Epílogo
Brooke
Un año después
Hoy cumplo veinticinco años y mi marido me ha dicho que me tiene un regalo muy especial que nunca olvidaré.
Hemos recogido juntos a Derek de la guardería, Cole se ha tomado el día libre, y supongo que nos dirigimos a algún restaurante para celebrar con la familia y puede que haya invitado a algunos de nuestros amigos y quiera darme la sorpresa.
Cole para el coche en un aparcamiento, me extiende un antifaz negro y me indica:
—Póntelo, solo faltan cinco minutos para llegar y es una sorpresa que no puedes descubrir antes de tiempo.
—Estás muy misterioso —aprecio, intrigada.
—Confía en tu marido. Te gustará —revela con un guiño de ojo, haciendo que el corazón me dé un vuelco por completo. Cole nunca dejará de causar ese efecto en mí.
Me coloco el antifaz y siento cómo el padre de mi hijo vuelve a poner el coche en marcha. Es un trayecto corto, para el coche de nuevo y siento a mi marido a mi lado ayudándome a bajar.
—¿Y Derek? —me preocupo por mi hijo en el asiento trasero.
—Su abuela se encarga —revela y sé que Maggie está cerca. Derek ama a su abuela y esto hace que me tranquilice.
Mi marido me guía con cuidado, caminamos un poco y me indica:
—Hemos llegado. —Percibo que seguimos en la calle, no hemos entrado en ningún restaurante como espero y encontrarme con toda la familia al completo para recibirme por sorpresa—. Puedes quitarte el antifaz y decirme qué te parece mi regalo, amor mío —dice mi marido.
Llevo mis manos hacia mis ojos, los descubro, y miro el edificio que tengo ante mí. Un letrero grande, con letras azules, llama mi atención y leo:
Clínica pediátrica Brooke Sullivan
Mi corazón se acelera hasta el punto del infarto, mi cuerpo tiembla y se me saltan las lágrimas, admiro al hombre que tengo a mi lado, me tiene cogida la mano con firmeza y me mira con un brillo tan increíble en sus maravillosos ojos grises que hacen que sienta miles de mariposas en mi estómago. Esto no puede ser real.
—Cole… esto… —no atino a construir una frase con sentido. Es demasiado lo que tengo ante mis ojos. Desde que me casé con mi marido nuestra vida ha sido un completo sueño cada día, pero esto… esto sobrepasa todos los niveles. Jamás lo hubiese imaginado.
—Más allá de comprar empresas y hacer negocios me di cuenta de que construir esta clínica financiada por la fundación Kessler y que mi esposa formase parte de ella sería el mejor proyecto de toda mi vida —revela, sonriente—. Es mi regalo de cumpleaños, Brooke.
—Pero… esto es demasiado —susurro apenas sin voz. Miro a mi alrededor y tomo conciencia de que nos acompañan los padres de Cole y sus hermanas.
—Feliz cumpleaños, mi amor. Nada es demasiado para mi esposa —dice Cole y me besa.
Estoy en trance, no sé ni qué decir. Me acaba de regalar una clínica pediátrica que lleva mi nombre. Ni en mis mejores sueños llegué a imaginar que algún día sucediese algo como esto.
—Es toda tuya, Brooke —dice Maggie, sonriente, con su nieto en brazos.
Me abrazo a mi marido, llorando y le digo:
—Pellízcame para saber que esto no es un sueño.
Cole me vuelve a besar, me toma por la cintura, se sitúa detrás de mí y hace que admire la fachada de la clínica. No dejo de llorar, no me lo puedo creer.
De repente, escucho que Blair dice:
—De mayor quiero ser pediatra como Brooke y trabajar aquí con ella.
Harper imita a su hermana y todos estallamos en carcajadas.
—Gracias, mi amor —susurro abrazando al hombre de mi vida—. Pero yo no sé dirigir una clínica, yo solo soy médica.
—Mi madre será la directora. Ella llevará la parte empresarial y económica. Está más que capacitada y ahora que Blair y Harper han crecido lo suficiente está preparada para volver a trabajar.
Miro a Maggie y me abrazo a ella. Es un completo sueño trabajar a su lado.
—¿Cuándo habéis hecho todo esto? —pregunto con sorpresa.
—Llevamos casi un año liados con el proyecto —contesta Logan—. Fue idea de mi hijo y entre los tres lo pusimos en marcha —revela—. Cole ha trabajado muy duro estos meses para que todo fuese una realidad en el día de tu cumpleaños.
Me abrazo a mi esposo, lo beso y susurro sobre sus labios:
—Eres el hombre más increíble sobre la tierra.
—Perdón —me interrumpe mi suegra—, pero el hombre más increíble sobre la tierra es mi marido. —Mira a Logan con tal brillo en sus ojos verdes que siento admiración por ellos. Su esposo le lanza un beso en el aire—. Cole es la proyección de su padre.
—Tenemos a los mejores hombres sobre la tierra junto a nosotras —concluyo colgada del cuello de mi marido, admirándolo con emoción—. No sé cómo agradecerte semejante regalo, mi amor.
—Seguro que se me ocurre algo esta noche —bromea en un susurro en mi oído.
—Y, ahora, pasemos dentro —anuncia mi suegro—. Te espera la verdadera fiesta de tu cumpleaños.
Miro a todos con sorpresa y asienten. Entramos en el edificio y ahí encontramos a nuestros amigos y un gran catering con un despliegue como solo los Kessler son capaces de llevar a cabo para que celebre mi cumpleaños y no lo olvide jamás.
Tras una fiesta increíble y el mejor regalo de mi vida, llegamos a casa, acostamos a nuestro niño y mi marido me lleva hasta el jacuzzi, lo tiene preparado, nos metemos desnudos, brindamos con champán, comemos fresas con chocolate y hacemos el amor como broche final a un día que jamás olvidaré.
***
Dos semanas después
Es lunes y mi primer día de trabajo. Ya hablé con Cole que me incorporaría al hospital cuando Derek cumpliese un año, lo que ignoraba era que lo haría en mi propia clínica.
Mi marido me deja en la puerta después de dejar a nuestro hijo en la guardería, me da un beso antes de bajarme del coche, le acaricio la mejilla con una mano y embobada en sus ojos le confieso:
—Te amo. Gracias por hacer realidad todos mis sueños, en ocasiones pienso que me conoces mejor que yo misma o estás muy metido en mi mente, pero es algo que me encanta. No puedo ser más feliz a tu lado, Cole.
—Jamás pensé que sería tan feliz haciendo realidad los sueños de la mujer que amo. Nunca dejaré de sorprenderte, Brooke.
—Dime, ¿con qué puedo sorprenderte yo? Me siento en desventaja —susurro, sonriente
—Tú ya me distes todas las sorpresas habidas y por haber, ahora es mi turno.
—¿Quieres decir que no me queda nada con qué sorprender a mi marido? —inquiero de forma cómica, imitando desilusión.
—Prueba —me reta con descaro.
—En este año que llevamos casados hemos cumplido todas tus fantasías y me has hablado de todas ellas, de cuando aún no nos habíamos confesado que nos amábamos. Ahora es mi turno —mi marido abre mucho los ojos y sonrío porque sé que lo he sorprendido.
—¿Qué fantasía puede tener mi mujer que aún no hayamos cumplido? —pregunta con intriga, serio. Lo siento preocupado.
—Quiero que me hagas el amor estando embarazada —susurro en su oído a modo de confidencia.
Recuerdo que un día me confesó esto. Cole suelta una enorme carcajada—.
No quiero que Derek se lleve mucho tiempo con sus hermanos, veo a Blair y Harper que solo se llevan de diferencia dos años y deseo algo igual.
Recuerda que me conquistaste siendo padre de dos niñas —sonreímos recordando nuestros inicios—.
¿Qué te parece si en unos meses buscamos otro bebé? —le propongo, sonriente y decidida.
Se acerca, me abraza, me besa y susurra:
—Tú sí que sabes sorprenderme. Deseo otro hijo, una familia numerosa. Pensé que querrías esperar un poco más por tu trabajo.
—Mi trabajo favorito es ser madre, pero puedo compatibilizar la medicina y la maternidad. Te lo aseguro.
—Bien, en unos meses pondremos manos a la obra. Nada me hace más feliz que vivir un embarazo desde el principio con mi esposa, sin perderme nada.
—Cumplirás todos mis antojos —le indico en actitud mandona, pero sonriéndole.
—No te quepa la menor duda. Todos.
—En el embarazo de Derek me dio por comer. Igual te envío a altas horas de la madrugada a comprar algún antojo —bromeo.
—Iré con sumo gusto. Lo que sea por mi mujer.
—Te amo.
—Te haría el amor aquí mismo —susurra mi marido sobre mis labios.
—¿Qué imagen daría, aquí en el aparcamiento de mi clínica el primer día de trabajo? —Fingiendo estar escandalizada, pero atrayéndome la idea para otro momento con menos luz del día.
—Que vaya bien. Nos vemos esta noche en casa. Yo recojo a Derek y hago la cena.
—Gracias por hacerlo todo tan fácil.
—¿Qué puedo hacer si eres mi completa debilidad? —Carcajea. Lo beso, salgo del coche y antes de cerrar la puerta me despido—:
—Te amo, mi diablo.
FIN