La debilidad del diablo Capítulo 47
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Capítulo 47

Cole

Me tumbo en mi cama y sonrío, llevo más de dos meses sin acostarme con una mujer y esto no me había pasado nunca.

El problema es que solo quiero a Brooke.

No desaparece de mis pensamientos y el hecho de que haya decidido no irse de mi ático y haya accedido a que tengamos citas y ver qué pasa entre nosotros me tiene como un niño ilusionado.

Solo quiero demostrarle que la amo, que es la única mujer en mi vida y que junto a nuestro hijo podemos ser muy felices.

En mitad de la noche escucho que el bebé llora más de lo normal, me levanto, alarmado, y la encuentro en el cuarto de nuestro hijo con él en brazos, paseándose, intentando calmarlo.

—¿Qué le ocurre? —pregunto, preocupado.

—Tiene un poco de fiebre —dice Brooke con tranquilidad mientras que mi corazón da un vuelco por completo.

—¡Vamos al hospital! —le indico de inmediato.

—Cole, soy médico. He examinado a mi hijo. No tiene nada grave. Los niños tienen fiebre. Ya le he dado medicación para bajarla —me explica mirándome con una amplia sonrisa mientras que a mí me tiemblan las piernas.

—Joder, Brooke. Es tan pequeño… —susurro acercándome y colocando mi mano en su frente.

—Vamos a darle un baño templado. ¿Me ayudas? —pregunta.

—Claro, ¿qué tengo que hacer? —le indico, nervioso.

—Llenar la bañera con agua tibia —dice Brooke mirándome con una amplia sonrisa.

—Vale, voy —murmuro saliendo del trance. Derek solo tiene fiebre, pero el hecho de que mi hijo esté mal me ha preocupado mucho.

Metemos al bebé en el agua, protesta un poco, pero entre Brooke y yo conseguimos que no llore mucho.

Lo secamos y le colocamos ropa ligera. Brooke me lo entrega y me indica:

—Ve con él, yo me encargo de recoger todo.

Acuno a mi hijo y no dejo de tocarle la frente. Cuando Brooke vuelve a la habitación del bebé le pregunto:

—¿Y si lo llevamos al hospital a que le hagan unas pruebas?

—¿Qué pruebas quieres que le hagamos a un bebé tan pequeño? —pregunta sonriente, no se está burlando de mí, solo aprecia mi intranquilidad y percibo que no la comprende.

—No sé…

—Cole, la fiebre es un proceso. Hay que esperar. Ya está calmado y más fresquito. Me lo voy a llevar a mi cama a dormir conmigo para estar más pendiente de él —dice Brooke.

—Yo voy con vosotros, mejor, vamos a mi cama que es más grande. También quiero estar pendiente de Derek.

—Cole, creo que te voy a tener que dar una pastilla para tranquilizarte —bromea Brooke.

—Igual tienes que auscultarme y cuidar de mí también —susurro con los ojos clavados en ella.

—Vamos a dormir —dice sin aclarar dónde lo haremos ni como, pero tomo el mando de la situación y con mi hijo en brazos me dirijo a mi habitación.

Brooke no protesta ni dice nada, nos tumbamos en mi cama, colocamos a Derek entre nosotros y lo observamos dormido.

—Es tan pequeño e indefenso… —murmuro con los ojos clavados en él.

—Te has asustado mucho —comenta Brooke dirigiéndome una mirada amable.

—Si algo le pasa me muero. El sentimiento protector que tengo por él es tan grande… no sé ni explicarlo.

—Creo que te entiendo —susurra.

—Derek tiene mucha suerte de que su madre sea médica. Estoy seguro de que te convertirás en la mejor pediatra. No hemos hablado de cuándo quieres incorporarte al trabajo, pero es algo que debes decidir tú. Por mi parte te lo facilitaré todo.

—Bueno, me gustaría estar al lado de Derek los primeros meses. Luego, por supuesto, que quiero trabajar. Amo ser pediatra y he luchado mucho durante mi vida para llegar hasta aquí.

—Siempre vas a tener todo mi apoyo, quiero que lo sepas.

—Gracias.

Colocamos ambas cabezas sobre la almohada y nos miramos en silencio.

—Esto es lo que deseo el resto de mi vida, Brooke. Tú en mi cama y nuestro hijo junto a nosotros, felices —susurro.

La madre de mi hijo extiende la mano, se la tomo y con nuestros dedos entrelazados y mirándonos de forma cómplice nos quedamos en silencio hasta que el sueño nos vence.

Al día siguiente Derek se despierta bien, Brooke y yo lo cuidamos durante todo el día y no vuelve a tener más fiebre.

Estoy en mi despacho después de cenar enviando unos emails cuando Brooke aparece y me pregunta:

—Mañana es el cumpleaños de Jax y lo celebra en un local con amigos, es una comida informal. ¿Puedes quedarte con Derek? Me gustaría ir.

—¿No hay una invitación para mí? Podríamos ir juntos y dejar al bebé con mi madre, seguro que le encanta el plan —propongo.

—Eh… sí. Jax me dijo que podías venir. No pensé que fuese tu ambiente. No los conoces e igual te ibas a aburrir —justifica algo apurada.

—Brooke, mi ambiente es todo lugar donde estés tú. Y me encantará conocer al círculo de tus amigos y compañeros.

—Vale. Los vas a impresionar a todos cuando llegues —comenta, sonriente.

—A mí que solo me interesa impresionar a la madre de mi hijo… —declaro levantándome del sillón y caminando hacia ella con los ojos posados en los suyos.

—Mañana todos nos preguntarán si estamos juntos —comenta y la siento preocupada.

—Puedes decir lo que quieras, o no dar explicaciones. Siempre voy a ser el padre de tu hijo. Eso no va a cambiar nunca —le propongo con paciencia.

—Bien, diremos que estamos empezando. Tampoco quiero que las mujeres de la fiesta no te dejen en paz si saben que estás libre —comenta con un poco de vergüenza.

—Cualquier mujer que observe cómo te miro adivinaría que solo tengo ojos para ti. —La tomo por la cintura, la acerco a mi cuerpo y le propongo—: Vuelve a dormir en mi cama con nuestro hijo esta noche.

Brooke solo esboza una sonrisa y sé que eso es un sí. La abrazo y le doy un beso en el cuello, la tomo de la mano y comenzamos a caminar hacia el cuarto del bebé sintiendo que nuestra verdadera historia solo acaba de empezar.