Capítulo 53
Cole
Me despierto temprano, hoy tengo una reunión muy importante. Estoy adelantando trabajo para el mes que estaré fuera con motivo de mi boda. Solo quedan veintinueve días y no veo la hora de disfrutar de todos los destinos que he organizado con Brooke y nuestro hijo. Espero sorprenderla.
Le doy un beso a la mujer que amo, duerme profundamente a mi lado y me meto en la ducha. Luego me despido de mi hijo y le envío un mensaje a Brooke deseándole un buen día y comunicándole que no regresaré a casa hasta la noche.
Desayuno con mi padre en la oficina, mantenemos varias reuniones juntos y a la hora del almuerzo estoy un poco intranquilo porque Brooke no me haya respondido al mensaje que le dejé.
La llamo y no me coge el teléfono. Me comunico con el servicio de mi casa y me dicen que Brooke ha salido sola y se ha dejado el móvil en el sofá.
Pienso que lo habrá olvidado y me desentiendo del asunto, pero a los quince minutos recibo una llamada de la policía en la que me comunica que hoy se procedía al traslado de Adrian a la prisión donde deberá cumplir condena y que en un descuido en el hospital se ha escapado.
La policía me indica que han avisado a su familia más directa, que resulta ser Brooke, pero al no atender las llamadas se han puesto en contacto conmigo.
Maldigo de golpe por lo alto y una sensación de miedo me recorre el cuerpo.
Estoy seguro de que la madre de mi hijo ha dejado de forma consciente el teléfono en casa para que no la localice y ha ido en busca de Adrian.
Me dirijo a mi ordenador y nuevamente jaqueo el móvil de Brooke, necesito saber si su primo se ha puesto en contacto con ella o son solo ideas raras mías.
La madre de mi hijo tiene una llamada desde un número del hospital que atendió y tuvo una duración de cuatro minutos y quince minutos después la llamó la policía, pero no lo cogió.
Estoy seguro de que Adrian se ha puesto en contacto con Brooke, pero no cuento con nada más.
Por suerte, compruebo que la madre de mi hijo se ha llevado uno de mis coches y todos tienen un localizador instalado.
Entro en las cámaras del garaje del edificio, y localizo qué coche ha cogido y lo encuentro de inmediato.
La ubicación es en unos trasteros cerca dónde vivía Brooke con su madre.
Sin dudarlo, salgo de mi despacho como una bala, ni me paro a decirle nada a mi padre.
Solo le pongo un mensaje de camino en el que le indico que se encargue de las reuniones pendientes en el día de hoy porque me ha surgido algo importante.
De camino a la ubicación de Brooke llamo a mi abuelo para que hable con sus contactos en la policía y me guie cómo tratar este delicado tema. Lo que menos deseo es involucrar a la madre de mi hijo en nada, pero tampoco quiero que corra peligro alguno.
Conduzco sobrepasando los límites de seguridad mientras maldigo que Brooke haya sido tan inconsciente de quedar con Adrian, arriesgándose de esa forma cuando este nos quiso matar a ambos. La amo con locura, pero no le pienso perdonar esto.
Estaciono mi coche al lado del que Brooke ha usado y miro alrededor.
Es una calle tranquila, poco transitada.
Dejo la chaqueta en el coche y me remango las mangas de la camisa.
La puerta principal de la nave de trasteros se encuentra abierta y no dudo en entrar.
Lo hago de forma lenta, con sigilo, intentando no hacer ruido y escuchar qué está sucediendo dentro.
Estoy seguro de que Brooke se ha reunido con Adrian en este lugar.
Al fondo existe una puerta entreabierta, me dirijo hacia ahí y escucho la voz calmada de Brooke que dice:
—Adrian, tienes que entregarte. Estás convaleciente y sigues necesitando cuidados en la enfermería de prisión —intenta convencerlo.
—Solo quería hablar contigo, Brooke. Te llamé mil veces para que fueses a verme al hospital. Tengo algo importante que decirte.
—Le disparaste al hombre que amo, casi lo matas. Luego lo intentaste conmigo —le recuerdo—. Comprenderás que no quisiese saber nada de ti.
—Lo sé. Estaba muy colocado y tenía mucha rabia con el padre de tu hijo.
Solo quiero pedirte perdón por lo que hice.
Me escapé porque yo ya estoy muerto, Brooke.
En cuanto ponga un pie en prisión ajustarán cuentas conmigo.
En la cárcel me someterán a torturas que no puedes ni imaginar.
Gracias por venir, solo quería decirte que siento todo el sufrimiento que te he ocasionado.
Me equivoqué de vida y ya es tarde para mí —reconoce.
—¿De verdad lo sientes o esto es solo una encerrona? —Aparezco ante ellos y ambos me miran con los ojos muy abiertos. No esperaban mi presencia.
—Cole, ¿qué haces aquí? —inquiere Brooke, agitada y nerviosa al verme.
—Ya hablaremos —le advierto con los dientes apretados, mirándola muy enfadado, y me centro en su primo—. Te prohibí que volvieses a tener trato con él —ladro.
Observo a Adrian, está sentado en una silla vieja con el pijama del hospital. Brooke está a su lado en pie. El trastero, de no más de cincuenta metros cuadrados, está lleno de maquinaria antigua y ladrillos.
—No te la des de digno, Kessler —murmura Adrian—. Tu abuelo fue uno de los grandes de la mafia. Toda tu fortuna…
Brooke me mira con sorpresa, esa parte de mi vida no se la había contado bien, pero yo ni siquiera conocí a Harrison Wexler.
—La fortuna que poseo es por mi padre, él es un hombre limpio. Acabó con muchos de tu círculo —escupo con orgullo.
—Es intocable —dice Adrian—. Nadie se mete con los Kessler, esa es una regla que he descubierto hace poco, cuando te disparé. Sabía que citando a Brooke aquí tú aparecerías tarde o temprano. Sácame de esta, puedes hacerlo —me ordena.
Me coloco al lado de Brooke y la pongo detrás de mí, protegiéndola.
—Te has labrado tu propio camino. Te di una oportunidad. ¿Recuerdas?
—Tienes influencias como para evitar que vaya a la cárcel, darme otro nombre y que empiece otra vida —solicita.
—Adrian… Cole no puede hacer eso —intercede Brooke.
—Desconoces muchas cosas del padre de tu hijo. Es mucho más poderoso de lo que crees. ¿Verdad que sí puedes, Cole? —pregunta el desgraciado con una sonrisa frívola.
—No voy a mover un solo dedo por ti —le espeto con calma.
—Soy el único familiar de la mujer que amas —me recuerda a modo de conmoverme.
Mi reloj vibra y leo el mensaje de Malcolm.
—La policía viene de camino —le anuncio a Adrian—. No protegería a una persona que considero un peligro para mi mujer y mi hijo. Has golpeado a Brooke en más de una ocasión, me has disparado y lo intentaste con ella. No te daré la oportunidad de que el siguiente sea mi hijo.
—¿No lo entiendes? Estoy muerto por haber atacado a un Kessler. Yo no sabía quién coño eras —alza la voz y lo siento desesperado.
—No es mi problema —manifiesto de forma contundente. No me da pena.
El primo de Brooke la mira y le indica:
—No es mucho mejor que yo.
Tengo a Brooke tomada por el brazo y siento la duda en su mirada y cómo tiembla.
Las sirenas se escuchan fuera. La policía entra en el trastero, Adrian no se altera, les sonríe como si los esperase. Mira a Brooke, saca un cuchillo escondido en el pantalón del pijama y se lo clava con frialdad y precisión en la yugular delante de todos.
Brooke grita y corre hacia él. Intenta auxiliarlo, desesperada, durante varios minutos, pero no hay nada que hacer. No puede detener la hemorragia. Cuando ella se da cuenta de esto alza sus ojos hacia mí y siento como si me culpase de la muerte de su primo.
—Solo nos estaba pidiendo ayuda. No nos atacó —susurra a su lado, llorando, mientras la policía despeja la zona y yo intento llevármela.
Abrazo a Brooke, la saco del almacén y salimos a la calle.
—Lo siento —murmuro. Siento que haya tenido que presenciar cómo se quitaba la vida. No esperaba esa reacción por parte de Adrian.
—¿De verdad, Cole? —inquiere sin creerme, mirándome de una forma fría y distante que me hiela la sangre.
—Vámonos a casa. Aquí no hacemos nada. Mi abuelo se encargará de todo —le ordeno rodeando sus brazos.
Nos montamos en el coche y llegamos al ático en un sepulcral silencio. Brooke está manchada de sangre de atender a su primo, se mete en la ducha y me excluye de su espacio.
Luego aparecen en casa Daphne y Jax, interesándose por lo sucedido, ha salido en las noticias, y se marcha con ellos, solo me informa:
—Voy a encargarme de todo lo de Adrian. Cuida de Derek.
Siento a la mujer que amo fría y distante conmigo, y lo que más me alarma es esa desconfianza que leo en sus preciosos ojos. No me gusta nada.
Brooke regresa casi a medianoche. Le he enviado mensajes y hecho llamadas, pero no me ha contestado a nada. He vuelto a rastrear su posición y la de sus amigos sin remordimiento alguno para saber que estaban bien en todo momento.
Derek se ha dormido con el último biberón del día y yo espero a la mujer que amo en el salón. Cuando entra se sorprende de verme ahí.
—¿Por qué no me contestabas los mensajes y llamadas? —le reprocho a Brooke levantándome y caminando hacia ella en cuanto pone un pie en el ático.
—Llevaba mi móvil encima en todo momento, y eres experto en jaquear mi teléfono y mi posición.
No debí usar uno de tus coches cuando me reuní con Adrian —me espeta de golpe, al mismo tiempo que cierro los ojos y trato de controlarme.
Aún no le he echado la bronca por verse con Adrian a mis espaldas.
Brooke sabe que la encontré por los localizadores que tienen mis coches.
Debe de haber recordado cuando me robaron el vehículo en la puerta de su casa.
—Brooke, tenemos que hablar —le indico colmado de paciencia.
—Como comprenderás, no es el momento. Estoy cansada, Cole. Acabo de enterrar al último familiar que me quedaba —dice, enfadada, y siento que me hace responsable de esa falta.
—Bien, vamos a la cama. Entiendo que estés exhausta. Hoy has pasado por mucho —susurro, comprendiéndola.
—Prefiero dormir sola, lo necesito. Me iré a la habitación que ocupé cuando me trasladé a este ático.
—¿De verdad, Brooke? —pregunto, atónito. No doy crédito de que me aparte de su lado en estos momentos.
—Quiero estar sola y pensar. Por favor, respétalo —me espeta al mismo tiempo que me dirige una mirada fría y distante.
—Las parejas estamos para darnos apoyo en estos difíciles momentos —intento acercarme a ella.
—Pensé que también para no tenerse secretos, y por lo visto tú los tienes conmigo. Adrian dijo cosas sobre tu familia y el poder que tenéis que no le desmentiste.
—Son asuntos muy complicados. Prefería que estuvieses al margen.
—Soy la madre de tu hijo y me pediste matrimonio, se supone que debería de saberlo todo sobre ti —me reprocha.
—Sobre mí lo sabes todo. Te lo aseguro. Y lo más importante de mi vida es que te amo y haría lo que fuese por ti.
—¡¿De verdad?! —inquiere. Me duele que lo ponga en duda.
—Hoy se trataba de Adrian, no de ti. No podía mover unos hilos muy importantes por un hombre que te había puesto la mano encima en más de una ocasión, me disparó y lo intentó contigo.
Tu seguridad y la de nuestro hijo siempre será mi prioridad.
No me estaba pidiendo nada fácil, espero que lo comprendas.
Y creo, que, como tú, tampoco intuía lo que iba a hacer delante de nosotros.
Nos cogió a todos por sorpresa que se quitase la vida de pronto.
—Fue un acto desesperado, sabía que lo que le esperaba era peor —justifica.
—De algo que él solo se había buscado al atacarnos. No somos responsables, Brooke —trato de convencerla.
Ella me mira en silencio, con dudas, y luego susurra:
—Voy a darme una ducha, necesito dormir.
Asiento en silencio por mucho que me apetezca abrazarla y ofrecerle consuelo, creo que en estos momentos lo más sensato que puedo hacer, dadas las circunstancias, es respetar el dolor que siente por esta pérdida.