La debilidad del diablo Capítulo 42
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Capítulo 42

Cole

Dos semanas después

Podría calificar estos días como los mejores de toda mi vida si todo entre Brooke y yo no fuese tan frío y distante.

Pasar veinticuatro horas con mi hijo, acunarlo, cambiarlo y ver cómo crece es una completa maravilla, solo que su madre no me lo está poniendo nada fácil.

Brooke está cerrada en banda y me odia por esas fotografías que salieron con otras mujeres.

Me duele que no crea que la quiero y deseo una familia feliz los tres juntos.

Le cuento la situación por la que paso a mi padre y me aconseja que no me dé por vencido, pero lo cierto es que estoy por tirar la toalla. Llevo dos semanas colmando de atenciones a la madre de mi hijo, demostrándole que la amo y solo recibo su indiferencia.

Me estoy haciendo un café cuando Brooke aparece por la cocina.

—Cole, tenemos que hablar —anuncia, seria—. Mis puntos ya están completamente bien y creo que ha llegado la hora de que regreses a tu vida y establezcamos una normalidad.

—¿A qué vida quieres que vuelva, Brooke? —le pregunto serio.

—Por lo pronto, a tu casa. Podrás venir a visitar a Derek siempre que quieras.

—¿De verdad es lo que deseas? —inquiero armado de paciencia.

—Te lo estoy diciendo. Siempre has sabido que tu presencia en mi apartamento era una situación temporal.

—¿No podré pasar ninguna noche con mi hijo? —susurro con pena.

—Es muy pequeño y tiene que estar con su madre. Cuando Derek crezca ya veremos.

—¿Te has parado a pensar cómo te sentirás cuando crezca un poco y yo me lo lleve conmigo los días que establezcamos? —Solo intento hacerle ver que aún estamos a tiempo de arreglar todo entre nosotros, que se deshaga de esa coraza, porque sé que me ama tanto como yo a ella.

—Sé que no va a ser fácil.

—Todo esto podría ser muy diferente si quisieras. Nos amamos, Brooke.

—Pero es que no quiero, Cole —reafirma.

—Bien, Brooke. No insistiré más sobre nosotros.

Me he cansado de demostrarte durante este largo tiempo que llevo en tu apartamento que haría lo que fuese por ti.

Que te quiero, que he cambiado y para ti nada es suficiente.

Solo espero que no te arrepientas en un futuro cuando sea demasiado tarde para los dos.

Me mira en silencio, siento que todo está dicho entre nosotros y chasqueo la lengua con rabia.

—Mañana mismo volveré a mi ático, pero vendré a ver a mi hijo a diario. Y te llamaré a menudo para saber de él.

Brooke solo asiente, el bebé llora, le da el pecho mientras que yo comienzo a recoger mis cosas sintiéndome atado de pies y manos, no pudiendo hacer nada para estar junto a la mujer que amo y con mi hijo a la vez.

La última noche con mi bebé la paso con él en mis brazos, mirándolo mientras duerme y tengo un sentimiento de culpa y despedida instalado en mi pecho que no consigo desprenderme de él.

Cuando me marcho por la puerta del apartamento de Brooke con todas mis cosas y ella está parada con Derek en sus brazos viéndome salir tengo la esperanza de que reflexione y me grite que me quede, que lo ha pensado todo mejor, que me ama, pero eso no sucede.

Me monto en el ascensor con mis pertenencias, sintiéndome roto por completo y sin poder evitar que varias lágrimas rueden por mis mejillas de camino al coche, notando que he perdido lo más valioso de mi vida.

La primera noche solo en mi ático es un completo infierno. Solo puedo pensar en cómo estén Brooke y mi hijo.

Al día siguiente hablo con mi padre y valoramos mil formas para obligar a Brooke a estar a mi lado, pero todas ellas me parecen un completo chantaje y no quiero llegar a ello, la amo demasiado como para usar esas cartas.

Voy a ver a mi hijo todos los días, paso con él bastantes horas y cuando llega el momento de irme siempre se me rompe el corazón en mil pedazos.

Miro a Brooke y sé que ella también sufre, pero no entiendo por qué no da el paso de confiar en mí.

Juré que no volvería a rogarle y no lo haré.

Si un día quiere venir a mi lado será por su propia voluntad y porque admita que me ama tanto como yo a ella, solo espero que sea consciente de que con esta situación sufrimos todos, porque Derek no está con su padre todo lo que debería.

***

Una semana después

Quedé con Brooke en que me pasaría esta tarde a ver a mi hijo, pero he terminado una importante reunión antes y no veo la hora de cogerlo y pasar más tiempo con él.

Hoy le voy a proponer que me deje llevarlo unas horas a casa de mi madre.

Sé que mis hermanas junto con mis padres han ido a visitar a Brooke para ver al bebé desde que me marché del apartamento, pero me apetece ir con mi hijo a casa de sus abuelos.

Si su madre nos quiere acompañar será bienvenida, pero tengo que comenzar a hacer cosas con Derek aparte de ir a visitarlo diariamente.

En unos días cumplirá un mes y crece a pasos agigantados, no quiero perderme nada de él y quiero que siempre sienta a su padre a su lado.

Cuando llego al apartamento de Brooke me encuentro la puerta abierta, paso y observo todo revuelto. La madre de mi hijo está sentada en el sofá con nuestro bebé en brazos y su amigo le cura un golpe que tiene en la ceja por el que sangra.

—¡¿Qué ha pasado aquí?! —pregunto alarmado. Miro bien la cara de Brooke y tiene también un golpe en la mejilla izquierda—. ¿Estás bien? —Llego a su lado y la observo, muy preocupado—. ¿Y el bebé?

—Estamos bien, Cole. Solo han entrado a robar —susurra Brooke—. Derek estaba en su cuna, ni siquiera lo han rozado.

Cojo a mi hijo de sus brazos para que Jax termine de curarla bien y la miro con los ojos muy abiertos.

—¿Y estos golpes? ¿Estabais aquí cuando han entrado? —pregunto, furioso porque le hayan puesto una mano encima. Observo la cara de Jax y él está ileso.

—Abrí la puerta creyendo que era Jax. Solo querían robar —explica sin mirarme a los ojos, con la voz cortada.

—¿Habéis llamado a la policía? —pregunto agitado. En estos momentos siento una gran impotencia.

—No, no es nada —le resta importancia y no lo entiendo.

—¡¿Que no es nada?! —bramo alzando la voz—. Brooke, ¡¿qué está pasando aquí?! —pregunto furioso, con mi hijo en brazos, mirando todo el apartamento revuelto y el rostro de la mujer que amo con golpes. Tengo ganas de matar a quién le haya puesto la mano encima.

Observo que Jax mira en silencio a Brooke de forma cómplice mientras le termina la cura con un apósito pequeño en la ceja.

—Voy a llamar a la policía para que cojan huellas y pones la denuncia —le ordeno.

—Cole, es mi casa. Deja de dar órdenes —dice alzando la voz, alterada.

—Perdona que me preocupe por la seguridad de mi hijo —le reprocho, agitado—. ¿Y si le hubiesen hecho algo a Derek? —bramo no queriendo ni imaginarlo—. ¿Cuántos eran? —pregunto sacando mi teléfono para poner al tanto a mi seguridad y que se encarguen de todo.

—Solo uno —susurra con la voz cortada.

—Cuéntale la verdad, Brooke —murmura Jax por lo bajo, pero lo escucho.

—¿De qué verdad habla? —inquiero acercándome a ambos, mirándola enfadado porque me esté ocultando la realidad de lo sucedido.

—Jax, déjalo —le suplica la madre de mi hijo.

—Lo siento, Brooke, pero Cole tiene que saberlo. Mira tu cara. ¿Y si le hubiese hecho algo al bebé?

—¿Qué está pasando, Jax? ¿Conocéis a la persona que ha estado aquí y ha hecho todo esto? —pregunto, muy enfadado.

—Se trata de Adrian —revela Jax mirando a la madre de mi hijo con culpa.

—¡¿Quién coño es Adrian?! —bramo mirando a Brooke, que rompe a llorar.

—Es como un hermano para ella —aclara su amigo—. En realidad, se trata de su primo. Sus padres murieron y los padres de Brooke se hicieron cargo de él. Adrian tiene diecinueve años y lleva algunos años metido en la droga. La vende y la consume —explica Jax.

—¡¿Por qué nunca me habías dicho nada sobre él?! —le reprocho taladrándola con la mirada, furioso—. Nunca me dijiste de este peligro y vives en un apartamento sin seguridad ninguna —la acuso, alterado.

—Porque hacía meses que no sabía nada de Adrian.

Pero se ha enterado que tengo un hijo de un hombre muy rico y vino a pedirme dinero.

Le dije que no tenía y me pegó —susurra y tengo ganas de matar a ese tal Adrian—.

Ayer te dejaste tu reloj encima de la mesa cuando bañaste a Derek, lo vio y se lo llevó —revela con lágrimas en los ojos—.

Cole, no sabía que iba a venir, ni que me haría nada en presencia del bebé.

A él no lo tocó, estaba dormido en su cuna.

Antes hubiese dejado que me matase —revela entre lágrimas.

—Bien. Recoge todo porque nos vamos de aquí —ordeno de golpe, decidido.

—¡¿Qué?! —pregunta, confusa.

—Nos vamos a mi ático —repito con claridad.

Siento su mirada y, antes de que diga nada, le indico con poca paciencia—: Sí, a mi superático de lujo con toda la última seguridad existente en el mercado, donde nadie pueda acceder a ti ni a mi hijo.

Y ni intentes negociar, Brooke. Porque, si te niegas, te juro que te rapto y te encierro allí —le advierto, exasperado.

—Pero no llames a la policía, por favor —susurra, nerviosa.

—Mi seguridad se encargará de todo —establezco con poca paciencia.

—Jax, ¿me puedes ayudar a coger algunas cosas? —pregunta levantándose del sofá, apartándose las lágrimas de su rostro mientras yo me mantengo en pie con mi hijo en brazos.

En cuanto Brooke desaparece hago mil llamadas y monto todo un operativo para encontrar a ese cabrón. Por suerte se ha llevado mi reloj y este me llevará hasta él.

Cada vez que miro a Brooke a la cara y veo su golpe en la mejilla y el apósito que lleva en la ceja tengo ganas de matar a ese hombre.

Conduzco en silencio mientras la madre de mi hijo va con él en el asiento trasero de mi coche.

Estoy tan enfadado con Brooke por no haberme contado nada sobre la presencia de este tío en su vida, por haberla dejado sola con mi hijo en su apartamento y por haber tenido que sufrir esos golpes sin que yo pudiera defenderla, que prefiero seguir en silencio antes de pelearme con ella y decir cosas de las que luego me arrepentiré.

Sin embargo, me pongo en su lugar y no quiero ni pensar en el miedo que debió de pasar cuando todo sucedió.

Llegamos a mi ático y le indico a la madre de mi hijo:

—Tienes una habitación dispuesta para ti y hay otra para el bebé. En ambos cuartos y en el resto de la casa encontraréis todo lo que podáis necesitar. Si te hace falta algo solo tienes que pedírmelo.

—Gracias —susurra cabizbaja.

—No me las des, Brooke. Siempre voy a protegeros, y, de haber sabido que existía la más mínima posibilidad de que tú o mi hijo estuvieseis en peligro por ese hombre jamás os hubiese dejado solos en tu apartamento sin seguridad. Aquí estáis a salvo. No tengas miedo.

—Cole, Adrian tiene serios problemas de consumo y deudas. Solo tiene diecinueve años. Si lo encuentras antes que la policía no lo entregues, por favor —me ruega entre lágrimas.

—¿Y qué quieres que haga? ¿Lo traemos a vivir con nosotros? —bramo, enfadado, paseándome por el salón como un león enjaulado.

—Mi madre y yo siempre nos sentimos culpable porque cayese en ese mundo con quince años. No supimos sacarlo de ahí ni protegerlo.

Me quedo pensativo, me acerco a ella y le pregunto agachado a su altura:

—Cuando te saqué de la piscina el día que caíste tenías un golpe en las costillas. Me dijiste que te habías caído en el trabajo. ¿Fue cierto? ¡No me mientas! —le advierto fulminándola con la mirada.

—Intenté que Adrian no se marchase a la calle. Quise retenerlo y caí por las escaleras —revela y cierro los ojos al mismo tiempo que aprieto los dientes con fuerza.

—¿Caíste o te empujó? —inquiero, furioso. Brooke se queda en silencio y aparta su mirada—. Ese hijo de puta no te volverá a poner una mano encima, te lo juro. —Le acaricio el rostro y aparto una lágrima de su mejilla.

—Es la única familia que tengo, Cole —susurra, apenada y sin voz.

—Lo tendré en cuenta cuando lo encuentre —murmuro levantándome de su lado y atendiendo el teléfono que suena en mi bolsillo, alejado de la madre de mi hijo.