La debilidad del diablo Capítulo 54
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Capítulo 54

Brooke

Paso la noche sin dormir, dando vueltas en la cama, pensando en Adrian y lo que dijo de Cole y su familia.

Siento no haber podido hacer nada por mi primo, pero no culpo al padre de mi hijo de su destino porque es algo que decidió Adrian por si solo, solo me inquieta que haya cosas en la vida del hombre que amo que desconozca y sean tan serias como lo que mi primo manifestó.

Al amanecer voy al cuarto de mi bebé y descubro que no está allí, con sigilo entro en la habitación de Cole y observo a mi hijo en la cama con él. Admiro a ambos y me marcho. Tengo que poner muchas cosas en orden en mi cabeza.

Estoy haciéndome un café cuando Cole aparece con Derek en brazos en la cocina. Me acerco a mi hijo, lo beso y lo cojo de los brazos de su padre.

—¿Para mí no hay beso? —susurra Cole.

Me quedo en silencio, pensativa, me acerco y le doy uno en la mejilla que parece no contentarlo, pero no dice nada. De inmediato se pone a hacerle el biberón a Derek mientras que yo lo acuno y lo beso con cariño, lo he extrañado.

Cole me entrega el biberón preparado y tomo asiento en el sofá para dárselo a mi pequeño. El padre de mi hijo se posiciona a nuestro lado y me pregunta en un susurro:

—¿Qué tal estás hoy?

—Mal. La imagen de Adrian clavándose el cuchillo no se me va de la cabeza —susurro.

—Fue su decisión, Brooke —dice con calma.

—Fue un acto desesperado. Necesitaba ayuda.

—Fuiste a su encuentro, pero él no quería nada de ti, sino de mí. ¿No ves que te puso una trampa? Solo quería que moviese mis influencias para que lo sacasen del país con otro nombre. Y es algo que no podía hacer. Era demasiado arriesgado —intento que me comprenda.

—¿Y tú no ves que no nos hizo daño? Iba armado y lo desconocíamos. No usó el cuchillo contra nosotros. Solo te estaba pidiendo ayuda.

—Lo ayudé internándolo en el centro. Este tipo de ayuda que me pedía no podía llevarla a cabo. Yo también iba armado, llevaba una pistola —reconoce y lo miro con los ojos muy abierto.

—¿Tienes un arma? —pregunto con sorpresa.

—Brooke, por supuesto que tengo un arma, más bien dos.

Una en el ático y otro en mi oficina. Desde hace años, y para que te quedes tranquila me lo aconsejó mi padre, que también las tiene.

Jamás las había sacado de la caja fuerte, pero Adrian me había disparado y tú estabas con él, no sabía qué nuevas intenciones tenía.

—¿La hubieses usado? —pregunto con temblor en la voz.

—Por ti haría lo que fuese, Brooke. No pensaba permitir que tu primo nos volviese a joder la vida.

—Sabes, Cole, creo que no te reconozco —susurro mirándolo a los ojos.

—Pues deberías reconocer a este hombre que te ama sin límites y daría todo y haría lo que fuese para protegerte a ti y a nuestro hijo —confiesa ofendido—. No sé cómo querías que actuase ante la situación con Adrian, pero necesito que te conste que no me arrepiento de nada.

—En estos momentos tengo muchas dudas —murmuro observando a mi hijo.

Siento que me toma con delicadeza por el mentón, hace que lo mire y me pregunta de frente, serio:

—¿Dudas con respecto a qué?

—Nosotros —susurro con un hilo de voz.

Cole cierra los ojos y siento cómo tensa la mandíbula.

—¿Qué me estás queriendo decir? —inquiere tras un largo suspiro.

—No sé si quiero casarme contigo dentro de unos días —revelo con miedo.

—¿Tus sentimientos por mí han cambiado o todo es debido a lo que pasó con tu primo? —intenta averiguar, lo percibo controlándose.

—Es una mezcla de todo. Estoy muy confundida en estos momentos.

—Bien. ¿Qué propones? —pregunta con interés, retorciéndose las manos con impaciencia.

—Me gustaría estar unos días sola.

—¿Quieres que me vaya del ático? —propone.

—Es tu casa, no quiero echarte.

—Puedo irme a un hotel.

—Me iré unos días con Daphne —determino.

—¿Por qué no te vas a la casa familiar de Los Hamptons? —plantea y me quedo en silencio—. Es un lugar con medidas de seguridad que me harían estar tranquilo con respecto a dónde te encuentres. Si quieres ir con Derek… Puedo llevaros cuando me digas. Te daré todo el espacio que necesites.

—Gracias —susurro con la voz cortada. No esperaba tanta generosidad, pensé que se tomaría mi decisión más a lo tremendo, incluso me prohibiría llevarme a nuestro hijo—. Tu madre me propuso pasar unos días allí en plan despedida de soltera con tus hermanas.

—Haz lo que quieras, Brooke. Llama a mi madre y dile que has cambiado de opinión o lo que desees. Yo solo necesito que estés segura de que te amo y de que lo eres todo para mí. Que nuestro próximo matrimonio es lo mejor que nos va a ocurrir a ambos en la vida.

—Creo que me vendrá bien pasar unos días con tu madre y tus hermanas —determino—. Me llevaré a Derek.

—Bien —accede. Se inclina y susurra muy cerca de mis labios—: Sabes que te esperaré el resto de mi vida, ¿verdad? No hagas nada que no te dicte el corazón.

Cole se levanta y se marcha. Sube las escaleras mientras tomo una gran bocanada de aire y miro a mi hijo con todas estas dudas sobre su padre que me consumen.

La abuela de mi hijo me llama preocupada por lo que ha pasado con mi primo y le planteo que sería buen momento para tomarnos unos días de descanso en Los Hamptons.

Ella lo ve muy buena idea ya que Cole y su padre tienen mucho trabajo en estos días y de inmediato lo acordamos todo para marcharnos esta misma tarde.

Hago una bolsa con algo de ropa para mí y para Derek y voy a despedirme de Cole.

Cuando entro en su despacho y le comunico que me marcho no se levanta del sillón que ocupa. Solo me dice:

—Espero que pronto vuelvas a mirarme con ese fuego en tus ojos que nos consume a los dos.

Soy incapaz de responderle. Le dedico una sonrisa forzada, salgo del despacho, Cole me sigue, nos ayuda a bajar y montarnos en el coche de su madre, me da un beso en la frente y nos desea buen viaje a todos.

El chófer de los padres de Cole conduce, vamos en un coche amplio de siete plazas, y cuando las niñas y Derek se han dormido en el camino, la abuela de mi hijo me pregunta con discreción:

—¿Está todo bien entre tú y mi hijo? No habéis tenido una despedida muy cariñosa, más bien os he visto tensos.

—Necesito unos días de descanso, pensar. Todo lo de Adrian me ha dejado un poco tocada —susurro y cierro los ojos con la cabeza apoyada en el respaldo del sillón.

Maggie no dice nada más el resto del camino y agradezco su discreción, pese a que no dudo que en los siguientes días insista en el tema.

***

Llevamos tres días en Los Hamptons y me siento muy relajada. La compañía de Maggie, las hermanas de Cole y mi hijo era justo lo que necesitaba para pasar el duelo de Adrian.

El padre de mi hijo me ha escrito varias veces al día en este tiempo, no hemos hablado por teléfono, y siempre se ha interesado por cómo estamos Derek y yo.

Hoy es viernes, hemos decidido pasar el fin de semana entero en esta preciosa casa y cuando los tres niños duermen, tras un intenso día en la piscina, Maggie y yo nos tomamos un refresco en el jardín.

—¿Me vas a contar qué te pasa con mi hijo? Es evidente que os sucede algo. Puedes confíar en mí.

Tomo una bocanada de aire profundo y le cuento a Maggie con lujo de detalles todo desde que Adrian me llamó para que fuese a verlo tras escaparse del hospital hasta que Cole se presentó allí y ambos presenciamos cómo se quitó la vida.

—Pensé que sabía todo de la vida de Cole —concluyo.

—¿Sigues amándolo? —pregunta con calma, mirándome a los ojos.

—Sí, eso es algo que nunca va a cambiar —confieso con el corazón en la mano.

—Te voy a contar algunas cosas que yo le oculté a Logan, mucho más graves en nuestro matrimonio, y que me perdonó porque el amor todo lo puede.

—Maggie me relata con lujo de detalles su historia completa con su marido y me encanta escucharla y que tenga tal confianza en revelar todo como lo hace sin tapujos—.

En vuestro caso, Cole no es responsable de esos secretos familiares que desconoces y yo te voy a revelar.

Indistintamente de que te cases con mi hijo o no, eres la madre de mi nieto y esto le afectará a él en un futuro de alguna forma porque también es un Kessler.

Cole tuvo que presenciar con dieciocho años como su abuela paterna reconocía que era muy poderosa, que había mandado a matar a mi propio padre para proteger a mi marido y que Logan era fruto de una relación extramatrimonial que tuvo con un exsecretario de estado del país y ella conocía muchos secretos de la nación.

Logan estaba metido en ciertos líos deshaciéndose de la empresa de mi padre y fue acusado por la policía y se enfrentaba a la cárcel.

Su madre movió hilos y todo quedó en nada, su nombre limpio y nuestra familia a salvo e intocable.

Lia dejo una caja fuerte a nombre de su hijo con grandes secretos nacionales que solo Logan conoce.

Por supuesto que somos una familia con mucho poder, pero no hemos hecho nunca uso de este.

Que cierto sector de la mafia sepa que los Kessler somos intocables es porque Lia se encargó de ello antes de morir.

Cole solo heredó todo esto, nada es obra de él.

Y si mi hijo tenía un arma en su caja fuerte era porque Logan se lo propuso por su seguridad cuando pasó todo lo de su abuela.

A mí tampoco me gusta tenerlas en mi casa, pero mi marido me convenció de que era necesario.

No sabíamos si podrían entrar en nuestras casas en busca de esos documentos tan importantes que Lia dejó.

Por supuesto, mi marido los tiene a buen recaudo donde nunca nadie ajeno a la familia los encontrará.

Es la historia de los Kessler, Brooke. Si Cole no te contó nada de todo eso supongo que fue para no asustarte.

Pero jamás pienses que mi hijo no es quien crees que es.

Solo lleva sobre sus hombros una carga familiar que no le pertenece.

Cole te ama, y renunciaría a todo por ti.

Jamás pensé verlo así de enamorado de una mujer y es algo que realmente me emociona.

Varias lágrimas ruedan por mis mejillas al comprender que la vida de Cole no ha sido tan fácil como pensaba. Hasta el momento solo tenía nociones de ciertas partes de ella, ahora que la conozco al completo lo amo mucho más.

—Gracias, Maggie, por confiarme todo esto —susurro con emoción.

—De nada. Espero haber alejado todas tus dudas.

—Lo has hecho. En estos momentos solo quiero correr a los brazos del hombre que amo y decírselo —manifiesto con nostalgia.

—Pues hazlo —me anima con una enorme sonrisa—. Ahora —me ordena con cariño.

—¿Ahora? —pregunto con los ojos muy abiertos, con dudas.

—¿Qué te impide ir hasta Nueva York y aparecer en el ático sorprendiendo a Cole en mitad de la noche? —propone—. ¿Puede haber algo más romántico?

Le devuelvo una sonrisa traviesa y asiento.

—¿Cuidarías de Derek hasta mañana? —pregunto con ilusión.

—Haré algo más que eso, le pediré a Logan que venga a pasar el fin de semana con nosotros y ambos cuidaremos de nuestro nieto junto con las niñas. Cole y tú os merecéis una larga reconciliación después de todo por lo que habéis pasado estos días.

Me abrazo con fuerza a mi futura suegra y le susurro:

—Gracias. Te quiero, Maggie.

—Y yo, Brooke, mi hijo y toda nuestra familia somos muy afortunados de tenerte con nosotros. Cole no podía haber encontrado a una mujer mejor —susurra con orgullo y siento todo lo que me aprecia.