La Decisión de Karina, Capítulo I (La Decisión de Karina, Insanas Consecuencias nº 1) 4
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Karina se veía radiante, como una verdadera reina de belleza con el minivestido de una sola pieza que había escogido bajo las instrucciones de Guillermo.

La prenda era un número menos en comparación de los que usaba comúnmente.

Se lo había comprado hacia un par de años para asistir con su esposo a un matrimonio.

El marido solo se la quedó mirando ensimismado.

¡Pero qué atractiva se veía su esposa! El vestido le quedaba ajustadísimo, y dibujaba cada línea de su exquisita anatomía.

Guillermo no quiso ponerse a pensar en que ella esta vez no se había arreglado para él, sino que abiertamente lo hizo para otro hombre.

Lo había hecho para un viejo que él mismo había invitado a su hogar, para que este fantaseara por un rato con la fugaz idea de tal vez poder concretar algo con ella.

Pero no, eso no sucedería. Al menor indicio que le hiciera pensar que su mujer corría peligro, el mismo se encargaría de poner las cosas en su lugar.

Karina no era mujer para don Renato, se decía una y otra vez para tranquilizarse.

Sin esperarlo, Guillermo fue presa de un repentino ataque de celos tras la espectacular aparición de su joven y atractiva esposa.

El matrimonio esperó sentado y en silencio la llegada de tan particular invitado.

Hasta que el sonido del celular de Guillermo avisó que el tiempo de espera se había cumplido.

Ya no había vuelta atrás. En tanto, Karina miraba muy nerviosa como su marido sacaba de uno de sus bolsillos el celular y se daba a contestarlo.

—¿Sí? Ok, sí, sí. En el piso siete. Departamento setecientos seis. Claro, yo lo salgo a encontrar.

—¿Quién era? —le preguntó la alterada hembra a sabiendas de quien se trataba.

En esos momentos Karina esperaba sentada en el sofá.

Estaba con una pierna sobre la otra. Su imagen, al estar sentada, y vestida con el ajustadísimo vestido negro, era espectacular.

Afuera hacía mucho frio, pero la calefacción automática del departamento hacía que la temperatura interior fuera de lo más agradable.

Aun así, esa misma noche se percibía algo extraño en el ambiente de aquel hogar.

Pero la conversación entre el matrimonio continuaba.

—Es don Renato, cariño, está a diez minutos de llegar. Me decía que se pasó a realizar unas compras y se viene. Además, que la lluvia lo retrasó un poco.

—Ay, amor, creo que no seré capaz de hacer esto. Mejor avísale que venga otro día. —Karina se encontraba extremadamente nerviosa y se puso de pie para acercarse a su marido.

—Tranquilízate, Karina —le dijo Guillermo, tomándola de su estrecha cintura—. Yo estaré contigo en todo momento. ¿Lo recuerdas? Tómalo como un juego. Solo será eso, un juego. Verás que ya en tres horas él se habrá ido y, si lo haces bien, mi ascenso en la empresa estará asegurado.

—Guillermo, prométeme que no beberás demasiado. Esta vez necesito que estés lucido en caso de algo. Recuerda que hoy no estaremos con nuestras amistades.

La preocupada y joven esposa se lo recalcaba casi en súplicas, ya que en muchas ocasiones en las que salían a divertirse, a Guillermo se le pasaban las copas y eran sus amigos con sus novias quienes le ayudaban a Karina a traérselo para el departamento.

Claro que, cuando eso pasaba, todo era divertido y se convertían en anécdotas para después recordarlas y reír juntos.

Pero ahora la muchacha por nada del mundo deseaba que algo parecido ocurriera.

—Je, no te preocupes, amor. Nada más beberé lo suficiente para que don Renato entre en confianza.

Luego solo me serviré cualquier tipo de jugo o bebida simulando que es licor.

Recuerda que cuando me veas inmóvil en el sofá solo estaré simulando para que mi jefe entre en confianza contigo. Es ahí donde tú deberás seducirlo.

—¿¡Y que hago si se pone atrevido!? ¿¡Y si me toca!?

Guillermo se quedó meditabundo tras las preguntas de su mujer. Parecía ser que le costaba darle una respuesta. Karina lo miraba esperando algún tipo de solución que la guiara. Tras unos buenos segundos de meditación por parte de su esposo, este finalmente le contestó:

—Lo siento, cariño, pero si eso sucede, deberás dejarte.

Karina, al escuchar semejante respuesta, quedó mirando a su marido con cara de horror y nerviosismo al mismo tiempo.

—¡Pero, pero, Guillermo! ¡Eso no es lo que habíamos acordado! —le contestó su esposa visiblemente impactada por lo que le decían.

—Tranquilízate, Karina. Como ya te dije. Si mi jefe se te lanza para algo ya más concreto, yo reaccionaré de inmediato.

—Pero, pero…

—Pon atención, mi vida —le cortó Guillermo. Este de alguna forma debía lograr que Karina le hiciera caso. Claramente a él tampoco le gustaba la idea, pero si ambos querían su ascenso no les quedaba de otra. Por lo que siguió insistiéndole:

—Si don Renato te toca, o te roza, deberás dejarte como si no te dieras cuenta.

Esto es solo para que nuestro plan funcione.

Si se le ocurre bailar, tú baila con él.

Y si es necesario regalarle un piquito en los labios se lo regalas.

Yo en todo momento me haré el que no me doy cuenta de nada.

Con eso será suficiente para que caiga rendido a tus pies.

Así, al estar ilusionado, te otorgará lo que le pidas.

¿Sabes? Ese hombre es muy enamoradizo, y le encantan las mujeres jóvenes y bellas como tú. Entonces, ¿lo harás?