La debilidad del diablo Capítulo 51
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Capítulo 51

Cole

Los seis días que llevo en casa con mi hijo y Brooke resultan ser los más felices de mi vida. Tenerlos a ambos, disfrutar de ellos y apreciar todo el amor que la madre de mi hijo me tiene cada vez que la miro a sus ojos me hace sentir un hombre orgulloso de su familia y afortunado.

Si en el hospital Brooke se desvivió y desveló por cuidarme en todo momento, en casa no ha sido menos. No se ha despegado de mi lado y ha supervisado que mantenga el reposo pese a que ya me encuentro en perfectas condiciones. En unos días me quitarán los puntos y estaré como nuevo por completo.

Hoy mis padres nos han invitado a su casa y será nuestra primera salida desde que regresé del hospital. Jamás me había sentido tan bien encerrado en mi ático durante tanto tiempo.

Tenemos una comida familiar para celebrar que estoy recuperado. Me apetece pasar el día con la gente importante y que quiero en mi vida. También están invitados mis mejores amigos, Spencer y Axer y los amigos de Brooke.

La mujer que amo está frente al espejo del baño retocándose el pelo mientras yo la admiro recostado en el marco de la puerta. La encuentro cada día más maravillosa e increíble. Jamás he deseado a ninguna mujer como a ella.

—Doctora Sullivan —llamo su atención—, ¿cuándo tiene pensado darle el alta a este paciente? —La miro con una sonrisa caminando hacia ella. La tomo por la cintura, pego su espalda a mi pecho y la observo a través del espejo. Sé que ella lee el deseo en mis ojos.

—Pronto —susurra en tono bajito, como si fuese una confesión.

—¿Y si pido el alta voluntaria? Te juro que ya no aguanto más —confieso besándole el cuello, aspirando su dulce aroma.

—¿Te crees que eres el único que está haciendo un gran esfuerzo? —inquiere mirándome a través del espejo. Sus ojos desbordan pasión y deseo.

—Ya estoy recuperado. Solo me tienen que quitar los puntos pasado mañana. Soy fuerte —le recuerdo intentando que acceda.

—Cuando te quites los puntos —zanja el asunto revolviéndose en mis brazos y besándome a modo de contentarme con ello.

—Ya veremos —le indico. Le doy otro beso y nos disponemos a marcharnos con nuestro hijo a casa de mis padres.

Mis hermanas nos reciben muy contentas, no se separan del carrito de mi hijo en ningún momento y soy inmensamente feliz observando cómo disfrutan ejerciendo de tías. Estoy seguro de que cuando Derek crezca las va a adorar a ambas.

Sentado a la gran mesa que mi madre ha preparado, es una gran anfitriona siempre, miro con detenimiento a toda mi familia, mis padres, mis hermanas, mis abuelos, mis amigos, los amigos de Brooke y a mi hijo en los brazos de la mujer que amo.

En estos momentos soy consciente de lo inmensamente afortunado que soy en la vida por tenerlos a todos ellos.

He estado a punto de morir y ahora valoro todo mucho más.

Me inclino hacia Brooke, sentada a mi lado, le doy un beso en la mejilla y alzo un poco la voz para llamar la atención de todos los presentes. Tengo algo que decir y quiero que me presten atención.

—Familia, me gustaría decir unas palabras —anuncio. Me coloco en pie tras sonreírle de forma cómplice a la mujer de mi vida, estoy sentado a la cabecera de la mesa.

Cojo a mi hijo en brazos, todos me prestan atención y sonríen. Comienzo a decir:

—Familia, es un privilegio contar con todos vosotros en mi vida.

Creo que hasta que recibí este golpe —obvio decir disparo porque mis hermanas están presentes—, no he sido consciente de lo realmente afortunado que soy al teneros a todos en mi vida.

Cuento con los mejores padres del mundo —los miro y les sonrío, puedo apreciar que a mi madre se le salga alguna que otra lágrima—, con unas hermanas adorables, os quiero —le lanzo un beso a cada una de ellas—, con unos abuelos maravillosos, unos amigos que siempre están en las malas y en las buenas, con un hijo al que quiero con locura y una mujer a la que amo por encima de todo y por ella haría hasta lo que jamás imaginé.

Te quiero, Brooke. Nuestro senda no ha sido fácil, pero cada dificultad ha merecido la pena hasta llegar a este momento donde tenemos claro el camino que queremos seguir.

Siempre juntos, mi amor. —Todos aplauden y Brooke se limpia las lágrimas de su rostro, emocionada—.

Ahora voy a hacer algo que jamás pensé que llevaría a cabo en mi vida —anuncio y todos me miran con expectación—, y mi hijo será cómplice de ello.

—Oh, lo va a hacer… —escucho que mi madre le dice a mi abuela, emocionada.

Me posiciono al lado de Brooke, coloco una rodilla en el suelo, meto una mano en el bolsillo de mi pantalón, con la otra sujeto a mi hijo, y me lanzo de lleno:

—Brooke Sullivan. Te amo, eres la mujer de mi vida. ¿Quieres casarte conmigo?

La madre de mi hijo se lleva las manos a la boca, me mira con sorpresa, sus ojos se anegan de lágrimas y la observo asentir con una tierna sonrisa mientras no deja de llorar.

Me pongo en pie, me acerco a ella, me vuelvo a agachar y la miro a los ojos. Brooke coloca ambas manos en mis mejillas y me da un beso.

—Sí, quiero —susurra apenas sin voz de la emoción.

Todos a nuestro alrededor estallan en aplausos mientras le coloco el anillo de oro blanco y diamantes que le he comprado en su mano. Espero que nunca descubra la fortuna que me ha costado esta joya porque estoy seguro de que la rechazaría, pero mi futura esposa no se merece menos.

—Esto no me lo esperaba —confiesa entre besos.

—Lo quiero todo contigo, Brooke. Ya lo sabes.

—Te amo, Cole.

—Y yo.

La comida en casa de mis padres se convierte en la mejor de toda mi vida.

Llega la hora de marcharnos y cuando Brooke coge a Derek en sus brazos le indico:

—Nuestro hijo hoy va a quedarse con sus abuelos —ella me mira sin entender nada—. Sus padres tienen planes esta noche y no podrán cuidarlo. —Le sonrío y le guiño un ojo.

Brooke chasquea la lengua, ha entendido a la perfección a qué planes me refiero y observo su gesto contrariado.

—No —niega de inmediato.

Me acerco a su oído y le susurro:

—Estoy en perfecto estado y esta noche lo vas a comprobar.

—Yo soy la doctora —refunfuña.

—Y yo conozco mi cuerpo y mis límites. Nuestro momento ha llegado —anuncio con una enorme sonrisa.

Brooke suspira y sabe que no voy a desistir en el empeño.

Nos despedimos de nuestro hijo y nos marchamos a casa.

Brooke insiste en conducir de nuevo hacia el ático y le dejo llevar mi coche, sonrío porque jamás le he permitido coger ninguno de mis preciados automóviles a ninguna mujer, pero sé que ella siempre hará conmigo lo que quiera. Soy suyo en cuerpo y alma.

Estamos parados en un semáforo cuando alza la mano con sus ojos fijos en la joya que he colocado en su dedo y dice:

—Es un anillo increíble. ¿Cuándo has organizado todo esto? No me he movido de tu lado en todos estos días.

—Para que veas lo que tu futuro marido puede hacer con un par de llamadas mientras dormías a nuestro hijo —reconozco con una sonrisa.

—Aún tengo que asimilar que vamos a casarnos. Todo esto me parece un completo sueño —susurra con emoción.

—Futura señora Kessler, no quiero esperar mucho para nuestra boda. Deseo que sea lo más pronto posible.

—Bueno… no sé, supongo que una boda conlleva muchas cosas —murmura y la siento un poco agobiada.

—Preocúpate solo de lo realmente importante que eres tú y el vestido que quieras llevar, el resto podemos delegar en mi madre. Estoy seguro de que en unas semanas nos puede organizar una boda preciosa.

—¿Tanta prisa tenemos? —inquiere con una enorme sonrisa.

—Mucha —contesto besándole el cuello mientras ella está centrada en la carretera—. Quiero que cuando te incorpores a tu trabajo ya estemos casados y hayamos pasado una larga luna de miel. Voy a enseñarte el mundo entero, Brooke.

—Derek es muy pequeño para viajar tanto.

—Lo llevaremos una parte y otra parte puede quedarse con mis padres.

—No me gustaría separarme de él por mucho tiempo.

—A mí tampoco, ya veremos cómo lo hacemos. Solo te pido que me dejes organizar el viaje de novios a mí. Quiero que sea una auténtica sorpresa para mi mujer.

—Bien, lo dejo en tus manos. Yo sería un completo desastre porque nunca he salido de Nueva York. Ni me he montado en avión —confiesa y siento que se haya perdido tanto de la vida.

—Mi padre tiene un avión privado. Voy a enseñarte muchas cosas, Brooke.

Prepárate para ello porque me hace muy feliz que vivas todo esto conmigo.

Tantas primeras veces —comento con emoción—.

Viajaremos en avión, pasaremos unos días en el yate de la familia…

Déjame mostrarte mi mundo, al que ya perteneces.

Todo lo mío es tuyo por el simple hecho de que te amo y nada me puede hacer más feliz que compartir todo lo que tengo contigo.

—Igual debes de tener un poco de paciencia conmigo. Muchas cosas de tu vida me sorprenderán y tendré que adaptarme, no soy como las mujeres a las que estabas acostumbrado —susurra.

—De eso me di cuenta nada más que te miré. Y no quiero que cambies, Brooke. Te amo y siempre te amaré tal y como eres.

—¿Tienes idea de las veces que envidié a tu mujer cuando pensaba que eras un hombre casado y con dos hijas? —confiesa, sonriente.

Aparca en la plaza del garaje del ático, me inclino hacia ella, la beso y susurro:

—Eres mía, mi mujer. Y te aseguro que tú sí que vas a ser la envidia de muchas mujeres, y no por mí, sino porque brillas con luz propia, Brooke.

Soy muy afortunado de tenerte, que tus ojos solo me miren a mí como lo haces en estos momentos.

Ese fuego y deseo que nos consume en estos momentos a los dos, me llena de orgullo saber que solo lo puedo apagar yo.

Nos besamos con pasión, pero no quiero dar rienda suelta dentro del coche. Tengo preparada una noche muy especial que ninguno de los dos olvidaremos.

—Deseo hacerte el amor en cada lugar, pero esta noche será en nuestra cama —susurro sobre sus labios—. Llevo esperando demasiado tiempo este momento —confieso con la respiración agitada.

Salimos del coche entre besos y abrazos, subimos en el ascensor sin dejar de besarnos, creo que ambos sentimos que nos sobra toda la ropa.

Entramos en el ático y hago que Brooke aprecie los pétalos que están en el suelo y llevan hacia nuestra habitación.

Ella me mira con sorpresa. No esperaba nada de esto.

—Hoy es nuestra noche —susurro en su oído abrazándola con mi pecho pegado a su espalda.

Comienzo a caminar con ella de la mano hacia las escaleras.

—Lo tenías todo planeado —dice mientras avanzamos abrazados hacia la habitación.

—Por supuesto. Llevo días planeando el momento de pedirte matrimonio y esta noche especial entre los dos —admito con orgullo.

Abro la puerta del cuarto y cuando Brooke aprecia los pétalos en la cama, las velas, las flores, el champán bien frío y el ambiente romántico me mira con sorpresa.

La tomo con fuerza de la mano, le sonrío y nos encaminamos hacia las copas, las relleno de champán y la insto a brindar.

—Por nosotros, por este amor, por esta noche y por toda una vida juntos.

Brooke une su copa a la mía y ambos bebemos sin dejar de mirarnos a los ojos de forma intensa. Me acerco a ella y la beso.

—Has conseguido ponerme nerviosa —susurra sobre mis labios, la siento tímida.

—Nunca he hecho el amor con ninguna mujer confesándole que la amo. Creo que en cierto modo hoy es como una primera vez para los dos.

—Te amo, Cole.

—Y yo, Brooke. —Me apodero de sus labios y comenzamos a deshacernos de lo que nos sobra.

Nos quedamos en ropa interior, nos acariciamos y la llevo hasta la cama. La tiendo sobre el colchón y admiro su maravilloso cuerpo.

—No tienes idea de todo lo que he soñado con este momento. Voy a comerte entera, Brooke —no es una promesa, es una realidad.