Capítulo 44
Brooke
Cole lleva horas encerrado en su despacho y me gustaría hablar con él.
Dejo a Derek dormido en su cuna y cojo el monitor de vigilancia en la mano.
Toco a la puerta del despacho del padre de mi hijo y cuando me indica que pase lo encuentro sentado detrás de la mesa con el ordenador delante.
Está en una llamada de teléfono, pero me señala con la mano que entre y me siente.
Lo hago mientras lo observo dar órdenes y datos que tiene en la agenda.
Lo admiro en lo serio y profesional que se pone cuando se encuentra al mando, incluso está mucho más sexy.
Intento apartar estos pensamientos y me centro en lo que realmente he venido a tratar con él.
Desvío un poco la mirada y observo que Cole tiene dos marcos de fotografías encima de su mesa.
Una es mía embarazada de nuestro hijo, estoy de perfil mirando por la ventana de mi apartamento, no sé cuándo me la hizo.
Y otra es de Derek recién nacido. Ver estas dos fotografías tan cerca de su espacio más personal me sorprenden y hace que el corazón se me acelere.
Cole cuelga la llamada y desvía sus ojos donde tengo posados los míos.
—Me gusta veros y teneros cerca cuando paso horas aquí encerrado entre problemas y trabajo —susurra.
—Me ha sorprendido —murmuro.
—Cuando volví a mi ático os echaba mucho de menos —confiesa con tristeza.
—Quería preguntarte si Daphne y Jax pueden venir a visitarme —cambio de tema. Hablar de nosotros de una forma más íntima y personal me pone nerviosa.
—Por supuesto. Siempre serán bienvenidos. Pueden venir cuando lo deseen.
—Gracias. Les diré que pueden visitarnos mañana.
—¿Por qué no los invitas a cenar? —propone y me quedo pensativa—.
Brooke, son tus amigos. Han cuidado de ti y de mi hijo en mi ausencia y a Jax le debo que me contase la verdad sobre Adrian porque tú tiendes a ocultarme las cosas —lo siento como un reproche matizado con una sonrisa.
Cole me mira en calma, sentado en su sillón.
—Vale, así pasarán más tiempo con Derek. ¿Hay alguna noticia de Adrian? —pregunto con cierto temor.
—Nada.
—Cole… No lo entregues a la policía si das con él —le suplico de nuevo.
—Ya veremos cuando lo encuentre —murmura, distante. Aprecio que quiere cambiar de tema.
Me levanto de la silla que ocupo y le indico:
—No es mi intención molestarte más. Solo quería pedirte permiso para que viniesen mis amigos.
—Brooke, el tiempo que estés aquí considera mi ático tu casa. Tienes total libertad para hacer lo que quieras excepto salir sola con Derek sin la compañía de los guardaespaldas o la mía.
—Cole, ¿puedes entender lo incómodo que es todo esto para mí? —pregunto con angustia.
—¿Por qué? Es mi casa, eres la madre de mi hijo y la mujer que amo.
Solo vivimos aquí los tres y el personal de servicio que tienes a tu disposición.
Brooke, comienza a aceptar que Derek se va a criar con ciertos lujos que pienso darle.
Su padre tiene mucho dinero y nada me hace más feliz que disfrutarlo con las personas que quiero. ¿Tan difícil te resulta de aceptar?
—Lo que no quiero es cambiar mi vida, la de mi hijo y que pasado un tiempo te des cuenta de que no es lo que deseabas. Ahora somos una novedad en tu vida.
—¿Qué tengo que hacer para que me creas? Para convencerte de que quiero una vida contigo, con Derek, una familia feliz, amándonos.
—No tienes que hacer nada. Soy yo y mis miedos —susurro.
Cole se levanta, se acerca a mí, me mira a los ojos muy de cerca y dice:
—Confía en mí, en este amor que no solo siento yo, porque cada vez que te beso y te estremeces en mis brazos sé que te ocurre lo mismo, quieres más. Y no se trata solo de atracción y de sexo, Brooke. Los dos lo sabemos. Ya somos mayorcitos en ese aspecto.
Cole se inclina, me mira a los ojos y luego se apodera de mis labios. Le correspondo al beso. Me toma con fuerza por la cintura mientras introduce la lengua en mi boca, la enreda con la mía y me da un exquisito beso que me hace gemir de placer sobre sus labios.
Por el monitor escuchamos que Derek se ha despertado, interrumpimos el beso y digo un poco agitada:
—Voy con él. —Salgo del despacho casi corriendo, sabiendo muy que estoy huyendo de sus brazos y todo lo que me hace sentir.
Al día siguiente Daphne y Jax nos visitan a media tarde, alucinan cuando ven el ático de Cole y me animan a que me quede con el padre de mi hijo, primero por seguridad para que Adrian no vuelva a presentarse pidiéndome dinero y segundo porque mis amigos saben lo que siento por Cole.
Nunca me había enamorado de esta forma y por eso tengo tanto miedo a arriesgarme con él.
Cole se comporta con mis amigos como un anfitrión increíble, charla con ellos de forma natural y los sorprende con una comida que nos traen del mejor restaurante de Nueva York con unos postres que son exquisitos.
Sé que con esta cena no nos está mostrando todo su dinero, es una forma de agradecerles a mis amigos que estén aquí y me hayan ayudado en todo.
Cuando despedimos a Daphne y Jax, mi amigo, al abrazarme me susurra en el oído:
—Está loco por ti. No te resistas más.
Me quedo a solas con Cole, él tiene al bebé en brazos y juntos caminamos en dirección a su cuarto. Mi hijo quiere comer. Me siento en el sillón, Cole me lo entrega en mis brazos y se queda mirándonos con atención. Comienzo a darle el pecho a mi bebé y el susurra:
—Si molesto puedo marcharme.
—No. Amamantar a nuestro hijo es algo natural y ver con el amor que lo miras… No podría privarte de este momento.
—Gracias. —Cole toma asiento en el sofá que tengo al lado y dice—: Mi madre me llamó antes.
Mis hermanas insisten en venir y quedarse conmigo mañana.
Verás, cada cierto tiempo suelen pasar una noche aquí en el ático, dormimos juntos, hacemos pizza , vemos una película y al día siguiente hacemos planes fuera de casa.
Le he tenido que contar a mi madre que estás aquí y el motivo.
Y ahora es ella la que insiste en venir mañana a verte y traer a mis hermanas, y ellas de camino quieren aprovechar la visita para quedarse.
—No te preocupes. Me alegrará verlas.
—Igual con mis hermanas por aquí estás más distraída. No quiero que te sientas en una cárcel en mi ático, Brooke.
—Tu casa es increíble, más bien podría sentirme como estar de vacaciones —susurro con una media sonrisa. Cole me la devuelve y luego dice—:
—Te dejo a solas, voy a darme una ducha y vuelvo. Esta noche yo me encargo de Derek.
—Puedo hacerlo yo —susurro.
—Descansa, Brooke. Me he tomado unos días libres en la empresa y solo trabajaré en lo más urgente desde casa, como hoy, pero déjame disfrutar de mi pequeño —me ruega con una sonrisa maravillosa que me llega al corazón y no puedo negarme.
El amor con el que mira a su hijo me desborda por completo.
Jamás pensé que fuese un padre tan perfecto.
—Está bien. Gracias por cuidarnos siempre.
—Lo hago por amor, no por obligación —aclara con una sonrisa y mi corazón da un enorme vuelco ante su confesión.