Capítulo 48
Brooke
Cole me está dando espacio y es algo que hace que lo admire.
Hemos vuelto a dormir con nuestro hijo y no puedo sentirme mejor junto a él y en su cama.
Hemos dejado a nuestro bebé en casa de su madre, algo que ha hecho muy feliz a Maggie y a sus hijas, y le dijimos que recogeremos a Derek al final de la tarde.
Voy en el coche con Cole hacia el cumpleaños de Jax y me siento nerviosa.
Sé la reacción que van a tener todos cuando aparezcamos juntos, solo Daphne y Jax saben que el padre de mi hijo va a acudir a la celebración.
El resto no esperan que Cole Kessler, el importante hombre de negocios, recientemente premiado por sus logros, acuda conmigo.
Dejamos el coche aparcado y cuando vamos a cruzar la acera Cole me toma de la mano con fuerza, entrelazamos de una forma íntima nuestros dedos y nos miramos a los ojos como cómplices.
Me agrada que haya decidido prescindir de los guardaespaldas desde que Adrian decidió cambiar de vida e internarse en el centro de desintoxicación.
—¿No deberíamos traer un regalo? —pregunta Cole mientras caminamos por la acera y observa que no llevamos nada.
—Daphne se ha encargado de comprar uno conjunto de todos. Si en algún momento te sientes incómodo o fuera de lugar puedes marcharte, sin problema. Pon alguna excusa y listo —le indico de forma amable.
—Brooke, estando contigo nada me resulta incómodo o fuera de lugar, todo lo contrario, es un privilegio.
Lo quiero todo contigo —susurra mirándome a los ojos de una forma tan intensa que consigue que el corazón me dé un vuelco por completo.
Siento ganas de besarlo, pero ya estamos en la puerta del local.
Cuando entramos siento como todos fijan sus ojos en mi mano unida a la de Cole.
Él no me suelta ni yo hago por hacerlo. En realidad, ni nosotros mismos sabemos dónde nos lleva todo esto de aparecer juntos como pareja ante mis amigos, pero teniendo un hijo en común espero que no resulte tan descabellado para los demás.
Abrazo a Jax y lo felicito, cumple veintiséis años. Luego Cole le da la mano y también lo felicita. Ante los ojos de mis dos mejores amigos no pasa desapercibido que algo ha cambiado entre el padre de mi hijo y yo, pero son discretos y no dicen nada.
Mi amigo ha decorado el local y está todo precioso, hay mesas con comida, un photocall para recordar siempre este día, música y bebida.
Presento a Cole como el padre de mi hijo a todas las personas que saludo, él no se mueve de mi lado, está atento y caballeroso en todo momento.
—Me siento raro de que todos me conozcan en un mundo que no es el mío —susurra. Todos nuestros amigos tienen que ver con la rama de la medicina.
—Vivieron el numerito de mi desmayo, como para olvidarlo —bromeo.
—Te juro que no sé ni describir todo lo que sentí en ese momento cuando te encontré y descubrí que estabas embarazada.
Di por hecho que el niño era mío y no sabes la enorme alegría que sentí, pero cuando me dijiste que no era el padre te juro que fue la mayor desilusión de mi vida.
Deseé con todas mis fuerzas que fuese mío y odié a su padre por la suerte que tenía —confiesa y puedo sentir todo lo que debió sufrir.
—Lo siento, Cole —me disculpo—. Sé que me equivoqué y te hice daño —murmuro con pena.
—Dejemos eso atrás y centrémonos en el futuro —propone, sonriente, tomándome por la cintura.
—Nunca te lo he dicho, pero gracias por jaquear mi teléfono y averiguar que Derek era tu hijo. Yo actué presa del pánico —confieso.
—Se lo debemos a mi padre, él me dio la idea —revela y ambos sonreímos—. Logan Kessler es un viejo zorro —murmura y ambos estallamos en carcajadas. Me siento muy orgullosa del abuelo de mi hijo.
Daphne nos interrumpe, nos entrega unas copas y pide un brindis por Jax. Nuestro amigo sopla las velas y luego Cole me saca a bailar.
—Me siento el tío más afortunado sobre la tierra en estos momentos —comenta con una increíble sonrisa pintada en sus labios—. Venir a esta fiesta contigo es lo mejor que he hecho nunca porque estoy comprobando que tienes más admiradores de los que pensaba y todos deben saber que estás ocupada.
—¿Por eso no te has separado de mí en todo el tiempo? —inquiero mirándolo de forma coqueta.
—Tengo que dejar claro que no solo eres la madre de mi hijo, sino la mujer que amo. Y ahora te voy a besar para reafirmarlo —susurra con un brillo especial en sus ojos. Le sonrío. Se inclina y se apodera de mis labios.
De repente, mientras nos besamos, escuchamos un murmullo a nuestro alrededor. Me separo de Cole y al girarme me topo de frente con Adrian, y lleva una pistola en la mano.
Mis ojos se agrandan y mi corazón se acelera por completo cuando soy consciente de que me está apuntando. De inmediato Cole me coloca detrás de él y es el padre de mi hijo quién queda expuesto ante Adrian.
Mi primo está fuera de sí. Tiene las pupilas dilatadas y le tiembla la mano. Es evidente que ha consumido.
—Adrian, ¿qué haces aquí? —le pregunta Cole con calma, frío y distante. Manteniéndome en todo momento a su espalda.
—Esa residencia de pijos no es para mí. Me escapé —revela mostrando una sonrisa que me hiela la piel—. Y he venido a ajustar cuentas con este hijo de puta. Llevo siguiéndote dos días —le indica a Cole.
—¿Qué quieres? —pregunta el padre de mi hijo, por mucho que intento acercarme a Adrian Cole no lo permite.
—Pagarte con la misma moneda, cabrón. Me secuestraste y me golpeaste, ahora yo tengo el poder —dice agitando el arma que lleva en la mano y apunta a Cole.
—Si me disparas irás a la cárcel —le indica Cole con calma.
—Ya lo tengo todo perdido. Me han calificado de chivato, me quieren matar.
—Adrian, hablaremos con la policía. Te protegeremos —le digo, nerviosa, detrás de mi primo los invitados han salido corriendo hacia la calle, observo a Jax y Daphne con el teléfono en la mano y espero que estén llamando a la policía y puedan parar esto.
Comenzamos a escuchar sirenas de fondo y Cole le advierte:
—Será mejor que te vayas antes de que lleguen.
—No sin antes terminar a lo que he venido —manifiesta, sonriente, apunta a Cole, grito y escucho un disparo.
El padre de mi hijo se tambalea, cae sobre mis brazos y compruebo que le ha disparado en el pecho, justo al lado del hombro derecho. Me arrodillo a su lado y comienzo a taponar la sangre que le mana sin preocuparme más por Adrian.
—Eres una completa imbécil, Brooke —escucho la voz de mi primo. Alzo la mirada y observo que me apunta.
En un gesto rápido, cuando Adrian vuelve a disparar, Cole me coge del brazo con fuerza y me tumba al otro lado de dónde él se encuentra en el suelo.
Me golpeo el hombro y la cabeza, me quedo aturdida hasta que escucho otro disparo y el corazón se me desboca por completo.
Alzo la mirada hacia Cole, de forma inconsciente busco otro tiro en su cuerpo, pero me topo con Adrian abatido en el suelo por la policía.
Jax y Daphne acuden a mi lado, comenzamos a atender a Cole entre los tres. Está perdiendo mucha sangre. Estoy muy nerviosa. Lo tomo de la mano y le acaricio el rostro mientras dejo que mis amigos actúen.
—Quédate conmigo, mírame, Cole —le ordeno gritándole cuando aprecio que sus ojos comienzan a cerrarse.
—Te amo, Brooke. Para siempre —balbucea y pierde el conocimiento mientras lloro sin parar.
—No, Cole. No me hagas esto —grito, desesperada. Soy médico y no puedo salvarle la vida. Jamás había sentido tal impotencia.
Una ambulancia se lleva al padre de mi hijo, quiero ir con él, pero Jax y Daphne no lo permiten.
Llego al hospital con ellos y permanezco a la espera de que le saquen la bala y me digan algo.
Cuando los padres de Cole se presentan en el hospital me derrumbo por completo. No quiero perderlo por nada del mundo, lo amo. Me abrazo a Maggie y ambas lloramos sin consuelo mientras que su padre toma el control de la situación y mantiene la calma.
La operación dura bastantes horas, siento que no puedo más de los nervios.
Nadie nos dice nada hasta que sale el médico de quirófano y nos explica que le han sacado la bala, pero que su estado es grave.
Va a permanecer sedado en la unidad de cuidados intensivos y esperan que por lo joven y fuerte que es salga adelante, pero no nos aseguran nada.
Maggie y yo, que hemos estudiado medicina y entendemos mejor que nadie la situación, nos miramos llorando, sabiendo que Cole puede irse en cualquier momento.
Logan nos abraza a ambas y susurra con lágrimas en los ojos:
—Mi hijo es fuerte, podrá con esto. Luchará porque sabe que no puede dejar a su hijo solo, ni a la mujer que ama.
Me derrumbo por completo en los brazos del abuelo de mi hijo y comienzo a rezar en silencio, porque sé que Cole necesita un milagro.
Pasadas unas horas Maggie quiere mirar el informe de la operación de Cole y la acompaño, luego nos dejan verlo desde la distancia a través de un cristal. Lloro y le imploro a todos los dioses que lo saquen de esta. No quiero perderlo por nada del mundo.
Al final de la noche me dejan pasar a verlo, sigue sedado y enchufado a varias máquinas.
Con su mano entre las mías le imploro que luche por su vida y le susurro:
—¿Sabes que es lo peor? Que cuando te vi cerrar los ojos después de recibir el disparo pensé que nuestro hijo crecería sin conocer al gran padre que tiene, y que yo iba a vivir el resto de mi vida sin escuchar tu voz ni ver esos maravillosos ojos que tienes y cada vez que me miras aceleras mi corazón por completo sin poder controlarlo.
Sal de esta, Cole. Por favor. Derek y yo te necesitamos tanto…
No nos dejes, amor mío. Tenemos toda una vida por vivir y la quiero contigo a mi lado.
***
Tres días después
Cole aún permanece en la unidad de cuidados intensivos y yo no me he movido de su lado.
Me dejan pasar a verlo tres veces al día, su madre ha intentado convencerme de que vaya a casa a descansar, pero no quiero.
Sé que mi hijo está en buenas manos con su bisabuela que es la encargada de cuidarlo.
Los padres de Cole también están en el hospital casi todo el día, solo se marchan al caer la noche para estar con sus hijas.
Hoy los médicos nos dan buenas noticias, el estado de Cole ha mejorado, le han quitado la sedación y van a pasarlo a una habitación. Lloro cuando escucho estas buenas noticias y me abrazo al médico que nos las da.
En estos días juntas en el hospital hemos pasado por un gran miedo e incertidumbre Maggie, Logan y yo, en los que hemos estrechado muchos lazos. Son unas personas increíbles y les agradezco lo que me han cuidado y han estado pendiente de mí. Sé que me quieren.
Cuando nos avisan de que podemos pasar a ver a Cole a la habitación en la que ya lo han trasladado entro llorando, apenas lo veo con nitidez en la cama, despierto, mirándome con sus increíbles ojos grises. Me abrazo a él, le doy un beso en los labios, lo miro a los ojos y le confieso:
—Te amo. Ni se te ocurra dejarme sola.
—Vaya, creo que ha merecido la pena casi morirme para escuchar al fin estas palabras —bromea mirándome con una sonrisa.
—He pasado muchísimo miedo —revelo.
—Yo también —admite y lo abrazo.
Sus padres están a una distancia prudente, nos han dejado nuestro espacio, pero soy consciente de que lo quieren abrazar también. Me aparto un poco del hombre de mi vida y dejo que Maggie y Logan se acerquen.
—¿Cómo está mi hijo? —se interesa Cole.
—Muy bien. Está con la abuela en casa —contesta su madre—. Brooke no se ha movido de este hospital en tres días, hijo. No te ha dejado solo ni un instante. Si eso no es amor… —manifiesta Maggie dirigiéndome una sonrisa enorme.
Cole posa sus ojos en los míos, me sonríe y extiende una de sus manos para que se la tome. Se la estrecho y dice:
—Es la mujer de mi vida, la amo.
—Lo supe en cuanto aprecié que la mirabas como yo miro a tu madre —comenta su padre con orgullo.
—No vuelvas a darme otro susto así. Pensé que te perdía para siempre —le regaño con cariño y le doy un beso en la frente.
—Aquí estoy, mi amor. Nos queda mucho por vivir —murmura y lo miro con todo el amor del mundo y el corazón rebosante de felicidad.
—Ahora sí que me tienes atada a tu lado para siempre. Te amo.