La debilidad del diablo Capítulo 46
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Capítulo 46

Brooke

Estoy preocupada por Cole, hace más de seis horas que se marchó de casa y no ha regresado. Son más de las doce de la noche y no sé nada de él. Le he preguntado a los guardaespaldas, al personal de servicio, incluso me atreví a llamarlo a él, pero no me atendió las llamadas.

Estoy en la cocina preparando el siguiente biberón de mi hijo para cuando despierte mientras Cole entra en el ático. Su aspecto me sorprende. Lleva unas botas negras, pantalón vaquero oscuro, camiseta negra y una cazadora de cuero.

—¿Todo bien? —me pregunta acercándose.

—Sí —respondo mientras observo que va directo al grifo de la cocina y pone la mano debajo. Tiene los nudillos ensangrentados.

—¡¿Qué te ha pasado?! —pregunto colocándome a su lado y observando su mano derecha.

—Le he dado una lección a Adrian. Ahora sabe que tienes quién te defienda y que si te vuelve a poner una mano encima lo mato —revela mirándome a los ojos mientras mi corazón da un vuelco por completo.

—¡¿Qué has hecho, Cole?! —pregunto con la voz cortada, con miedo.

—Tranquila, está bien —susurra mirándome a los ojos. Siento que los fija en mis golpes—. Está tan bien como tú cuando te puso sus manos encima. —Acerca su mano izquierda a mi mejilla golpeada y la acaricia con ternura.

—¿Dónde está Adrian? ¿Lo entregaste a la policía? —inquiero, preocupada.

—Mientras menos sepas, mejor. Te diré que le di la oportunidad de cambiar su vida. Voy a cancelar sus deudas con las personas que lo amenazan y va a entrar en un centro de desintoxicación, el mejor de Nueva York.

—Cole… —susurro observándolo con admiración y un nudo en la garganta. Sin poder evitarlo me abrazo a él—. Gracias. Adrian solo tiene diecinueve años.

El padre de mi hijo se deshace de mi abrazo, me mira de forma distante y dice:

—Si no aprovecha esta oportunidad no tendré piedad de él, Brooke. —Lo siento como una advertencia muy clara y me hace pensar que Adrian puede separarme para siempre del padre de mi hijo.

Asiento en silencio. Cojo la mano de Cole entre las mías, lo examino y le indico:

—Vamos a ponerte hielo.

Voy a por un paño, varios cubitos de hielo, Cole se deshace de la chaqueta y se sienta en un taburete alto de la cocina. Le pongo el frío en la mano y él parece que ni lo siente.

Nos miramos en silencio mientras que mi corazón se acelera ante sus penetrantes ojos grises clavados en los míos. No sé cómo explicar la sensación de protección que Cole me acaba de dar. Me enorgullece que le haya dado una oportunidad a Adrian pese a que lo haya golpeado.

—En ocasiones no sé si eres un ángel o un diablo en mi vida —murmuro mirándolo a los ojos.

—Seguramente esté muy lejos de ser un ángel, pero puedes considerarte la completa debilidad de este diablo.

No tienes ni idea todo lo que haría por ti, Brooke —confiesa—.

Te amo de una forma casi irracional. Lo eres todo para mí.

No concibo mi vida con otra mujer. Puede que antes de ti hayan pasado muchas, pero sé que tú eres la definitiva.

Desde que te encontré de nuevo y embarazada no he vuelto a estar con nadie —revela y mi corazón se desboca por completo—.

Ni quiero ni puedo, porque solo te deseo a ti. A veces, me preguntó qué me has hecho.

Lo observo con la respiración agitada.

Se acerca despacio, roza mis labios y luego se apodera de ellos estrechándome contra su cuerpo y besándome con pasión. No puedo resistirme más a él. En estos momentos mis sentimientos ganan a mi razón.

Cole interrumpe el beso, pasea un dedo por mis labios y susurra a modo de súplica:

—Dame una oportunidad, Brooke. Empecemos desde cero, sin prisas. Me muero por llevarte a la cama de nuevo, pero todo a su debido tiempo. Puedo ser todo lo paciente que necesites.

—¿Qué propones? —pregunto con la voz cortada y el corazón acelerado.

—No te vayas de mi ático y comencemos a llevarnos bien de verdad, a conocernos mejor, a tener citas.

Necesito que confíes en mí a ciegas. Que creas que quiero algo contigo para siempre no por nuestro hijo, sino porque lo querría de igual forma si él no existiese.

Quiero convencerte de que podemos ser muy felices, porque sé que tú también sientes lo mismo que yo.

Soy consciente de que te rompí el corazón sin planteármelo, déjame reconstruirlo —me suplica con una mirada que hace que mi corazón tiemble.

—Poco a poco —susurro con temor, tratando de asimilar lo que me expone.

—Tan despacio como lo desees, aunque me mates en la espera —murmura, sonriente.

—¿Y si no sale bien? —inquiero con miedo, bastante.

—Mujer de poca fe —manifiesta abrazándome con una sonrisa enorme en sus labios—.

Me tienes loco, ¿y no me crees capaz de volverte loca también?

¿Me has mirado bien? —bromea con una sonrisa seductora—.

Se dice de mí que soy muy guapo e irresistible.

Y todo tuyo. Me tienes a tus pies y eres la primera mujer que tiene este privilegio.

No puedo evitar una carcajada ante su cómico discurso. ¿Por qué es tan condenadamente atractivo?

—Muy bien —acepto el reto—. Mi nombre es Brooke Sullivan —le extiendo la mano, presentándome.

—Cole Kessler —hace lo mismo dirigiéndome una mirada seductora—. Creo que me encantará enamorar perdidamente a la madre de mi hijo —comenta sonriente. Evito decirle que ya lo estoy, eso es algo que se deberá ganar con el tiempo.

Me acerco a él, lo abrazo y susurro en su oído:

—Gracias por lo que has hecho hoy por mí. Por defenderme y por darle una oportunidad a Adrian. Comenzamos por buen camino. Buenas noches, señor Kessler. Tendrá que disculparme esta noche, tengo un hijo que me reclama y espero que comprenda que es mi prioridad.

Paso por su lado, esbozo una amplia sonrisa cuando comienzo a subir las escaleras y escucho su voz a mi espalda:

—Buenas noches, mi amor. Creo que mi hijo tiene a la mejor madre del mundo, es muy afortunado. En ocasiones, cuando lo veo en tus brazos, deseo cambiarme por él.

Le doy de comer a mi hijo y me quedo sentada en mi cama mirándolo dormido, orgullosa de él. Es igual a su padre y no dudo que cuando sea mayor rompa tantos corazones como Cole.

Mis pensamientos se trasladan a la conversación que acabamos de mantener Cole y yo.

No sé en qué terminará todo entre nosotros, pero siento la necesidad de darle una oportunidad e intentarlo de verdad.

No solo es buen padre, también tiene un gran corazón y no puedo negar que todo lo que ha hecho por mí desde que descubrió que estoy embarazada solo lo hace un hombre completamente enamorado.