5. El árbol hueco #3
—Ya —dijo Fairhrim—. Yo tampoco me lo creería, si no acabara de verlo.
Hay una fábrica de productos farmacéuticos enorme y de última generación bajo el Færwundor.
Más grande que la nuestra y muchísimo más moderna .
Y un sótano lleno de viruela lista para su distribución.
Y druidas muertos por todas partes. Hay que enviar a los Warden.
Todo el lugar está plagado de Dreor. Y que vayan también algunos Haelan, el equipo de Cath.
Hemos encontrado a un druida con vida, tal vez alguno más haya logrado sobrevivir.
—Normalmente, el ajolote de Xanthe era un bicho descarado que siempre tenía alguna respuesta aguda, pero se quedó levitando en silencio—.
Está todo en el Færwundor —añadió Fairhrim—. Todas las pruebas.
El ajolote reaccionó y se puso en marcha.
—Iré a ver a Xanthe inmediatamente. ¿Vosotros estáis bien? ¿Os enviamos a alguien?
—Estamos bien —dijo Fairhrim—. Ilesos. Centrad todos los recursos en el Færwundor. Nosotros conseguiremos llegar hasta una viedra.
El ajolote asintió, giró sobre sí mismo y desapareció.
Osric tiritaba tanto que parecía que iba a romperse un diente.
—Joder, me estoy congelando.
—Y yo —dijo Fairhrim.
—¿Has compartido tu seith conmigo, en el agua?
—Sí. Transferencia de seith.
—¿Eso se puede hacer?
—Yo puedo. Y estoy enseñando a otros. Pocos Haelan han aprendido la técnica a lo largo de los años. Requiere un control excepcional de la seith; puede salir muy mal.
—Eres increíble —dijo Osric.
Fairhrim se acercó a él con cuidado por el barro.
—Déjame comprobar si después de todo eso hemos conseguido mejorar algo tu estado.
Extendió una mano hacia él. Su t ā cn emitió un brillo blanquecino. Realizó uno de aquellos diagnósticos en directo que tanto odiaba, porque consumían demasiada seith. La piel de los nudillos ya se le estaba empezando a agrietar.
—No lo hagas —dijo Osric—. El Coste…
—Necesito saberlo —replicó Fairhrim.
Osric cerró el ojo cegado por su propio Coste y observó.
Fairhrim manipulaba la imagen con unos movimientos de la palma de la mano tan rápidos que era incapaz de seguirlos.
¿Estaba en el cuello? ¿En el brazo? ¿En los pulmones?
¿Cómo era capaz de descifrar aquella maraña de canales seith entrecruzados?
Fairhrim se quedó boquiabierta.
—¿Qué? —preguntó Osric.
Ella amplió el diagnóstico. Su sorpresa se debía a una pequeña unión entre dos canales seith.
—No puede ser.
—¿Qué es lo que no puede ser? ¿Qué pasa?
Fairhrim ignoró la pregunta. Tenía el ceño fruncido y la frente húmeda, Osric no sabía si por el agua del río o por el sudor, después del esfuerzo con la seith. Fairhrim volvió a girar la imagen, con un brillo de curiosidad en los ojos. Sus uñas y nudillos estaban agrietados a causa del Coste.
—Déjalo —dijo Osric—. No merece la pena que te hagas daño…
El resplandor de su t ā cn vaciló y se apagó. A Fairhrim le sangraban las manos, pero al menos había visto lo que necesitaba ver. Se volvió hacia Osric con los ojos muy abiertos.
—¿Qué ocurre? —Si Osric hubiera tenido fuerzas, habría estrechado sus manos y se las habría llevado al pecho, en actitud suplicante.
Fairhrim estaba mirando fijamente el punto en el que antes flotaba la imagen diagnóstica. El alba besó una gota de agua que tenía en el puente de la nariz.
—Hay un nódulo… La última vez que te exploré estaba prácticamente corrompido, estoy segura. Y ahora está ahí. Y parece intacto. Parece que funciona.
—¿Me tomas el pelo? —dijo Osric.
—No —respondió Fairhrim—. Jamás se me ocurriría. Entre esto y la ralentización que había apreciado…
Osric sintió que volvía a invadirlo una vertiginosa oleada de esperanza. Se permitió emocionarse con ella. Aquello era mejor que el subidón de cualquier alucinógeno. Era real.
—Dioses. No me extraña que la gente tenga esperanza. Tener esperanza es genial.
—¿A que sí?
Entonces Fairhrim hizo algo que nunca había hecho: le dedicó una sonrisa.
Su brillo eclipsó el sol naciente.
Osric se sintió como si la estuviera viendo por primera vez, como si se hubiera quitado un velo, o como si hubiera estado observando durante meses una Campanilla de Invierno entreabierta y esta acabara de florecer, desplegando su belleza cautivadora, arrolladora y devastadora.
Varias emociones se apoderaron de él: desconcierto, esperanza, la pureza de la gratitud. Ella lo estaba curando. Le estaba regalando más tiempo en aquella tierra imperfecta.
—Necesito examinarte como es debido —dijo Fairhrim, con esa meticulosidad que tanto le gustaba a Osric—.
Tendremos que conectarte a un difractor.
Puede que no esté recordando bien lo del nódulo.
Echaré un vistazo a las notas de la última exploración.
Tengo buena memoria, pero nunca se sabe…
Después de lo del alucinógeno, el cerebro todavía no me funciona bien. ¿Qué pasa?
Un mechón de pelo se le había pegado a la mejilla, húmedo por el agua del río.
Osric se lo apartó y se lo sujetó detrás de la oreja.
—Eres maravillosa. Y aterradora. Si no fuera tan imposible, estaría en serio peligro de enamorarme de ti.
La esperanza tenía el color del rubor que se extendió por las mejillas de Fairhrim.