Abercorn—. Llevaos a esta loca asesina de aquí.
—Estoy de acuerdo —dijo Prendergast—. Pero no creo que consigáis sacarle información. Es una Fyren. Nunca delataría a un cliente.
—Puedo ir a Tintagel a rehacer las oclusiones, si el Stánrocc no se reúne en menos de una semana, para garantizar la seguridad de los Warden que la vigilan —propuso Aurienne.
Verity la sorprendió con una profunda reverencia.
—Organizaremos una escolta, si es necesario —dijo, antes de girarse hacia Prendergast—. Hablaré con Dinadan para que os envíe a más Warden, tal y como acordamos.
—¿Más Warden? —preguntó Abercorn.
Prendergast asintió.
—Iba a daros la noticia a los dos esta mañana. Breage y algunas enfermeras de Pediatría han desaparecido.
—¿Qué? ¿Cómo que han desaparecido?
—No logramos localizarlas. —Prendergast se frotó el rostro enjuto—. Hace semanas que sus familias no saben nada de ellas.
—Dadas las circunstancias —dijo Xanthe con cara de desagrado, señalando con el mentón a Tristane—, debemos sospechar que se trata de algo turbio.
Los líderes de la Orden Haelan hicieron un corrillo para seguir hablando, muy serios. Los Warden, mientras tanto, discutían entre ellos la logística del traslado de Tristane.
Aurienne se limpió las manos con el hlutoformo que quedaba. Una especie de instinto depredador latente que nunca antes se había activado en ella le hizo levantar la vista.
Tristane estaba despierta y la miraba fijamente.
Tenía un ojo verde y el otro completamente ensangrentado.