La debilidad del diablo Capítulo 37
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Capítulo 37

Brooke

Cuando la familia de Cole se marcha me siento mucho más tranquila por lo bien que están llevando la situación.

Son tan cercanos y especiales que me hace muy feliz que mi hijo tenga a personas así en su vida.

Que no me hayan reprochado cómo actué con Cole ocultándole a mi bebé ni intenten que estemos juntos dice mucho de lo educados que son y de que me aceptan pese a la gran diferencia de clase que existe entre el padre de mi hijo y yo.

—¿Todo bien? —se interesa Cole cuando nos quedamos a solas.

—Sí. Adoro a tus hermanas. Y tus padres son increíbles. Tienes una familia estupenda y me alegro de que nuestro hijo cuente con todos ellos.

—Nunca envidié a mis padres hasta hace poco. Me encantaría llegar a conseguir todo lo que ellos tienen —revela mirándome de una forma intensa a los ojos.

—Serás un buen padre, Cole —susurro bajando la mirada.

—También me gustaría ser un buen marido, y tener más hijos —revela y esto hace que lo mire a la cara de nuevo y esboce una sonrisa forzada.

—Hasta hace poco no querías compromisos ni ataduras y ahora lo quieres todo.

—Mi padre me dijo una vez que un hombre cambia su forma de ver la vida cuando la mujer indicada aparece. A mí no me había sucedido hasta que te cruzaste conmigo. Brooke, desde el día en el que te miré por primera vez te deseé y te quise para mí —confiesa.

—Y me tuviste, Cole. ¿Recuerdas que me llevaste a tu cama? También me rompiste el corazón. Y comprendí que no estamos hechos para estar juntos.

—Brooke, si no hubieses escuchado esa conversación con Axer estoy seguro de que estaríamos juntos. Te iba a confesar que quería una relación contigo. Algo serio.

—Tú solo querías seguir acostándote conmigo —le espeto—, y cuando te cansases de mí cambiarme por otra.

No voy a volver a caer, Cole. Ni aunque ahora vayamos a tener un hijo.

Para ti las relaciones son un entretenimiento, yo pongo el corazón.

Y me lo han partido dos veces, no dejaré que vuelva a ocurrir.

A partir de ahora solo existirá mi hijo y mi trabajo.

—Brooke, podemos ser muy felices —intenta convencerme—. Intentémoslo.

—No insistas, Cole. Lo único que compartiremos será a nuestro hijo.

Lo dejo solo en el salón, me meto en la habitación, cierro la puerta, me tumbo en la cama y me permito llorar en silencio.

Amo al padre de mi hijo, me enamoré de él cuando pensé que era un hombre casado y con dos hijas, luego vivimos algo increíble entre nosotros y llegó la decepción.

En estos momentos tengo pánico de querer intentar algo con él porque el miedo a que salga mal es superior al amor, porque, aunque me cueste admitirlo, amo a Cole y eso no lo voy a poder cambiar por mucho que lo intente.

Ahora solo pretendo estar en paz y no sufrir.

En mitad de la noche voy a la cocina de nuevo, en esta ocasión no es por sed, sino por curiosidad por saber dónde está durmiendo el padre de mi hijo.

De nuevo observo a Cole en el suelo y siento pena por él, pero esto es algo que él desea.

Puede irse a su fantástico ático a dormir en una cama de miles de dólares y dejarme en paz.

Cuando me levanto Cole ha preparado el desayuno y me sorprende con una caja de cruasanes recién hechos.

—¿Has salido a comprarlo? —pregunto con curiosidad.

—No. Me los ha traído Natt junto con el esmoquin que llevaré esta noche para recoger el premio. Vino muy temprano.

—¿Vas a vestirte aquí? —pregunto con sorpresa.

—No te voy a dejar sola, Brooke —recalca.

—¿Sabes algo de tu coche? —me intereso.

—Sí. Lo han encontrado en un taller clandestino que se dedicaba a robar automóviles de alta gama. Gracias al chip de seguridad de última generación que llevaba instalado han podido dar con mucha gente que han detenido.

—Vaya. El robo ha valido para coger a unos cuantos delincuentes.

—Sí. La policía me ha pedido hasta el chip que he desarrollado para algunos de sus casos.

—¿Es obra tuya? —pregunto con curiosidad.

—Sí. Siempre se me dieron muy bien los ordenadores. También tengo una inteligencia superior, destacaba en el colegio.

—Vaya, espero que tu hijo herede esa parte —comento, sonriente.

—A mí no me importaría que tuviese todo de su madre —murmura con sus ojos claros clavados en los míos.

Luego mueve un poco el cuello y hasta escucho cómo le cruje.

—¿Estás bien? —le pregunto con cierta preocupación.

—Sí, debe de ser una mala postura, pero no es nada. —No me dice que duerme en el suelo porque probablemente el sofá sea un completo infierno—. Igual si me das un masaje mejora para esta noche… —susurra esperanzado.

—Vale —accedo porque me da pena—. Desayunemos y te doy un masaje en el cuello y vemos cómo lo tienes.

Me como dos cruasanes y cierro la bandeja antes de devorarla entera, soy un pozo sin fondo.

Me lavo las manos, le indico a Cole que se siente en una silla y llevo mis manos hacia su cuello.

Lo siento rígido, en tensión. Comienzo a darle un masaje mientras la culpa me come por dentro porque sé que soy la responsable indirecta de su estado.

—Joder, tienes manos de santo. No pares, Brooke —susurra, aliviado.

—Tienes las cervicales fatal. ¿No has considerado ir a dormir a tu ático y volver por la mañana? —le propongo.

—No. Me voy a quedar a tu lado hasta que el bebé nazca.

—Para eso falta casi un mes si todo va bien —le recuerdo—. Igual tus cervicales no aguantan tanto.

—Soy un tipo duro, no te preocupes. Además, durante mi vida no fui tan rico como lo soy ahora.

Hasta los dieciocho años viví de una forma modesta, con ciertos lujos, pero nada comparado con todo lo que tuve al llegar a Nueva York y encontrar a mi padre.

Por eso puedo entender que mi vida te parezca de otro mundo con respecto a la tuya y todos los miedos que deben de pasar por tu cabeza.

Continúo dándole el masaje y no le digo nada más. Luego Cole me comenta que tendrá varias reuniones importantes durante la mañana y le ofrezco la privacidad de mi habitación. Algo que acepta con gusto y de esta forma puedo moverme por el resto de mi apartamento con libertad.

Desde el salón lo escucho hablar, dar órdenes y cómo se comporta en una reunión y lo respetan mientras mantengo toda la mañana la televisión en silencio. Descubro que es muy profesional y metódico en su trabajo y eso me gusta mucho.

Hace dos horas que he dejado de escuchar a Cole hablar, he hecho la comida y me extraña que no haya salido de la habitación para almorzar.

Me atrevo a abrir un poco la puerta, me tiene algo preocupada y lo encuentro con el ordenador cerrado a un lado de la cama y dormido.

La culpa me envuelve, dejo que descanse y decido comer sola.

Cuando Cole aparece por el salón, con pintas de dormido me sonríe.

—Perdón. Tras las reuniones me quedé frito. Esta noche dormí poco —se excusa.

—No pasa nada. Te he dejado el almuerzo listo en la nevera, solo tienes que calentarlo.

—Gracias —susurra dirigiéndose hacia la cocina—. Como un poco, me ducho, me visto y me marcho. Los premiados debemos estar un par de horas antes para unas fotografías de protocolo. ¿Tus amigos vienen para estar contigo o llamo a mi madre? —se interesa.

—Vienen mis amigos. Jax quiere pedir pizza .

—Bien. No me gusta que estés sola —me advierte de forma cariñosa.

Lo observo comer un poco, luego se mete en la ducha, se viste en mi habitación y cuando sale con el esmoquin negro, el pelo mojado, sus ojos grises con un brillo especial y ese aroma que me envuelve por completo, el corazón me da un vuelco.

Está guapísimo, increíble. Esta noche no habrá mujer que no se le eche encima y es algo que me molesta pensarlo y que suceda.

Porque, al fin y al cabo, es un hombre libre y puede hacer con su vida lo que quiera sin darme explicaciones.

—¿Qué tal me ves? —pregunta con la mirada clavada en mí.

—Te queda perfecto —susurro de forma seca, tratando de dominar lo que siento.

—¿Puedo despedirme de mi hijo? —pregunta mientras lo miro con el ceño fruncido. No sé muy bien a qué se refiere.

—Sí —murmuro con dudas.

Cole se acerca, coloca la gran palma de su mano en mi vientre, me mira a los ojos, se agacha y posa sus labios en mi barriga.

—Adiós, hijo. Papá se va por unas horas a recoger un premio muy importante y espero que en el futuro estés orgulloso de mí —susurra mientras contengo las lágrimas.

El amor que Cole muestra por nuestro bebé me deja indefensa—.

No se te ocurra nacer en la ausencia de tu padre —le advierte con una enorme sonrisa—.

Voy a llevar el móvil encima en todo momento.

Si te sientes mal o lo que sea me llamas y lo dejo todo, ¿vale?

—me indica y puedo leer la preocupación en su expresión.

—Vamos a estar bien —comento acariciándome el vientre.

—¿Me vas a ver por la televisión? —pregunta antes de marcharse.

—Puede.

—Por favor, hazlo —me ruega. Me da un beso en la frente, se marcha y me deja más alterada que si me hubiese dado un beso ardiente.

Al poco llegan mis amigos, Jax y Daphne ponen la televisión y vemos llegar a Cole a la entrega de premios.

—Joder, si es que el padre de tu hijo está buenísimo —dice Jax mirándolo entrar al evento y posando solo ante los fotógrafos con tal naturalidad que pareciese que lo hace todos los días.

—La verdad, el tío es guapo a rabiar. Tiene un porte, una elegancia, unos ojos y un atractivo natural… —murmura Daphne—. No sé cómo te resistes a él teniéndolo tan cerca.

—¿Cole os ha pagado? Vuestra amiga soy yo —comento, algo molesta.

—Solo estamos resaltando sus atributos, que son muy visibles —responde mi amigo.

—Pues deberíais resaltar que es un hombre que no quiere compromisos y que si está contento de ser padre es porque no le queda más remedio.

Llegan las pizzas , vemos una breve entrevista de Cole a los medios y luego observamos cómo sube al escenario cuando lo nombran el empresario del año y el hombre más joven que se ha alzado con este premio. Destacan su talento y le indican que puede decir unas palabras de agradecimiento.

Cole se hace con el micro, sonríe a la cámara de una forma que no sé cómo no la derrite, y dice:

—Este premio quiero dedicarlo a las dos personas más importantes de mi vida.

A Brooke, la mujer que amo con toda mi alma, y al hijo que tendremos dentro de muy poco.

Sois los dos grandes motores de mi existencia.

Este premio es para vosotros, deseo que estéis muy orgullosos de mí. Os amo. Sois mi vida entera.

—¡Joder, con dos cojones! ¡Lo ha soltado delante de todos! —Jax se lleva las manos a la boca, alucinado. Me mira con los ojos muy abiertos—. ¿Qué decías de que es un hombre que no quiere compromisos? Porque yo lo veo dispuesto a todos.

Lo miro tomando una bocanada de aire.

—¡Madre mía, te quiere de verdad! —murmura Daphne mirándome con sorpresa.

Yo tengo un nudo muy grande en la garganta que apenas me deja pasar el aire y varias lágrimas recorren mis mejillas sin apenas ser consciente de cuándo han aparecido.

No esperaba esta declaración de amor en público.

El corazón me late muy deprisa mientras me llevo la mano al vientre y me lo masajeo.

El auditorio entero estalla en aplausos hacia Cole, desaparece del escenario y los presentadores hacen un comentario diciendo:

—El soltero de oro de esta noche está más que pillado. Quién lo iba a decir de Cole Kessler. Una declaración pública de amor y un hijo en camino, qué bien guardado se lo tenía.

En un arrebato apago la televisión e intento tranquilizarme.

—¿Estás bien, Brooke? —preguntan mis amigos.

—Sí. No sé por qué ha hecho algo así —me quejo, alterada. No sé cómo encajar la confesión pública del padre de mi hijo.

—Porque es lo que siente de verdad. Ese hombre no mentía en su discurso —dice Jax.

—No puedo volver a caer con Cole. Lo nuestro no saldría bien —lamento, con lágrimas por mi rostro.

—Inténtalo —me anima Jax.

—No —niego en rotundo—. Y ahora, por favor, marchaos. Voy a meterme en la cama. No quiero estar despierta cuando Cole llegue ni hablar con él de lo que acaba de hacer.

—¿Sabes que eres una completa cobarde? —me reprocha Jax en plan regañina, pero no le sigo el juego.

Despido a mis amigos y me meto en la cama.

Cuando Cole regresa lo siento abrir la puerta de mi habitación para comprobar que estoy bien. Se queda unos minutos a los pies de la cama observándome en silencio y luego cuando cree que duermo se marcha.