La debilidad del diablo Capítulo 55
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Capítulo 55

Cole

Hace tres días que no veo a Brooke ni a mi hijo y me parece que ha pasado una eternidad.

He estado tentado de llamarla y escuchar su voz en infinidad de veces en este tiempo alejados, pero he decidido respetar que necesite este distanciamiento.

También he deseado con todas mis fuerzas que me eche de menos tanto como yo a ella.

Pero, por otro lado, tengo un gran miedo instalado en mi cuerpo al no dejar de pensar que Brooke no quiera casarse conmigo por todo lo sucedido con Adrian.

Que esas terribles dudas la alejen de mí.

Hace tres noches que no duermo, no me puedo concentrar bien en el trabajo y no dejo de pensar en ella de forma constante. He hablado en estos días con mi madre y me tranquiliza muchísimo que esté con ella, sé que le dará buenos consejos y cuento con que mi madre siempre será mi mejor aliada.

Estoy tumbado en la cama en calzoncillos, es de madrugada, y suspiro en la penumbra tratando de poder conciliar el sueño.

De repente, siento que se abre la puerta de mi habitación, me incorporo en la cama de golpe, dispuesto a abalanzarme sobre quién sea, cuando aprecio que es la mujer que amo. ¿Estoy soñando despierto?

—¿Brooke? —inquiero, confuso, sacudiendo la cabeza con fuerza, pero ella sigue ahí frente a mí y me sonríe a la misma vez que se acerca a la cama—. ¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿Y Derek? —pregunto con miedo.

—Está bien. Nuestro hijo está perfecto. Lo he dejado en Los Hamptons con su abuela y sus tías —explica con calma y una sonrisa en su preciosa boca.

—¿Por qué estás aquí a estas horas? —La miro alerta. Son las cuatro de la madrugada y ha llegado sola a mi ático.

—Porque tenía algo importante que decirte —anuncia mientras mi cuerpo comienza a temblar. Me encuentro en el centro de la cama, incorporado, mientras siento cómo Brooke repasa con su mirada mi cuerpo casi desnudo.

—¿Qué sucede? —susurro con un hilo de voz.

Ella se acerca, se sienta sobre sus piernas en el colchón y me mira a los ojos de cerca.

—No podía esperar a mañana. —Su mano acaricia mi mejilla y se aproxima a mis labios, donde murmura mientras siento su aliento—: Te amo, Cole Kessler.

Eres el gran amor de mi vida y soy muy afortunada de que me hayas elegido compañera de vida.

No quiero separarme de ti nunca más. Perdona mis dudas, este alejamiento y todo lo sucedido con Adrian. He comprendido que…

—Shhh —susurro de inmediato, colocando un dedo sobre sus labios.

—Tras una larga charla con tu maravillosa madre ya siento que conozco todo de la persona que amo —concluyo—.

Eres un gran hombre, Cole. Y ahora sí puedo comprender cada uno de tus actos, mi amor.

Creo que los dos hemos pasado por mucho en esta vida y por fin nos toca ser muy felices con nuestro hijo.

—Brooke —murmuro embobado en ella. Si esto es un sueño no quiero que nadie me despierte.

—Bésame, hazme el amor —me suplica en un tono de voz bajo, sensual, dirigiéndome una mirada tan intensa que es puro fuego y me hace arder de inmediato.

—No te alejes nunca más de mí, vida mía. —La beso con calma, haciendo un gran esfuerzo por no devorarla por completo con todas mis ansias como deseo. La he extrañado demasiado.

Nos besamos con pasión, siento a Brooke completamente entregada, más mía que nunca. Acaricia mi torso con sus manos, hace que suspire sobre sus labios y le susurre:

—Eres mi diosa y soy completamente tuyo.

Brooke me besa el cuello mientras la desnudo con prisa. Ambos nos quedamos sin ropa y la tumbo sobre el colchón. Me coloco encima, la beso y entro en ella. Mi lugar favorito en el mundo.

—Te amo, no lo dudes nunca.

Hacemos el amor de una forma pasional, desenfrenada, única, mágica y especial. Ambos nos reafirmamos con caricias y besos todo lo que nos amamos.

Pasamos la mejor noche de nuestras vidas reconciliándonos, sabiendo que somos el uno para el otro y que tenemos toda la vida para vivirla juntos.

Me despierto con la mujer que amo abrazada a mi pecho, desnuda, con el pelo enmarañado y exhausta. Sonrío al recordar todo lo que hemos vivido hace unas horas. Le acaricio la espalda y cierro los ojos mientras me siento en calma. Una sensación de paz que es nueva para mí.

—Quiero casarme contigo. Ser tu esposa —murmura Brooke y son los mejores buenos días que me han dado jamás—. Por si no te había quedado claro después de todo lo que sucedió anoche —bromea mirándome con una sonrisa traviesa.

—La otra opción era secuestrarte en una isla desierta —carcajeo—. No pensaba renunciar a ti. Así tuviese que hacer la penitencia que hiciese falta.

—La única penitencia que tendrás que hacer será hacerme muy feliz junto con nuestro hijo.

—Eso es el mayor placer de mi vida. —La beso, salimos de la cama, nos duchamos y desayunamos juntos.

Brooke me dice que tenemos todo el fin de semana para nosotros solos, pero me apetece ver a mi hijo.

—¿Y si pasamos el resto del fin de semana en Los Hamptons en familia? Te aseguro que las noches serán nuestras —le propongo.

—Me parece una gran idea.

Brooke y yo ponemos rumbo a la propiedad de mis padres y cuando mi familia nos ven aparecer juntos y más enamorados que nunca nos aplauden con entusiasmo.