La debilidad del diablo Capítulo 38
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Capítulo 38

Cole

Siento una gran decepción cuando llego al apartamento de Brooke y la encuentro dormida en su cama. No sé qué esperaba a mi regreso, pero, al menos, pensé que estaría despierta y habría visto mi discurso. Algo dentro de mí tenía la esperanza de que me creyese, que realmente la amo.

Con un suspiro miro el incómodo sofá y bufo por lo bajo sabiendo la terrible noche que me queda por delante.

Me desnudo, me tumbo y cierro los ojos volviendo a los momentos en los que Brooke y yo disfrutábamos en mi cama.

Lo que daría por volver a dormir junto a ella, abrazarla, besarla, acariciarla y hacerle el amor.

Me quedo dormido tras más de tres horas dando vueltas, con ganas de tirar el sofá por la ventana y comprar el más caro del mercado, pero me contengo.

Si esto es lo que Brooke quiere, pues así será.

Tengo que demostrarle que estoy aquí porque la amo, a ella y a mi hijo, y que haría lo que fuese con tal de estar a su lado.

Me despierto cuando mi teléfono suena, apenas son las nueve de la mañana de un sábado.

—¿Qué pasa? —pregunto al jefe de seguridad en Kessler.

—Cole, tras tu declaración de amor de anoche todos los medios buscan a Brooke.

Solo existe la foto de vosotros juntos hace unos meses en la fiesta de los Meyer.

La puerta del edificio de tu ático está llena de periodistas.

Hoy sois el blanco de todas las miradas y aparecéis en todos los periódicos y programas de televisión —me advierte.

—Vaya, qué divertido. Encárgate de mantener nuestra privacidad, y que el equipo jurídico esté atento a todo por si pasan la línea y hay que demandar a alguien.

Cuelgo la llamada y me encuentro con Brooke mirándome con atención. No me he dado cuenta de que estaba ahí mientras hablaba con Ross.

—¿Sucede algo? —pregunta, preocupada.

—Nada, un revuelo de periodistas tras recibir el premio anoche y hacer una declaración personal —comento mirándola con atención. Brooke solo asiente mientras percibo que pasea la mirada por mi cuerpo, solo llevo unos calzoncillos negros.

—¿A qué se debe el revuelo de los periodistas? —pregunta con interés.

—Tranquila, están apostados en la puerta del edificio de mi ático. Solo espero que no descubran que estamos en tu apartamento. ¿No me viste anoche por la televisión cuando recibí el premio? —inquiero mirándola con atención.

—No —susurra y sé que me está mintiendo por cómo aparta sus ojos de los míos. Sonrío, me acerco, me detengo al lado de su oído y le susurro—:

—Está en internet y por todos lados, puedes verlo porque hoy se habla mucho sobre nosotros. —Brooke me mira seria—. Voy a darme una ducha.

Desaparezco y la dejo plantada en medio del salón mientras llevo una enorme sonrisa pintada en mi cara.

Cuando salgo de la ducha, envuelto de nuevo en una toalla demasiado pequeña para mi tamaño, me dirijo hacia el salón, donde tengo la maleta con mis cosas para cambiarme. Brooke está en la cocina haciendo el desayuno. En cuanto me ve me reprocha, alterada:

—¿Por qué has hecho eso?

—¿El qué? —pregunto con fingida inocencia.

—Las declaraciones de anoche. Ahora todo el mundo sabe que voy a tener un hijo contigo, porqué tuviste que dar mi nombre —me espeta, enfadada.

—Porque no tengo nada que ocultar. Al contrario, estoy orgulloso de la madre de mi hijo.

—No quiero salir a la calle y que me relacionen contigo —alza un poco la voz.

—Eso va a ser imposible. Nuestro hijo nos va a unir toda la vida.

De repente mi teléfono suena, veo que es mi padre y atiendo la llamada. El plan que me propone es fantástico, solo espero que Brooke acepte.

—Mi familia nos invita a pasar el día en casa de mis padres.

Mis hermanas quieren verte. Di que sí, por favor, así salimos de aquí.

Te hará bien. Podrás pasear por el jardín, tomar un poco de sol, estar con mis hermanas…

Y también estaremos lejos de los periodistas si consiguen dar con esta dirección.

—Cole…

—Por favor, hazlo por mis hermanas. Te han visto muy poco tiempo embarazada y tienen ganas de estar contigo. Este apartamento es pequeño. En casa de mis padres estaremos más cómodos y pasaremos el día allí.

—Vale —accede finalmente y esbozo una gran sonrisa.

—Gracias, vas a hacer muy feliz a mis hermanas y a mi madre. Y te vendrá bien salir un poco de este apartamento tan pequeño.

En el trayecto en el coche siento a Brooke nerviosa, se retuerce las manos. Me atrevo a llevar la mía hasta ellas, apretárselas y decirle:

—No tienes de qué preocuparte. Todo va a ir bien en casa de mis padres. Ya conoces la propiedad y los otros días todo fue genial con ellos.

—Es una situación incómoda —murmura.

—¿Incómoda porque te empeñas en estar separada del padre de tu hijo? —inquiero con una enorme sonrisa—. Te reafirmo lo que dije anoche. Te amo, Brooke. Eres la única mujer que me interesa en mi vida.

—Tú solo quieres hacer las cosas bien dadas las circunstancias —comenta acariciando su vientre.

—Yo te quiero a ti y a nuestro hijo. No me interesa nada más. Dame una oportunidad, Brooke —le ruego—. Te lo demostraré.

—No insistas, Cole —me advierte de forma fría.

—Vale. No lo haré más. Solo quiero que sepas que te amo, que estoy aquí y que cuando te des cuenta de que estamos perdiendo el tiempo porque los dos nos queremos seas lo suficientemente valiente como para venir y decírmelo.

Brooke aparta sus ojos de los míos y clava la mirada en la ventanilla del coche, centrándose en el tráfico. Permanecemos en silencio hasta que entramos en la propiedad de mis padres, la familia entera nos recibe y mis hermanas y mi madre acaparan a Brooke por completo en cuanto la ven.

Mi padre y yo nos encargamos de la barbacoa mientras que la madre de mi hijo permanece sentada en el jardín charlando con mi madre y jugando con mis hermanas.

El día se da muy bien, siento a Brooke relajada con mi familia y me alegra que la relación cada vez sea menos forzada.