Capítulo 52
Brooke
Sentir los labios de Cole recorrer todo mi cuerpo, con la ternura y la delicadeza que me acaricia me deja sin fuerzas por completo. Nos quedamos completamente desnudos, nos admiramos, nos abrazamos y nos besamos. Gimo sobre los labios del hombre que amo. Lo necesito dentro de mí.
—No tengas prisa, mi amor —susurra en mi oído sintiendo mi urgencia.
—Cole, por favor —le ruego, perdida por el deseo.
Él esboza una amplia sonrisa, sabe muy bien lo que hace. El estado en el que me tiene y todo lo que siento en estos momentos.
Perdida en sus increíbles ojos, acariciándole el rostro lo siento tantear mi entrada. Estoy más que preparada para él. Alzo las caderas, percibo como Cole comienza a entrar muy despacio dentro de mí mientras lo observo cerrar los ojos y apretar los dientes.
—Joder, Brooke, esto es increíble.
—Por favor, Cole —le vuelvo a suplicar, presa del deseo.
Él me mira y se apodera de mis labios, nos besamos con pasión mientras comienza a moverse de una forma muy sensual dentro de mí.
Hace círculos con sus caderas y presiento que voy a morir ahí mismo de absoluto placer.
Luego empieza a salir y a entrar de mí con fuerza, me agarro a sus musculosos brazos y le sigo el ritmo sin dejar de besarnos. Es simplemente mágico.
Cole hace que me corra primero y a los pocos segundos lo hace él. Se vacía con fuerza en mi interior y hace que tenga otro orgasmo increíble. Se derrumba sobre mí, nos abrazamos, nos besamos y no decimos nada hasta recuperar el aliento y el ritmo de nuestros corazones.
Tumbada al lado del hombre que amo, me tiene abrazada, le acaricio el abdomen contemplándolo.
—Tienes un cuerpo de infarto —susurro—. No sabes cómo tuve que controlar mi mirada cuando te vi en bañador por primera vez —confieso perdida en el pasado.
Cole esboza una amplia sonrisa y me da un beso en la frente.
—Soy todo tuyo, Brooke. Nunca había sentido nada parecido por una mujer. Haces que te desee de una forma casi irracional. No tienes idea de todas las veces y las formas en las que he fantaseado que te hacía el amor —revela.
—Ahora podemos hacerlo realidad. Cuéntame esos sueños, futuro esposo —lo aliento con una enorme sonrisa.
Se acerca a mi oído y me confiesa algunas cosas que me ruborizan, no es que sea una experta en el sexo, pero sé que tengo al mejor maestro, luego añade:
—El resto no pienso desvelarlo. Tengo que sorprender a mi mujer.
—Contigo lo deseo todo. Me dejo llevar. Confío plenamente en ti, Cole.
—La noche es muy larga, amor mío. No pienso abandonar esta habitación en varios días. Nos merecemos un tiempo solo para nosotros, amándonos sin límites después de todo por lo que hemos pasado.
Beso a mi futuro marido con pasión y en esta ocasión soy yo la que toma la iniciativa y dejo que disfrute.
Pasamos la noche entera amándonos, nos despertamos casi al mediodía, nos metemos en la ducha juntos, dando rienda suelta a la pasión de nuevo y hacemos algo de comer en la cocina entre caricias y miradas cómplices.
Me siento en una completa nube de la que no quiero bajar.
Cole me hace la mujer más feliz de la tierra, también la más amada, y es una sensación tan nueva que cierto vértigo se apodera de mí.
A media tarde llamamos a los padres de Cole para interesarnos por nuestro hijo. Maggie nos dice que es un niño muy bueno y que están encantados de cuidarlo.
Esta noche Cole me ha sorprendido llevándome a cenar a un lujoso restaurante con vistas maravillosas.
Hemos vuelto a casa y ni siquiera hemos podido llegar a la habitación.
Nos desnudamos con prisa e hicimos el amor en el salón sobre la gruesa alfombra.
Nos quedamos ahí tumbados, abrazados y haciendo planes de futuro.
Al día siguiente decidimos ir a recoger a nuestro hijo, lo hemos echado de menos, volvemos a casa, a Cole le retiran los puntos por completo y se incorpora al trabajo mientras yo, junto con Maggie, comienzo a buscar vestidos de novias y a hacer preparativos para organizar la boda.
Cole no quiere esperar mucho, pero lo he convencido de que en dos meses podremos tener todo preparado y ha accedido a esperar ese tiempo.
Por otro lado, los medios de comunicación se han hecho eco de mi futura boda con Cole Kessler y no paran de hablar sobre ello. Maggie dice que tengo que acostumbrarme a ser la esposa de un hombre que muchas mujeres deseaban y ahora solo será mío.
Por el momento, he decido posponer trabajar en el hospital hasta que Derek tenga un año.
No quiero perderme nada de él, y entre la organización de la boda, el viaje de novios y todo lo demás prefiero dedicarles tiempo a los dos hombres de mi vida.
Nos merecemos comenzar este camino juntos con toda mi dedicación hacia ellos.
***
Un mes después
Acabo de dejar a Derek dormido en su cuna, me siento en el sofá junto a Cole y él me abraza. Lo había dejado con el gran dossier de la boda que me entregó la organizadora. Ya está todo casi listo para el gran día.
—Madre mía, menos mal que te has encargado tú y mi madre de todo.
—Cole acaba de comprobar que hemos tenido que elegir el color de la vajilla, las alfombras, las sillas, los manteles, las flores…
—. Si lo llego a saber, te rapto y nos hubiésemos casado en Las Vegas como mis padres.
Ya serías mi mujer y hubiésemos evitado todo este lío.
—Será una boda bonita que recordaremos siempre. Vivirla junto con nuestra familia es emocionante.
—He repasado la lista de tus invitados. ¿Estás segura de que solo vas a invitar a Daphne y Jax con sus parejas? ¿Ningunos de los otros amigos de la universidad? —pregunta con sorpresa.
—Ellos son como mi familia. El resto solo son compañeros que no me apetece que compartan un día tan íntimo.
—Vale, por mi parte le dije a mi madre que redujese la lista. También quiero algo especial—. Cole me besa y susurra sobre mis labios—: Treinta días para que seas mi esposa. Lo estoy deseando.
—¿Qué diferencia existe a cómo nos encontramos en estos momentos? Este tiempo que llevamos viviendo juntos y felices ha sido maravilloso. Soy toda tuya.
—Porque no veo la hora de que todos te llamen señora Kessler y seas mía de todas las formas posibles —carcajea—. También porque quiero irme a recorrer el mundo con mi mujer. Yo también he hecho mi parte y tengo listo el viaje que haremos. Un mes entero de luna de miel juntos —puntualiza.
—No voy a estar un mes sin ver a mi hijo —le advierto.
—Lo sé, ni yo tampoco podría aguantar sin él. He programado diez días solos tú y yo tras la boda, diez días con Derek y los últimos diez días solos de nuevo. Mis padres cuidarán encantados de su nieto.
—Vale —accedo a su plan. Lo veo soportable. Luego Cole se pone serio, me mira y sé que me oculta algo—. ¿Qué pasa? —le pregunto con miedo.
—En unos días trasladan a Adrian al centro penitenciario —anuncia. Mi primo se salvó y ahora será juzgado y condenado por dispararle a Cole e intentarlo conmigo.
—He estado siguiendo su evolución —le revelo, no se lo había dicho. Cole me mira con cierto enfado. Me prohibió que me acercase a él—. No lo he visto —le dejo claro—. Unos compañeros que trabajan en el hospital en el que se encuentra me mantuvieron informada de su estado.
—Adrian no volverá a acercarse a nosotros. Le tendí mi mano y le di la oportunidad de cambiar su vida. Lo desaprovechó —manifiesta, tajante.
—Lo sé. No tiene nada que no se merezca. Solo me duele que haya acabado así siendo tan joven.
Cole me abraza y me besa, intenta borrarme el mal recuerdo de Adrian, y lo consigue. Me centro en sus caricias y me dejo llevar. Terminamos haciendo el amor en el sofá hasta que nuestro hijo llora y vamos en su auxilio. Lo llevamos a la cama con nosotros y admirándolo nos quedamos dormidos también.