Capítulo 56
Brooke
Pasamos unos días increíbles en Los Hamptons, Cole y yo rememoramos cuando estuvimos ahí y yo lo creía el padre de sus hermanas, y las noches, cuando hacemos el amor, mi futuro marido me susurra al oído todo lo que deseó hacer conmigo mientras era la niñera de sus hermanas en esta casa los días que estuvimos ahí.
Me confiesa que no dio el paso porque todo lo que yo le provocaba era demasiado intenso y nuevo para él y estaba asustado de no poder controlar lo que le hacía sentir.
Volvemos al ático de Cole, Maggie y yo pasamos los últimos días antes de la boda muy liada con todos los preparativos y solo veo a mi futuro marido en la cama cuando llego a ella exhausta, pero Cole no me permite dormir.
Se las apaña para despertar todo mi apetito sexual y hacer que lo desee sin límites.
***
La noche antes de nuestra boda Maggie insiste en que duerma en su casa, accedo, dejo a Cole solo en su ático y me mudo con Derek a casa de mis suegros, donde se llevará a cabo la ceremonia de la boda en su bonito y precioso jardín.
Cole y yo contraemos matrimonio en una boda íntima, llena de emociones y sintiendo que es el enlace que siempre soñé junto con el hombre de mi vida.
En el momento de colocarme el anillo de casada Cole coge en brazos a nuestro hijo y verlos a los dos en ese momento tan especial hace que no deje de llorar.
—La amo, señora Kessler —susurra Cole sobre mis labios antes de sellar con un beso que ya somos marido y mujer.
Disfruto de la fiesta de mi boda como una niña, todo es tan perfecto y mágico que no sé si es parte de mi mejor sueño, pero mi reciente marido se encarga a cada momento de besarme y recordarme que todo es muy real.
—¿Sabes que soy inmensamente feliz? —le indico a Cole mientras bailamos juntos, admirándolo, sonriente. Hoy está guapísimo.
—Mi propósito es que nunca dejes de serlo —contesta con orgullo.
—¿Y usted, señor Kessler? —inquiero, sonriente.
—Si soy más feliz exploto. Solo me hacías falta tú en mi vida para que fuese perfecta de verdad —murmura besándome el cuello—. Tú y Derek sois mi motor.
—¿Qué me tienes reservado para nuestra luna de miel? —pregunto con curiosidad. No le he podido sonsacar nada de dónde vamos a ir en este largo mes que nos hemos tomado de vacaciones.
—El mundo entero, vida mía. Prepárese, señora Kessler, porque su vida será desde hoy un completo sueño. Yo me encargo de hacerlo realidad, solo se tiene que dejar llevar. Confíe en su marido —susurra, sonriente.
—Siempre. —Lo beso. Cole tira de mi mano, me saca de la pista de baile, nos acercamos a nuestro hijo, lo coge en brazos, le da un beso, me lo entrega y anuncia:
—Hora de despedirse.
—¿Ya? —inquiero con sorpresa. Queda mucha fiesta para disfrutar.
—Sí. Dejemos que los invitados se lo pasen bien.
Tú y yo ya tenemos nuestra propia fiesta en otro lugar más íntimo.
Desde este momento, señora Kessler, queda secuestrada —susurra en mi oído.
Miro esos ojos de diablo con ese brillo especial y el corazón me da un vuelco por completo—.
Secuestrarte es una fantasía que tengo desde que te conocí —revela.
Me despido de mi bebé, se lo dejo a su abuela y me marcho de la fiesta de mi boda a hurtadillas con mi reciente marido sin saber a dónde me lleva.
No me deja cambiarme, una limusina nos espera y nos lleva hasta un avión privado.
Cuando me veo parada a pie de las escalerillas no me lo creo.
Cole me coge en brazos y así entramos en el avión.
Me muero de vergüenza cuando nos recibe la tripulación, desaparecen tras darnos la enhorabuena y Cole decirle al piloto que podemos ponernos en marcha.
Mi marido abre una botella de champán, nos sentamos, brindamos, el avión despega, admiro Nueva York a mis pies y Cole dice:
—¿Preparada para el primer destino? Paris —anuncia y lloro de alegría. Me siento en sus piernas, lo beso y susurro—: Nunca pensé que fueses tan perfecto en todos los sentidos.
—Eso solo lo logras tú. Este lado romántico que no sabía que existía en mí era solo para ti. Me encantará enseñarte Paris, mi vida.
—¿Cuánto se tarda en llegar? —pregunto con impaciencia.
—Te aseguro que las largas horas de vuelo se te harán muy cortas en nuestra cama de este avión.
—¿Tiene una cama? —pregunto con sorpresa. No solo es la primera vez que me monto en un avión, sino que no tengo ni idea de cómo son los aviones privados. Por lo pronto estoy descubriendo que el de la familia Kessler es muy lujoso hasta donde aprecian mis ojos.
—Una muy grande, vamos. —Tira de mi mano y me lleva hasta una preciosa habitación decorada especialmente para nosotros, con nuestros nombre y detalles que hacen que me emocione—. Comencemos nuestro matrimonio por todo lo alto, hacerte el amor en las alturas rumbo a Paris. Llevo un mes planeándolo.
—¿Qué más has planeado? —intento sonsacarlo mientras lo beso y comienzo a desnudarlo.
—Ni te lo imaginas.
—Sabes que contigo me basta, ¿verdad? Todos estos lujos que nos rodean solo tienen sentido porque son parte de ti. Mi verdadera felicidad eres tú, Cole. Donde sea, como sea, pero contigo.
—Lo sé, y eso fue lo que hizo que me enamorase de ti como un loco. Que no viste en mí al empresario Cole Kessler, no te importó mi cuenta bancaria, sino el corazón de Cole Kessler. Hasta me enseñaste todo lo que tenía para darte y ni yo mismo lo sabía. Gracias, Brooke. Te amo.
Mi marido se apodera de mis labios, me pierdo en su boca y terminamos haciendo el amor, y en esta ocasión sí me lleva por encima de las nubes con todo lo que me hace sentir mientras volamos en dirección a Paris.