La debilidad del diablo Capítulo 41
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Capítulo 41

Brooke

Tener a mi bebé en brazos, sano y comprobar que es perfecto en todos los sentidos me llena el corazón de alegría.

Nunca pensé en ser madre tan joven, tenía muchos planes en mi vida antes de la maternidad, pero no cambiaría este momento por nada.

Derek es lo mejor que me ha pasado en la vida.

Es igual a su padre, sus mismos ojos, la cara, y es algo que me enorgullece porque Cole es un hombre muy guapo.

Ver al padre de mi hijo en esta nueva faceta me emociona.

Cómo lo mira, cómo lo acuna, cuando le da un beso, es tanto el amor que refleja hacia él que me siento un completo monstruo al pensar que mi hijo podía haber estado privado de todas estas atenciones porque decidí no decirle a Cole que iba a ser padre y no contenta con esto luego le mentí sobre su paternidad.

Debo agradecer que Cole Kessler sea un hombre de armas tomar y averiguase por su cuenta que Derek era su hijo, jamás se lo diré, pero me siento orgullosa de esta acción.

Cole está dormido en el sillón y tiene la cuna del bebé al lado. No se ha despegado de nuestro lado desde que di a luz y nos ha colmado de atenciones, tantas, que ha conseguido ablandar mi corazón y pensar que podamos ser una familia feliz.

Nos traen el desayuno, mi hijo también demanda comer, me revisan los puntos, mis amigos vienen a verme de nuevo y luego lo hace la familia de Cole. Todos están encantados con el bebé. Derek hasta el momento es muy bueno, solo come y duerme.

Recibo un gran ramo de flores, rosas rojas, me emociono, nunca me habían regalado flores y en la tarjeta descubro que son un detalle del padre de mi hijo. Lo miro en silencio y sonrío con lágrimas a punto de brotar de mis ojos cuando leo:

Gracias por nuestro bebé, es lo mejor que me ha pasado en la vida junto contigo. Os amo a los dos. Ahora he descubierto el verdadero significado de la palabra familia.

Como estamos rodeados de más gente solo nos sonreímos sin decir nada más. Ya tendré tiempo de agradecerle el detalle cuando estemos a solas. Lo cierto, es que me ha encantado que me enviase flores.

Cole baja a la cafetería con su padre, su madre está sentada en el sofá con mi pequeño en sus brazos, sus dos hijas a los lados y mi amiga Daphne está junto a mí cuando me susurra de forma discreta:

—Creo que deberías ver esto. Desde que se hizo público que el hijo de Cole Kessler ha nacido las redes están inundadas de estas informaciones.

—¡¡¿Qué sucede?!! —pregunto en voz baja, con miedo, tratando de no llamar la atención de Maggie y sus hijas.

—Existen varias fotografías de Cole con otras mujeres durante tu embarazo.

Te confesó que te amaba en la gala del premio que recibió y ahora las informaciones son que te ponía los cuernos mientras estabas en estado.

Ahí abajo, en la puerta del hospital, hay apostados un montón de periodistas esperando vuestra salida.

Daphne me enseña las fotos que ruedan por las redes y siento como si me clavasen un puñal en el corazón. ¿Así es como Cole dice que me amaba?

—Gracias por decírmelo, Daphne —susurro con pena.

—También creo que han averiguado la dirección de tu apartamento —murmura.

—Es lo que tiene que el padre de tu hijo sea el soltero de oro de esta ciudad —comento con sarcasmo y dolor a la misma vez—. Me encargaré de decirle a los medios que Cole y yo no estábamos ni estamos juntos, que no tengo cuernos porque no éramos pareja. Solo tenemos un hijo en común.

—Yo que tú no haría ningún tipo de declaración —me aconseja Daphne.

—¿Y quedo como una cornuda? ¡No! —determino con rabia.

Mi hijo empieza a lloriquear, Maggie me lo acerca y dice:

—Creo que tiene hambre.

Le doy el pecho bajo la atenta mirada de su abuela y sus tías mientras que mi mente solo está en las fotografías y titulares que me ha enseñado Daphne. Vuelvo a sentir una gran decepción en mi pecho y todo lo que había pensado que podría llegar a ser con Cole y mi hijo juntos se desvanece.

Cole insiste en volver a quedarse la tercera noche con nosotros en el hospital, los médicos me han dicho que mañana podré volver a casa, pero deberé tener cuidado y reposo con los puntos por la cesárea.

Tras un día muy agitado de visitas, cuando Cole y yo nos quedamos a solas él me pregunta:

—He pensado que cuando te den el alta lo más acertado es ir a mi ático. Ya he dispuesto todo allí para nuestro hijo.

—¡¿Por qué?! No voy a ir a tu ático —le dejo muy claro de inmediato.

—Brooke, estás convaleciente. Necesitas cuidados por los puntos de la cesárea y en mi casa estaremos los tres más cómodos. Por favor, mi amor, no seas cabezota. Todo lo que tengo también es vuestro.

—Te voy a dejar algunas cosas claras, Cole —le advierto seria y distante—. No voy a ir a tu ático, no me llames mi amor y ten presente y claro que no soy nada tuyo. Solo la madre de tu hijo —le manifiesto dirigiéndole una mirada fría.

—¿Qué te pasa, Brooke? —pregunta, extrañado—. Pensé que todo entre nosotros tras el nacimiento de nuestro hijo se estaba arreglando. Te quiero.

—Me quieres —susurro por lo bajo y lo miro con desconfianza—.

Por lo pronto aclárales a los medios que entre tú y yo no hay nada, solo un hijo en común.

Y que con todas las mujeres que has estado estos meses, durante mi embarazo, no me has puesto los cuernos porque eras un hombre libre —le espeto con rabia.

Cole me mira con los ojos muy abiertos. No contaba con que yo manejase esta información.

—Brooke… eso es algo de lo que ya me estoy encargando. Alguien me quiere joder al sacar esas fotografías y arruinar este bonito momento.

—Entre tú y yo no hay nada, ni nunca lo habrá. Fin del asunto, Cole —establezco.

—Esas mujeres no significaron nada, por favor, tienes que creerme. Pasé por una verdadera agonía buscándote durante meses.

—Sí, ya lo veo. Esas fotos lo reflejan muy bien —comento con sarcasmo. No le creo nada.

—Brooke, le ponía tu cara a cada mujer con la que estaba.

Te buscaba en ellas y la frustración de no encontrarte me mataba.

No puedo dejar de pensar en los momentos que estuvimos juntos.

Los tengo grabado a fuego en mi memoria.

Me dejaste marcado de por vida, ¿no lo entiendes? —suplica, desesperado.

—Lo único que entiendo es que tú y yo somos muy diferentes.

No soy nada como a lo que estás acostumbrado.

Mírame ahora, aquí en la cama de un hospital, con una cicatriz de cesárea que permanecerá en mi cuerpo para siempre, con todos los kilos de más que cogí en el embarazo.

¿De verdad crees que puedo pensar atraerte lo más mínimo?

Por favor, Cole, a quién quieres engañar —carcajeo.

Me mira serio, se acerca a mí de forma peligrosa y dice:

—Con solo mirarte mi corazón se acelera y se me pone dura.

He deseado hacerte el amor embarazada desde que te encontré.

Y en estos momentos, si las circunstancias nos lo permitiesen te iba a demostrar todo lo que me atraes.

Y no es solo algo físico, mis sentimientos están ligados a ellos como jamás lo han estado con nadie.

Te necesito a mi lado, no solo en mi cama, sino como compañera de vida.

Como la mujer que amo, como la madre de mi hijo y como la persona que lo es todo para mí.

¿No lo entiendes, Brooke? Estoy loco por ti —confiesa mientras mi corazón late a un ritmo vertiginoso.

Aparto la mirada de sus increíbles ojos grises antes de que me atrapen y susurro:

—No voy a caer, Cole. Te lo repito, lo único que nos unirá siempre será nuestro hijo. Vuelve a tu vida, a tu ático y a tus lujos.

—Si es lo que quieres… Volveremos a tu apartamento —susurra, resignado.

—No. Yo voy a volver a mi apartamento —aclaro acentuando cada palabra que sale de mi boca.

—Tú tienes unos puntos que no te permiten hacer una vida normal.

No puedes estar sola con nuestro hijo. Iré con vosotros hasta que te recuperes por completo y luego establezcamos cómo lo hacemos con él.

Brooke, voy a ser un padre muy presente en la vida de Derek.

Necesito que lo tengas muy claro. Veré a mi hijo todos los días y pasaré tiempo con él —me advierte de forma tajante.

—No te lo voy a negar —manifiesto de frente, con la cabeza alta.

Derek lloriquea, Cole lo saca de su cuna, le da un beso y lo coloca en mis brazos para que le dé el pecho. Nos miramos en silencio mientras la tensión entre nosotros se puede cortar con un cuchillo.

El resto de la noche apenas nos dirigimos la palabra, solo cuando el bebé necesita algo ahí estamos como unos padres unidos.

Al día siguiente nos dan el alta y volvemos a mi apartamento. La madre de Cole quiere hacer una fiesta de bienvenida en su casa por la llegada del bebé, pero su hijo la convence de que será mejor cuando me recupere totalmente de los puntos.

Cuando abro la puerta de mi apartamento con mi hijo en brazos y Cole a nuestro lado lo encuentro todo decorado con globos azules y blancos, flores, regalos y un cartel que dice: Bienvenidos a casa.

Me emociono y Cole me indica que ha sido obra de su madre y de sus hermanas.

Un detalle precioso que me hace comprobar que mi hijo va a ser muy querido.