La debilidad del diablo Capítulo 50
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Capítulo 50

Brooke

No me muevo del lado de Cole hasta que el médico le da el alta.

En estos dos días en el hospital hemos recibido las visitas de mis amigos, de sus padres y abuelos y de sus amigos; Spencer y Axer.

Pero las noches han sido nuestras, para hablar con tranquilidad, sin ser interrumpidos, conocernos mejor y contarnos nuestras vidas hasta que nos cruzamos.

Cuando Cole me relata con detenimiento sus años en Qatar, cuando llegó a Nueva York y cómo conoció a su padre lo admiro por el gran hombre que es en estos momentos y aprecio la suerte que he tenido de que sea el padre de mi hijo y me ame como lo hace.

Su vida no ha sido fácil, pero lo importante es que Cole Kessler tiene un corazón enorme y es todo mío.

He ayudado a vestirse al hombre que amo, lo cierto es que me encantan estos momentos con él, donde me recreo en todo su cuerpo, lo admiro y lo siento tan mío que no me lo creo.

—Ya puedes irte a casa —le anuncio a Cole entrando en la habitación, sonriente, lo encuentro de pie mirando por la ventana. En estos días en el hospital se ha recuperado muy bien. Sé lo que lleva esperando este día. Está deseando ver a nuestro hijo.

—Podemos irnos a nuestra casa —me rectifica de inmediato con una sonrisa enorme.

Camina hacia mí con el brazo en cabestrillo, me sonríe y me besa—.

Mi ático será de ahora en adelante nuestro hogar —susurra sobre mis labios—.

Puedes cambiar y remodelar lo que sea para sentirlo más nuestro o si lo prefieres compramos otra casa, la que te guste.

—Yo lo veo perfecto —revelo mirándolo a los ojos, lo que menos me interesa en estos momentos es dónde vivamos—, tanto como tú. Te amo, nuestro hijo nos espera en casa —anuncio y observo cómo a Cole se le ilumina la mirada.

El padre de Cole nos recoge en el hospital y nos lleva hasta el ático donde nos recibe toda la familia junto con nuestro hijo. A las hermanas de Cole le han dicho que su hermano tuvo un pequeño accidente y están deseando verlo. No le han dicho que recibió un tiro.

Cuando llegamos al ático toda la familia nos recibe con besos y abrazos, emocionados. Blair y Harper corren a abrazar a su hermano.

—Cuidado, niñas. Ya os he dicho que Cole no puede hacer esfuerzos —les recuerda su madre con cariño.

Luego Cole saluda al resto de su familia, mientras yo cojo a mi hijo de los brazos de su abuela, lo beso con lágrimas en los ojos, lo he extrañado muchísimo todos estos días, pero mi lugar estaba junto a su padre.

El padre de Cole lo obliga a sentarse en el sofá y soy yo la que le coloca a nuestro bebé en el brazo libre. Lo observa con lágrimas en los ojos, muy emocionado y logra emocionarnos a todos los demás mientras lleva sus labios hasta la frente de Derek. Luego le susurra:

—Ya está aquí papá. Te voy a cuidar y proteger siempre. Te amo.

—Hemos cuidado de él muy bien con mamá y la abuela —dice Blair a su hermano.

—Ya veo, muchas gracias. Derek os va a querer mucho cuando crezca —le indica Cole.

—Bueno, Cole necesita reposo y ya lo hemos visto todos y le hemos dado la bienvenida —dice Logan—. Creo que debemos dejar a esta familia que descanse.

Miro al abuelo de mi hijo con agradecimiento. En estos momentos solo me apetece estar con mi bebé y el hombre que amo, tranquilos.

Despedimos a la familia de Cole, los acompaño a la puerta y cuando regreso al sofá Derek se ha quedado dormido en los brazos de su padre y este lo observa con una enorme sonrisa en los labios. Me siento a su lado y le propongo:

—¿Lo llevamos a su cuna?

—No. Quiero estar aquí con él. Lo he extrañado demasiado. Pasé mucho miedo cuando recibí el disparo, Brooke —reconoce con la voz ronca—. Solo pensaba en ti y en mi hijo hasta que perdí el conocimiento. No quería dejaros.

—Ya estás aquí y vas a cuidarnos el resto de tu vida, mi amor. No pienso despegarme de tu lado nunca más. —Me acerco, lo beso y le acaricio la mejilla, embobada en sus ojos.

—Ve pensando pasar todas tus cosas a mi habitación. No pienso dormir nunca más solo —me indica, sonriente, a modo de orden.

—Estás convaleciente, puede que, por el momento, solo por unos días, dormir solo sea lo más conveniente —planteo con tacto.

—Ni hablar —dice de golpe—. Te quiero en mi cama. ¿Tienes idea de todo lo que te he deseado a mi lado estas noches en el hospital cuando te veía ahí cerca de mí? Además, mi cama es enorme y tener a una doctora junto a mí por si me pasa algo me tranquiliza —comenta de forma cómica.

—Sabe, señor Kessler, en estos momentos tiene el enorme poder sobre mí de concederle casi todo lo que me pida. Está convaleciente y hay que complacerlo para que tenga una pronta recuperación. —Me acerco y le doy un breve beso en los labios.

—Vaya, me encanta saberlo. Creo que me aprovecharé de la situación —comenta con una sonrisa de diablo, pero con sus increíbles ojos grises cargados de amor hacia mí.

Pasamos una hora con nuestro hijo en el salón, admirándolo, comentando los cambios de estos días en Derek.

Va a ser un niño enorme, como su padre. Luego convenzo a Cole de que se vaya a descansar un poco a la cama, me hace caso y se queda ahí con el bebé mientras me doy una ducha y me cambio de ropa.

Paseándome por el ático pienso por primera vez que de ahora en adelante esta será mi casa, hasta el momento mi estancia en este lugar era temporal, pero, ahora ya lo siento como mi hogar, en realidad sería cualquier lugar en el que estuviese con Cole y mi hijo, pero sé que para él es importante que continuemos viviendo en su casa con todas las medidas de seguridad y lujos a los que está acostumbrado.

Al finalizar el día le damos el biberón a nuestro hijo y lo acostamos en la cuna. La hemos trasladado al cuarto de Cole, por petición de él, quiere que estemos los tres juntos.

Dejo a mi hijo en la cuna y siento que Cole me abraza por detrás, me rodea la cintura con su mano libre y me besa el cuello.

—Necesito una ducha —susurra.

Me giro entre sus brazos, lo miro y le indico:

—Te ayudo.

Caminamos hacia el enorme baño y comienzo a desnudarlo, me besa y cuando hace amago de deshacerme de mi ropa lo paro.

—Yo ya me duché antes, solo te voy a ayudar.

—No. Quiero que te metas conmigo, por si me mareo —añade con una sonrisa pícara. Sé que lo hace solo para que acceda a su petición. Desde que se levantó de la cama del hospital ha estado perfecto.

—Eres un tramposo —susurro con una sonrisa. Me deshago de la ropa por completo y siento cómo Cole repasa mi cuerpo desnudo con su mirada. No me mostraba así ante él desde la última vez que nos acostamos y de eso hace ya meses. Siento hasta un poco de pudor.

—Joder, Brooke —murmura estrechándome junto a su pecho y besándome con pasión.

—Bueno, mi cuerpo ha cambiado. Puede que no sea como lo recordabas —susurro con cierto temor. Solo hace un mes y medio que di a luz, aún tengo algunos kilos de más del embarazo y en mi vientre está presente la cicatriz de la cesárea.

—Para mí eres perfecta en todas tus facetas —reconoce mirándome a los ojos. Coge mi mano y la lleva hasta su corazón—. Que se acelere a este ritmo solo lo consigues tú —siento sus fuertes latidos y sonrío.

Cole me da la mano y nos metemos en la ducha.

Abre el grifo y el agua nos moja teniendo cuidado con su herida, me mantiene pegada a él, lo abrazo y lo beso dando gracias que el tiro no lo arrebatase de mi lado.

Cada vez que le observo el apósito en el hombro siento un gran miedo por lo que podía haber sucedido.

Con su mano libre acaricia mi cuerpo, me besa el cuello y hace que lo desee como nunca, pero no podemos hacer esto aún. Está convaleciente.

—Nada de esfuerzos —susurro sobre sus labios.

—Este placer no me supone ningún esfuerzo.

—He accedido a meterme en la ducha contigo, a ayudarte, pero nada más. Debes de tener paciencia. —Él baja la vista hacia su miembro duro y dice—:

—A ver cómo se lo explico.

De repente toco el mando del grifo y pongo el agua fría y la dirijo en esa dirección. Cole da un salto cuando la siente, yo sonrío y digo:

—Creo que es lo que necesitamos ambos. —Estallamos en carcajadas, nos metemos debajo del chorro de agua mientras nos abrazamos y nos besamos.

Salimos de la ducha, siento a Cole en un taburete en el baño y le curo la herida colocándole un apósito nuevo bajo su atenta mirada.

—En ocasiones pensé que era un hombre afortunado por todo lo material que tenía a mi alrededor, pero hoy me doy cuenta de lo equivocado que estaba. Mi verdadera fortuna eres tú. Ese día en el que apareciste en mi vida y te propuse cuidar de mis hermanas —rememora.

Me acerco a él y lo beso con emoción. Esta complicidad y cercanía me parecen un auténtico sueño. Pensé que no podría enamorarme más de lo que ya estaba de Cole, pero, lo cierto, es que cada día lo amo más.

Nos colocamos un pijama y nos metemos en la cama. Cole me abraza y me quedo dormida sintiendo el sonido de su respiración, sabiendo que lo he recuperado en todos los sentidos de la palabra.