2. Aurienne se preocupa
Aurienne se preocupa
Aurienne
Aurienne Fairhrim no sabía lo que era el arrepentimiento.
Una no llegaba a convertirse en la mejor investigadora de la Orden Haelan tomando decisiones de las que pudiera arrepentirse.
Era tan prudente como perspicaz, sus decisiones eran estratégicas, sus juicios bien meditados y sus acciones se basaban siempre en la integridad y la inteligencia.
Hasta que el destino había puesto a Osric Mordaunt en su camino y este había convertido su organizada vida en un caos.
El arrepentimiento de Aurienne empezó a aflorar cuando Mordaunt dejó su ventana con la orquídea pegada al corazón y alcanzó su punto culminante con la salida del sol, cuando la luz del día arrojó su franca claridad sobre los acontecimientos de la noche anterior.
Aurienne empezó a preguntarse, cada vez más preocupada, En Qué Estaba Pensando.
¿Cómo se le ocurría ir por ahí regalando flores a asesinos encaramados al alféizar de su ventana?
Tanto lo de la orquídea como el romanticismo de la visita nocturna de Mordaunt, la suavidad de sus susurros y el encanto de las horas que habían pasado juntos formaban parte de una transgresión amplia e indeseada de los límites.
Aquella transgresión hizo que a Aurienne le entraran sudores fríos.
Ella era una Haelan y Mordaunt un Fyren, lo que implicaba unas convicciones tan absolutas como prácticas: bueno y malo, correcto e incorrecto.
Y esas convicciones no debían mezclarse.
Entre ellos siempre debía existir el baluarte del odio.
Pero lo que sentía por Mordaunt estaba empezando a trascender el odio para convertirse en otra cosa. La gratitud se había transformado en admiración. La admiración se había convertido en afecto. Las verdades absolutas se tambaleaban. Su odio estaba perdiendo fuerza.
Aurienne recordó, con una nitidez espantosa, el beso que se habían dado durante el baile. Aunque lo habían hecho para aparentar, se habían besado como si fuera en serio. Aquel recuerdo, ahora teñido de arrepentimiento, tenía un regusto agridulce en el que prevalecía lo agrio.
¿Y ahora se despedía de él con una flor y palabras bonitas a la luz de la luna?
Se le estaba yendo de las manos.
Se arrepentía del beso; se arrepentía de la flor; se arrepentía de todo.
Presa del pánico, Aurienne se apresuró a buscar justificaciones.
El beso había sido fingido. La flor había sido una muestra espontánea de gratitud que le había ofrecido a Mordaunt por haber descubierto la viruela almacenada en el sótano de lord Wellesley y también por haberla ayudado a averiguar, probablemente, por qué habían decidido provocar la epidemia.
Además, Mordaunt la había informado de que la siniestra jefa de su Orden, Tristane, tenía Swanstone en el punto de mira.
Aquel hombre les había hecho unos cuantos favores a Aurienne y a los Haelan.
Por su parte, Aurienne había logrado ralentizar (ligeramente) la degeneración de su sistema seith y había eliminado una (1) embolia seith.
(También lo había curado de una puñalada mortal, pero dado que la había recibido para protegerla, no creía que eso contara).
Así que Mordaunt se merecía la flor, se dijo Aurienne mientras se vestía. Aquella conclusión la hizo sentirse aliviada.
Era la hora de la ronda matutina. Dio los últimos retoques a su atuendo, abrochándose la bata blanca de Haelan hasta el cuello y recogiéndose el cabello en un moño. Se sujetó con una cureta plateada los últimos mechones rebeldes.
Había recuperado el control.
Por regla general, los pacientes del Centro de Investigación de la Seith de Swanstone eran la prioridad de Aurienne, seguidos de cerca por lo que sucedía en su laboratorio.
Pero, ante la visita de Mordaunt, traspasó aquellas responsabilidades a unos compañeros desprevenidos que habían cometido el error de cruzar la mirada con ella en un momento en el que no estaban ocupados salvándole la vida a nadie y luego se fue corriendo a su despacho.
Allí escribió a mano la siguiente solicitud con la mayor exhaustividad posible, dada su ignorancia sobre el tema:
Textos sobre la Orden Dreor: creación, historia, ideales, reclutamiento, expansión, aliados, rangos, secretos, sistemas, ubicaciones, convencio nes (rituales, ceremonias, iniciaciones, otros ritos), declive y cualquier otro material relacionado, por favor. Gracias.
Llamó a Quincey, su asistente. El hombrecillo con aspecto de búho asomó la cabeza por la puerta del despacho.
—¿Sí, Haelan Fairhrim?
Aurienne le entregó la nota. Quincey la recibió con confianza, dado que era una de las pocas personas capaces de descifrar su letra.
—Envía una copia de esta solicitud a todas las bibliotecas académicas y de investigación de los T ī endoms —le dijo Aurienne—. Pídeles discreción acerca de la consulta.
—Ahora mismo. —Quincey se quedó mirando el papelito de Aurienne y parpadeó. La confianza que tenía en su habilidad para descifrar su letra se tambaleó al leer el contenido de la nota—. ¿De… la Orden Dreor?
—Así es —contestó Aurienne—. Es un asunto urgente y secreto. Avísame en cuanto empieces a recibir el material.
—Sí, Haelan Fairhrim.
Quincey se despidió con una reverencia y se marchó para ponerse a repiquetear a toda velocidad con los dedos sobre la bola de escribir.
Aurienne salió inmediatamente del despacho para ir a buscar a Xanthe y contarle lo que había sucedido esa noche.
Xanthe, una destacada Haelan especializada en la regeneración de extremidades y órganos, era una de las tres líderes de la Orden Haelan, además de la mentora y confidente de Aurienne.
(Aunque a veces hacía más de torturadora que de mentora, como cuando le había ordenado a Aurienne que se hiciera cargo del caso de Osric Mordaunt).
Aurienne preguntó por Xanthe en el Pabellón 5 (Regeneración) y le dijeron que había ido al baño.
Llamó tímidamente a la puerta y al entrar vio a Xanthe enjuagándose la boca y haciendo gárgaras con hlutoformo: un paciente se había arrancado la vía intravenosa. Xanthe dijo que Una Cosa era que le salpicara en los ojos y Otra Muy Distinta en la boca, un argumento que Aurienne no pudo rebatir.
—Siempre son los que toman anticoagulantes —dijo Xanthe—. Sangre por el techo. Sangre por las lámparas. Al menos las plantas de las macetas estarán bien hidratadas…
Una vez eliminadas las huellas de los intentos de redecoración de su paciente, Xanthe se volvió hacia Aurienne con el rostro tan húmedo como sombrío.
—¿Qué pasa?
—Dos novedades inquietantes —dijo Aurienne—. El Chico Cebolla ha venido a verme de madrugada. Y he recibido los resultados del laboratorio de Élodie de las botellas que él encontró en la Fortaleza Wellesley.
—¿Qué quería el Chico Cebolla? —preguntó Xanthe con la voz ahogada por una toalla. («Chico Cebolla» era el desafortunado nombre en clave que Xanthe le había puesto a Mordaunt tras su primer encuentro con él).
—Punto número uno —respondió Aurienne—. El Chico Cebolla me ha dicho que la líder de su Orden ha aceptado un encargo en Swanstone. Así que hay una o varias personas en peligro.
—¿Qué? ¿La líder de la Orden Fyren? ¿Tristane?
—Sí.
Xanthe dejó de secarse un instante antes de retomar la tarea con agresividad.
—¿Tristane ha perdido la cabeza? Eso es una vulneración directa de los Acuerdos de Paz. Las otras órdenes son intocables. ¿Cómo se atreve ?
—El Chico Cebolla no sabe quién o cuál es el objetivo. Es el mismo encargo que había aceptado Brythe, que fracasó debido a su… intervención…
—¿Te ha dicho el Chico Cebolla quién le ha pagado a Tristane?
—No lo sabía. Solo que, quienquiera que sea, se trata del mismo que está obstaculizando la financiación de la investigación de la vacuna contra la viruela en todos los T ī endoms. Y que sigue vivo, así que no es lord Wellesley.
Creo que deberíamos informar a Élodie, discretamente.
Ella y su laboratorio son los objetivos más probables, ya que están trabajando en la vacuna.
—Estoy de acuerdo. Ponla sobre aviso y, cuando te pregunte cómo te has enterado, dile que yo he ordenado no revelar la identidad del informador.
Aurienne asintió.
—El Chico Cebolla también me ha dado algunos consejos para protegernos de Tristane. Tendremos que involucrar a los Warden.
—Apunta lo que te ha dicho —le pidió Xanthe—.
Yo me encargaré de los Warden. Como Tristane Épervier ponga un pie en Swanstone, más vale que sean ellos los que la pillen, porque, como lo haga yo, le reviento el hígado.
—Xanthe permitió que la rabia se apoderara de ella momentáneamente—.
¿Y qué ha pedido el Chico Cebolla a cambio de toda esa información?
—preguntó a continuación—. Imagino que ya podemos ir preparando una pequeña fortuna.
Una pregunta lógica que dejó a Aurienne completamente desconcertada.
—Pues… nada, la verdad.
Xanthe rara vez se sorprendía por algo, pero sus cejas ralas se fundieron con el nacimiento de su cabello.
—¿Te lo ha dicho gratis ?
—Sí.
—¿Un Fyren te ha proporcionado información confidencial, relacionada con su propia Orden, a cambio de nada? ¿Gratis?
—Pues… sí —balbuceó Aurienne—. Dijo que era porque yo estaba en Swanstone y quería que siguiera con vida. Es pragmatismo, no generosidad. —La forma en la que Xanthe la miró reveló que aquello no la convencía demasiado—. Punto número dos —continuó—. Bioterrorismo.
—Soy toda oídos.
—Como bien sabes, envié a analizar las botellas que el Chico Cebolla descubrió en el sótano de Wellesley. Anoche recibí los resultados. Era lo que sospechábamos: la viruela en dosis transportables.
Xanthe apretó la mandíbula. Sus arrugas se hicieron más profundas.
—Eso es muy grave, Aurienne.
—Pues sí.
—Pero ¿por qué?
—Supongo que esa es la pregunta. ¿Por qué iba nadie a recuperar un virus que afectó a la población por última vez hace un siglo? ¿Por qué iba a propagar deliberadamente la viruela y causar la muerte, cerebral o total, de tantísimos niños? ¿Quién podría ser tan tremendamente cruel?