La debilidad del diablo Capítulo 32
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Capítulo 32

Cole

Cuando recibo la llamada de mi madre estoy en compañía de mi padre. Juntos acudimos al hospital. Conduzco bastante rápido, tanto que mi padre tiene que pedirme en varias ocasiones que me tranquilice, pero hasta que no vea a Brooke y compruebe que todo está controlado no estaré tranquilo.

Me dirijo a la habitación que mi madre nos ha indicado. Cuando abro la puerta me encuentro con Brooke en la cama y mi madre a su lado. Nos miramos en silencio y tengo que refrenarme para no abrazar y besar a la madre de mi hijo como deseo.

—¿Estás bien? —pregunto, asustado con el corazón agitado desde los pies de la cama, no me atrevo a acercarme más. Siento que mi madre se posiciona a mi lado y me acaricia el brazo. La miro y le digo—: Gracias, mamá.

—Os dejo solos —susurra mi madre dirigiéndonos una sonrisa cariñosa. Mi padre se quedó fuera de la habitación.

—Sí, está todo controlado. Empecé a sentir contracciones muy seguidas —contesta Brooke cuando estamos solos.

—Menos mal que estabas sola con mi madre. Ya me contó ella —comento un poco asustado.

—Sí. Me trajo al hospital.

—¿Y ahora qué? ¿Va a nacer? —pregunto, agitado y nervioso.

—Están tratando de controlar las contracciones. Tengo que quedarme aquí en el hospital.

—No te preocupes por nada. No me voy a mover de tu lado. —Me acerco y me atrevo a rozar su mano, pero Brooke la retira de inmediato—. Brooke, no te he preguntado por el sexo de nuestro hijo —susurro con culpa.

—Es un niño —revela y la miro con una enorme sonrisa, aunque no me hubiese importado una niña tan bella como su madre—. Tenía pensado llamarlo Derek, como mi padre, pero supongo que debes de estar de acuerdo y esas cosas.

—Derek me parece un nombre fantástico para nuestro hijo —susurro con orgullo.

—Gracias, me hacía ilusión que se llamase como mi padre. Lo quería muchísimo y para mí es un honor que lleve su nombre.

—¿Necesitas que te traiga algo? —le pregunto observando todo a su alrededor.

—No, estoy bien. Gracias.

—Mi padre está fuera, puede que no consideres que sea el momento para verlo, pero se asustó como yo ante la llamada de mi madre.

—Puede pasar si quiere. Ya hablé con tu madre en mi casa. Es una mujer increíble, admirable.

—Sí, lo es —susurro con orgullo.

Salgo de la habitación en busca de mis padres, entran en ella y mi padre saluda a Brooke con una sonrisa, le pregunta cómo se encuentra y le dice que cuente con ellos siempre para todo. Ambos le hacen saber que están muy contentos de ser abuelos.

—Creo que igual habrá que ir diciéndoles a tus hermanas que van a ser tías —expone mi padre.

—Quería haberles dado yo mismo la noticia, o con Brooke —la miro dirigiéndole una sonrisa—, pero como no sabemos cómo termine todo igual es mejor que se lo digáis vosotros.

—Lo haremos hoy mismo —anuncia mi madre—, estoy segura de que se alegrarán por partida doble, porque Brooke vuelva a sus vidas y por tener un sobrino al que querrán cuidar entre las dos.

Todos sonreímos, mis padres se marchan, me quedo a solas apenas unos minutos con Brooke y luego llegan sus amigos. Nos dirigimos un saludo tenso. Brooke dice:

—Os presento a Cole Kessler, aunque creo que ya os conocéis. Cole, ellos son mis mejores amigos, como mi familia. Daphne y Jax.

—Gracias por cuidar de Brooke todos estos meses —les indico de forma amable.

Ambos solo asienten un poco incómodos.

Brooke comienza a hablar con sus amigos, cómo sucedió todo, cómo se sintió, mientras permanezco en un lugar alejado de la habitación. Al cabo de un rato le digo que voy a por un café y cuando vuelvo encuentro a sus amigos discutiendo quién se va a quedar cuidando de Brooke esta noche.

—Lo siento, pero me quedaré yo —resuelvo de inmediato y todos me miran en silencio—. Es mi hijo y mi lugar está aquí por si sucede algo. No pienso moverme de esta habitación —les dejo a todos muy claro.

Brooke siente mi determinación y no dice nada, sus amigos se acercan, le dan un abrazo y se despiden de ella diciéndole:

—Mantennos informados de cómo vaya todo.

Nos quedamos solos de nuevo y Brooke habla:

—No hace falta que pases aquí toda la noche. Estoy bien cuidada en este lugar.

Me acerco a ella y la miro a los ojos.

—Puede que las cosas entre tú y yo en estos momentos no estén nada bien, pero cuando nuestro hijo nazca estaré a tu lado, te daré la mano y lo traeremos juntos al mundo, de la misma forma que lo concebimos. —Por el tono firme de voz que uso sabe que no existe opción a réplica.

Ella se queda en silencio y aparta su mirada de la mía, se acomoda en la cama y dice:

—Voy a dormir. —Cierra los ojos y sé que solo es una excusa para no enfrentarse a todos los temas pendientes que tenemos como pareja y como futuros padres, pero me da igual, ya los solucionaremos, por el momento no me pienso separar de su lado.

Cuando le traen la cena Brooke apenas tiene hambre y casi la tengo que obligar a comer diciéndole que piense en nuestro bebé.

—Mi madre siempre se quejaba de la comida del hospital. Puedo ir a comprarte lo que te apetezca fuera —le ofrezco.

—No. El bebé se está moviendo y estoy incómoda. Es grande como su padre —dice y con solo escucharla decir que soy su padre me emociono.

Me siento a su lado, la miro embobado en ella, con ganas de besarla y decirle cuánto la amo, pero no quiero presionarla ni que se sienta mal en estos momentos.

—¿Puedo sentir a mi hijo dentro de ti? —pregunto con emoción y miedo a la misma vez.

—Sí —susurra de inmediato.

Alzo la mano, ella me la coloca sobre su vientre desnudo y la guía para que sienta las patadas de mi hijo. Las noto al instante, varias, sonrío y no puedo evitar que varias lágrimas salgan de mis ojos.

—¿No te duele cuando te patea así? —pregunto con curiosidad.

—No, solo que a veces lo hace tan fuerte que me asusta.

—Es increíble, Brooke. Recuerdo que viví los dos embarazos de mi madre muy de cerca, pero nada se compara con esto. Esta sensación de absoluta felicidad que me colma el pecho…

—¿Estás contento de ser padre? —pregunta, seria, como si no lo creyese, mientras mi mano continúa en su vientre.

—Es lo mejor que he hecho en mi vida —confieso mirándola a los ojos—. Sé que no estaba en mis planes, pero cuando te cruzaste en mi vida la volviste por completo del revés, Brooke.

—Lo siento —murmura cabizbaja.

—Yo no. Al contrario. Me considero un gran afortunado. Me enamoré de ti, Brooke, y es lo mejor que me ha pasado en la vida, eso y que seas la madre de mi hijo —confieso con el corazón en la mano.

—Cole, no sigas —me corta de inmediato.

—Voy a demostrarte que mis palabras son ciertas. Te amo y, aunque este bebé no existiese, querría pasar el resto de la vida contigo —revelo mirándola a los ojos.

Ella se tensa ante mis palabras, aleja mi mano de su cuerpo y toma una bocanada de aire profunda.

Una enfermera entra en la habitación, le pregunta cómo sigue, le da una medicación y nos desea que pasemos buena noche.

Antes de apagar la luz de la habitación le pregunto a la madre de mi hijo:

—¿Estás bien? ¿Necesitas algo?

—Estoy bien, gracias.

—Duerme, yo estaré aquí a tu lado.

Me acomodo en el sillón que tiene cerca, Brooke fija la mirada en mí y pregunta:

—¿No vas a dormir en el sofá cama del fondo de la habitación?

—Quiero estar lo más cerca de ti.

—Eres muy grande para ese sillón —aprecia.

—No importa. Estaré cerca. Teniendo en cuenta los meses que he pasado buscándote, pasar una noche aquí sentado a tu lado lo puedo considerar el mejor regalo. Creo que nunca he tenido mejores vistas —murmuro con una amplia sonrisa.

Brooke no dice nada, solo cierra los ojos mientras yo permanezco centrado en ella, está más guapa y deseable que nunca embarazada.