Capítulo 45
Cole
Mi madre aparece junto con mis hermanas en mi ático muy temprano. Las recibo con mi hijo en brazos y les indico que Brooke aún duerme.
Una abuela orgullosa coge a su nieto, se sienta en el sofá del salón junto con mis hermanas a hacerle carantoñas a Derek mientras yo preparo el desayuno.
Al poco Brooke aparece en el salón, mis hermanas la abrazan, le preguntan por los golpes en la cara y la madre de mi hijo le explica que resbaló en la ducha y se cayó.
Luego observo cómo mi madre se acerca a ella y le da un gran abrazo y un beso.
No se habían visto desde que Brooke llegó a mi ático.
—Lo que necesites, siempre, Brooke. Aquí me tienes —le susurra y esbozo una sonrisa de admiración hacia mi gran madre. Siempre en su lugar, discreta y cariñosa.
—El desayuno está listo —anuncio colocando las tostadas recién hechas en la mesa.
—¿Nos podemos quedar con vosotros esta noche aquí en tu ático? —pregunta Blair.
—Por favor —insiste Harper.
Les sonrío y asiento, últimamente tengo descuidadas a mis princesas. Mis hermanas gritan de alegría y me abrazan. Luego lo hacen con Brooke.
—¿Podemos cuidar del bebé? —pregunta Harper con ilusión.
—Por supuesto, Brooke y yo necesitamos mucha ayuda —le respondo, sonriente.
Mi madre desayuna con nosotros, pasa parte de la mañana con su nieto y luego se marcha. Quedamos en que volverá a la mañana siguiente a recoger a sus hijas.
El resto del día con Blair y Harper por el ático siento a Brooke muy animada y sonriente.
Admiro a la mujer que amo sentada en la alfombra del salón con nuestro bebé en brazos y mis hermanas alrededor, jugando con ellas.
Esa imagen me hace desear de golpe tener más hijos con Brooke y hasta yo mismo me sorprendo.
Cada día la amo más y me pregunto qué me ha hecho para tenerme así, que ni me reconozco.
Estamos en la cocina haciendo una lasaña para cenar con mis hermanas mientras el bebé duerme en el moisés cercano que tenemos en el salón, Harper se queda mirando a Brooke y dice de repente:
—Cole, tienes que darle muchos besitos a Brooke en los dos golpes de su cara para que se le cure. Mamá siempre lo hace conmigo.
Sonrío mirando a mi hermana, Brooke se tensa mientras cocina y Harper insiste:
—Venga, dáselos. Que yo te vea.
—Ya me los dio y no duelen. Casi están curados —dice Brooke.
—No. Tiene que darte más —ordena y yo suelto una carcajada.
Me coloco detrás de Brooke, pongo mis manos en su cintura, la acerco hacia mí, siento cómo su cuerpo se tensa al notar mi proximidad y le doy suaves besos en la mejilla que tiene golpeada y luego en la ceja en la que ya no lleva el apósito.
—Me encanta tener a mis hermanas en casa y que me ordenen cosas como estas —susurro en el oído de Brooke.
—Te estás aprovechando de la situación —murmura.
—Totalmente —admito dirigiéndole una amplia sonrisa. Nos miramos a los ojos y tengo que hacer un gran esfuerzo por no besarla delante de Blair y Harper.
Comemos una lasaña de verduras exquisita y vemos una película, el bebé y Harper se quedan dormidos, Brooke y yo los llevamos a la cama y Blair insiste en que Brooke venga a dormir a mi cama con Harper, conmigo y con ella.
—La cama de Cole es muy grande —dice Blair y Brooke y yo nos miramos y creo que ambos recordamos los momentos que pasamos en ella.
—Yo tengo que estar con el bebé —se excusa Brooke.
—Puedes traer su cuna, tiene ruedas. Por favor, cuando venimos a esta casa es para dormir todos juntos —le suplica mi hermana.
Brooke se queda en silencio y finalmente asiente.
Nos tumbamos los cuatro en mi cama, Harper duerme de forma profunda mientras le cuento una de las historias que suelo inventarme a Blair para que se quede dormida. Brooke permanece en silencio en todo momento.
Cuando mi hermana se queda dormida, la madre de mi hijo admira a ambas niñas y susurra en voz baja:
—No entiendo cómo no te planteaste ser padre siendo como eres con ellas. —La admiración que percibo en su voz me emociona—. Amas a tus hermanas. Eres increíble cuando estás a su lado. Y se te dan muy bien.
—No me planteé muchas cosas en mi vida hasta que tú apareciste en ella, Brooke —confieso.
Derek se mueve en la cuna, su madre le coloca el chupo, está a su lado, yo paso a Blair a mi otro lado y también admiro a mi hijo junto a Brooke. Luego me tumbo en la cama y la madre de mi hijo susurra:
—Bueno, como se han quedado cuajadas creo que me iré a mi habitación con Derek y así dormimos todos mejor.
—¿De verdad piensas que duermo bien cuando te tengo lejos? —inquiero mirándola a los ojos. Se hace un silencio, me acerco y me apodero de sus labios. Llevo deseando besarla desde hace horas.
—Cole —protesta sobre mis labios. Sonrío, porque se me pasa por la cabeza que esta situación ya la hemos vivido.
—He de decir que no son mis hijas y que estoy completamente enamorado de la madre de mi hijo, que luego se me acusa de alguna que otra confusión —manifiesto de forma cómica.
Brooke sonríe, deja que la abrace y no se marcha de mi cama. Creo que paso la mejor noche desde hace mucho tiempo.
***
Mis padres desayunan con nosotros y recogen a mis hermanas. Van a pasar el fin de semana en Los Hamptons e invitan a Brooke para que vayamos todos juntos en otra ocasión.
El domingo le propongo a Brooke salir a dar un paseo a la calle con nuestro hijo.
Acepta de inmediato y cuando la llevo a Central Park no se lo cree.
No me muevo de su lado en ningún momento y nos acompañan dos guardaespaldas en todo el rato.
Luego le propongo ir a pasar la tarde a casa de mi abuela y la hacemos muy feliz con nuestra visita y poder disfrutar de su bisnieto.
—Tu familia es maravillosa —susurra Brooke de camino al ático tras pasar el día fuera.
—Sí. Me siento muy afortunado. Y tú también formas parte de esa familia —le indico. No quiero que se sienta sola nunca más.
—Nuestro hijo tiene mucha suerte de todas las personas que tiene alrededor y lo quieren.
—Me alegra que seas consciente de ello.
Al día siguiente Brooke se encarga del bebé mientras yo paso toda la mañana de un intenso lunes en mi despacho reunido con llamadas y videoconferencias con mi seguridad.
Sobre las seis de la tarde mis hombres me dan la noticia que estaba esperando tanto.
Han encontrado a Adrian y lo han llevado a la nave que tengo preparada para él.
Le indico a Brooke que debo salir, sin darle más explicaciones, y me marcho diciéndole que tardaré unas horas en volver.
Cuando llego al lugar en el que está Adrian lo encuentro sentado en una silla con las manos y los pies atados, como he ordenado.
—Por fin nos conocemos. Cole Kessler —me presento ante el muchacho que me mira con los ojos muy abiertos. Asustado—. Creo que ya sabes que soy el padre del hijo de Brooke —aclaro.
Adrian me mira serio y con temor. De un tirón le quito la cinta que tiene en la boca, haciéndolo gritar.
—¡¿Por qué me tienes aquí?! —grita removiéndose en la silla con fuerza y rabia.
—Para darte una lección —anuncio con suma tranquilidad mientras me masajeo las manos—.
La primera; a una mujer nunca se le pone una mano encima —le doy un puñetazo en el mismo pómulo de la cara que él se lo dio a Brooke.
Masajeo mi mano de nuevo mientras lo miro—.
La segunda; a mi mujer no le vuelves a poner una mano encima porque ya tiene quién la defienda —lo golpeo en la ceja con fuerza produciéndole la misma herida que tenía Brooke—.
Y la tercera; como te vuelvas a acercar a ella te vas a arrepentir el resto de tus días —le propino un golpe en las costillas, el mismo que le vi a la madre de mi hijo aquel día que la saqué de la piscina.
Adrian sangra por la ceja y se queja de los golpes.
—Hijo de puta —escupe entre dientes, dolorido.
—Puedo llegar a ser el mayor con el que te hayas encontrado —le advierto. Lo tomo por el mentón con fuerza y hago que me mire a los ojos.
—Voy a denunciarte, vas a pagar por esto —me amenaza y suelto una fuerte carcajada.
—¿Tú a mí? ¿Tengo que recordarte que entraste en el apartamento donde estaba mi hijo, lo revolviste buscando dinero, le pegaste a mi mujer y robaste mi reloj valorado en más de cien mil dólares?
¿Tienes idea de cuántos años te pueden caer con todos esos cargos?
Puedo llegar a asegurarme de que no salgas nunca más de la cárcel.
Tengo los contactos necesarios —ahora lo amenazo yo.
Adrian me mira casi temblando.
—Yo solo quería que Brooke me ayudase. Estaba en problemas muy serios.
—Tus problemas son las drogas y las deudas —le espeto.
—Le debo a un tipo peligroso veinte mil dólares —justifica—. Y si no lo pago irán por Brooke, saben mi parentesco con ella.
—Brooke ahora cuenta conmigo que la protejo. No volverá a estar sola, ni a su apartamento —le dejo claro.
—¡¿Qué quieres?! ¿Por qué me has traído aquí? —escupe entre dientes.
—Por mí te mataría aquí mismo o te enviaría a la cárcel el resto de tu vida, pero por respeto a la mujer que amo te voy a dar una oportunidad y vamos a arreglar esto entre nosotros como hombres.
Cancelo tu deuda, dejas de tener trato con esas personas a las que le debes ese dinero e ingresas unos meses para desintoxicarte por completo en la mejor clínica de rehabilitación de Nueva York.
Yo corro con los gastos de todo. De lo contrario, de aquí te entrego a la policía.
Tú decides, muchacho. Te estoy dando la oportunidad de enderezar tu vida para siempre.
Adrian se queda pensativo, me paseo ante él a la espera de una respuesta. Al cabo de unos largos minutos dice sin demasiado entusiasmo:
—Acepto.
—Buena decisión. Espero que sepas aprovecharla porque no doy segundas oportunidades. Diles a mis hombres el nombre de la persona con la que tienen que saldar la deuda, ve con ellos, y luego ingresadlo en la clínica —les ordeno a los guardaespaldas que lo custodian.
—Sí, señor.
Me marcho, me monto en el coche y llamo a mi padre. Él ya sabía que iba a tener esta reunión con Adrian. Le indico:
—Todo solucionado. Ha accedido.
—Menos mal, Cole. Me tenías en vilo. Ya mi mente estaba trazando hablar con Malcolm.
—No hace falta meter al abuelo en esto.
—Ahora céntrate en recuperar a la mujer que amas —me ordena mi padre y esbozo una amplia sonrisa. Es lo que más deseo en el mundo.