Capítulo 35
Brooke
Me tumbo en la cama y dejo que Cole se haga cargo de recoger todo. Tengo la esperanza de que se sienta tan incómodo y eche tanto de menos su fabuloso ático con todos sus lujos y comodidades que decida irse pronto.
Cuando despierto me doy cuenta de que he dormido toda la noche de tirón, siento hasta vergüenza al tener a Cole en casa y ser casi media mañana, pero es que el sueño y el apetito es algo que no controlo con el embarazo.
Aparezco en el salón y me paro en seco, abro mucho los ojos, el corazón me da un vuelco por completo y con las malditas hormonas revolucionadas no puedo evitar que un par de lágrimas rueden por mis mejillas cuando veo al padre de mi hijo agachado con un destornillador en mano terminando de montar la cuna que compré para mi bebé hace un par de meses.
Cole siente mi presencia, se gira, me mira con su sonrisa seductora increíble e innata, no tiene que esforzarse en ella, y dice:
—Quería darte una sorpresa. Creo que el bebé puede nacer en cualquier momento y es bueno que esté armada.
—Gracias —susurro con emoción. Cuando la compré no pensé que la montaría el padre de mi hijo, pero me ha gustado que fuese él.
—Ahora la ponemos en la habitación y probamos cómo queda al lado de la cama. Igual hay que moverla.
—Tengo que preparar una bolsa con cosas del bebé por si tenemos que volver a ir al hospital —comento.
—¿Estás bien? —pregunta Cole y lo siento preocupado.
—Sí, sí. Todo muy bien. Esperemos que este niño tarde en nacer unas semanas más para que lo haga en su tiempo y todo vaya bien.
Suena el timbre y son Daphne y Jax, creo que Cole siente que sobra y me dice que va a dar una vuelta para conocer el barrio.
Me quedo a solas con mis amigos y en cuanto el padre de mi hijo desaparece preguntan:
—¿Cómo llevas tenerlo pegado a ti todo el tiempo?
—Tenías que haberte ido a su ático —dice Jax.
—Ni loca. No vuelvo más allí. Espero que Cole se canse pronto de este pequeño apartamento y decida irse solito cuando eche de menos todas las comodidades a las que está acostumbrado.
—No creo que se vaya —murmura Jax—. Yo pienso que ese hombre va a cuidar de ti y de tu hijo el resto de vuestras vidas. Solo hay que ver cómo te mira. A mí nunca me ha mirado jamás así un hombre, y eso solo tiene un nombre; amor.
—No digas tonterías. Cole Kessler está acostumbrado a tenerlo todo. Pero a mí no me va a tener más —susurro, convencida de ello.
Mis amigos se marchan y cuando Cole regresa ya estoy un poco preocupada por él. No conoce el barrio y ha tardado más de lo que esperaba.
—¿Te has perdido? —pregunto sin demostrar mucho interés por su prolongada ausencia.
—No. Me han robado el coche. He tenido que ir a poner la denuncia —dice como si nada.
—¡¡¿Cómo?!! —me preocupo.
—Supongo que un coche como el mío desentona en este lugar, no caí en eso. Le diré a Natt que compre uno más discreto, tampoco le puedo pedir que me traiga otro de los míos o de mi padre porque son del mismo valor.
—¿Cuántos coches tienes? ¿Y cuánto valen tus coches? —pregunto con desconcierto.
—Yo tengo tres, mis padres tienen ocho. Y te aseguro que todos cuestan más de doscientos mil dólares.
—¿Y cómo se te ocurre dejarlo ahí en la puerta? ¿Crees que encuentren el coche? —inquiero preocupada.
—Sí, todos tienen un dispositivo de localización. Quien lo haya robado está metido en un buen lío —dice muy tranquilo.
—¿Es la primera vez que te pasa?
—Sí. —Se hace un silencio y dice de golpe—: Este barrio no es seguro para que se crie mi hijo.
—Cole, no empieces —le advierto.
—Por lo menos déjame instalar seguridad en este apartamento —me solicita con tono paciente.
—No. No quiero que controles lo que pasa en mi casa.
—Solo deseo que estéis seguros.
—Cole, llevo viviendo en este lugar meses, y te aseguro que me he criado en un barrio peor que este y aquí me tienes. No todo el mundo vive rodeado de seguridad como tú.
—Vale —susurra dejando el tema a un lado cuando aprecia que me estoy alterando—. Ya lo he arreglado todo para trabajar desde casa —anuncia y lo miro con sorpresa—. No te voy a dejar sola en ningún momento —me advierte antes de que proteste—. Yo te cuidaré de todo.
Bufo, pongo los ojos en blanco y sé que no tengo nada que hacer.
Mientras cenamos Cole me pide permiso para que vengan mañana a visitarme su madre y sus hermanas, por supuesto que se lo doy. Tengo muchas ganas de ver a Blair y Harper y sé que él siente mi ilusión.
Cuando llega la hora de dormir me voy a mi cama y aprecio cómo Cole prepara el sofá y le doy las buenas noches.
Me levanto a medianoche a beber un poco de agua y veo a Cole en el suelo.
En principio me asusto y estoy a punto de acercarme a comprobar si le ha pasado algo, pero aprecio desde cierta distancia la regularidad de su respiración y solo creo que ha decidido que está más cómodo ahí.
Cole es muy grande, no cabe extendido entero en el sofá y tampoco es nada cómodo.
Siento cierta pena porque duerma en ese lugar, pero no pienso ofrecerle que comparta cama conmigo bajo ningún concepto.
Eso no va a volver a suceder. Cole Kessler no va a volver a romperme el corazón porque no pienso dejar que se acerque más de lo necesario por nuestro hijo.
Cuando me levanto por la mañana Cole está en la cocina tomándose un café.
—¿Qué tal la noche? —decido no decirle que lo vi durmiendo en el suelo, creo que es lo mejor.
—Bien —murmura, y no dice nada más. Ni una queja ni nada. Me quedo observándolo con sorpresa.
—¿Pasa algo? —pregunta mirándome a los ojos.
—Nada.
Tocan a la puerta y ni Cole ni yo nos acordábamos de que nos tenían que traer la compra.
La recibimos y la colocamos en mi cocina entre los dos.
Él se encarga de las cosas de peso y yo le indico dónde va todo.
Parecemos una pareja que vive junta desde hace tiempo, me permito pensar cómo hubiese ido todo entre nosotros si llega a ser verdad que Cole me quería desde hace meses.