La debilidad del diablo Capítulo 29
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Capítulo 29

Maggie

Acuesto a mis hijas y con paso inseguro e intranquila me dirijo al salón, donde me espera mi marido.

Logan me dijo esta tarde cuando regresó de trabajar que teníamos que hablar en privado un tema serio cuando las niñas no estuviesen delante.

Los últimos días ha estado muy raro, sé que me está ocultando algo y no sé qué pueda ser.

Siempre duerme abrazado a mí y lo he sentido distante, pensativo.

Está trabajando más de lo normal, o eso es lo que me dice y está menos cariñoso.

Hace una semana que no tenemos sexo y esto sí que me preocupa de verdad.

¿Y si existe otra mujer? Me lo he preguntado varias veces.

En ocasiones lo siento imposible, pero en otras todo me cuadra.

Su actitud no es normal. Lo conozco bien.

Sé que le estaba dando vueltas a algo y hoy por fin se ha decidido a contármelo.

Cuando llego al salón encuentro a mi marido sentado en el sofá con una copa en la mano. Logan no suele beber, algo que me indica que lo que tiene que decirme no es nada fácil.

Me acerco a él, lo miro, me mira en silencio y, a la misma vez que me siento a su lado, susurro:

—¿Qué sucede, amor?

—Maggie… no es fácil lo que tengo que decirte —anuncia y siento que mi corazón se acelera y un miedo atroz se apodera de mí.

—Me estás asustando, Logan. ¿Estás bien, Cole está bien? —pregunto, preocupada. Hace varios días que no veo a mi hijo.

—Sí. No te preocupes, no es una cuestión de salud. Pero es un tema serio que ni siquiera sé cómo abordar —dice mirándome, incómodo. Nunca lo había visto así.

—¿Qué me estás ocultando, Logan? —inquiero con el corazón desbocado.

Mi marido me toma las manos entre las suyas y aprecio la angustia en sus increíbles ojos grises.

—No quiero que me odies por esto —anticipa.

—¿Se trata de otra mujer? —pregunto con pavor.

—Sí —responde y se queda en silencio, mirándome con culpa.

Retiro mis manos de las suyas y lo miro con desconfianza.

—Me lo temía. Llevo días sospechándolo —murmuro.

—¡¿Sí?! —dice, confuso.

—Es obvio. Tu comportamiento, tus vueltas en la cama durante la noche…

—Lo siento, Maggie —se disculpa mientras comienzo a romperme.

—¿Por qué no me lo has dicho hasta ahora? —le reprocho. Ya juramos en el pasado que nunca nos volveríamos a ocultar nada.

—Porque ha sido hoy cuando hemos comprobado que el bebé es…

—¿Qué bebé? ¿De qué me estás hablando? —inquiero con el alma en los pies. Esto es peor de lo que pensé.

—Cole… —comienza a decir.

—Él lo ha descubierto —me anticipo llevándome las manos a la cabeza.

—Sí —susurra cabizbajo—. ¿Cómo intuías todo esto? —pregunta con sorpresa.

—Las mujeres tenemos un sexto sentido —murmuro con rabia y los ojos cargados de lágrimas, haciendo un esfuerzo porque no broten.

Logan expulsa aire, se lleva las manos a la cabeza, cierra los ojos y revela:

—El bebé nacerá en unos dos meses aproximadamente.

—¡¿Qué?! —Lo miro con los ojos muy abiertos—. ¿Desde cuándo me has estado engañando? —alzo la voz, alejándome de él.

—Sabía que no lo entenderías —susurra, convencido.

—¡¿Y pretendías que lo entendiese?! —bramo, furiosa, paseándome por el salón con ganas de matarlo.

—Cole y yo decidimos no decirte nada hasta confirmar la paternidad.

—Habéis sido cómplices —le espeto, decepcionada con mi hijo.

—Nuestro hijo ha sufrido mucho, está mal, Maggie.

—¡¿Cómo no va a estarlo?! ¡Todo por tu culpa! Te acabas de cargar esta familia —le grito muy enfadada—. ¿Cómo has podido hacerme esto y hacérnoslos a todos? —le reprocho con lágrimas en los ojos.

—Solo quería evitarte el sufrimiento. Cuando el bebé nazca sé que lo vas a querer.

—¡¡¿Cómo?!! ¿Qué lo voy a querer? ¿Qué pretendes? ¿Qué venga a vivir aquí? —grito, Logan se ha vuelto loco por completo.

—No, no. Vivirá con su madre, pero vendrá a vernos como es normal.

—Definitivamente tú no tienes vergüenza. Vete de esta casa —le digo con lágrimas en los ojos.

—Maggie, cálmate —me suplica acercándose.

—No me toques, Logan. Quiero el divorcio —le espeto con rabia.

—Joder, Maggie, sabía que no te lo ibas a tomar bien, pero vamos a ser abuelos. No es la forma en la que siempre pensamos que sucedería, pero es nuestro nieto.

Me limpio las lágrimas y miro bien a mi marido. Pregunto, confusa:

—¿De qué coño estás hablando, Logan? ¿Abuelos?

—De Cole y Brooke, de nuestro nieto —aclara.

—¡¡Cómo!! ¿Cole va a ser padre? —pregunto con los ojos muy abiertos y un gran nudo en la garganta.

—Maggie, ¿no has escuchado nada de lo que te he dicho? —inquiere perdiendo la paciencia.

Tengo que sentarme porque creo que me estoy mareando. Comienzo a echarme aire con la mano, sofocada.

—¿Todo esto es por Cole? —susurro con los ojos muy abiertos, con vergüenza.

Mi marido se queda callado, pensativo, creo que algo hace click en su cabeza y su expresión se oscurece.

—No me digas que todo este tiempo que llevamos hablando has pensado que te estaba engañando con otra mujer y el niño era mío —recita, lento, furioso por dudar de él.

—Logan yo… estabas muy raro y… tampoco has sido muy claro al exponerme las cosas —le indico, nerviosa.

—No lo puedo creer —alza la voz y se pasea alterado delante de mí—.

Esto es increíble. Llevo años demostrándote que eres la mujer de mi vida, que te amo con locura y a la primera de cambio piensas que te he puesto los cuernos con otra e iba a tener un hijo —brama sin control mientras que me quiero morir de la vergüenza por haber dudado así de él.

—Shhh, las niñas están dormidas —le suplico que baje la voz.

—Me importa una mierda. Mi mujer ha desconfiado de mí hasta tal punto —dice, dolido.

—Logan, no es momento de hablar de nosotros —le advierto señalándolo con un dedo—. Cuéntame ahora mismo cómo es eso de que Cole va a ser padre y el hijo es de Brooke. ¿La misma Brooke que fue niñera de Blair y Harper? ¿Qué me he perdido si van a tener un hijo en breve? —me reprocha.

—¿Sabes qué? Que te lo cuente tu hijo si tan poca confianza tienes en tu marido —me espeta y comienza a dirigirse a las escaleras.

—Logan Kessler, no te atrevas a dejarme aquí sola sin explicarme todo porque estoy a punto del infarto y serás el único responsable de este —le dirijo una mirada de advertencia en un tono tan frío que mi marido se para al colocar el pie en el primer escalón.

—Joder, Maggie —maldice, se gira hacia mí y aclara—: Cole se lio con Brooke cuando la enviaste allí de enfermera por el percance con el gemelo.

¿Recuerdas las fotos de ambos en la fiesta de los Meyer?

Brooke se marchó sin decir nada de casa de nuestro hijo.

Cole la ha buscado estos meses sin dar con ella.

Por casualidades de la vida Brooke era la persona a la que le tenía que entregar el reconocimiento como mejor expediente en la universidad, donde lo enviaste, y allí descubrió que Brooke estaba embarazada.

En un principio ella le dijo que el bebé no era suyo, pero luego yo lo animé a hacer unas averiguaciones al margen de la ley, por eso no te dije nada —explota—.

Descubrimos que el bebé que espera Brooke sí es de Cole.

Nuestro hijo está destrozado e irremediablemente enamorado de esa mujer que no quiere nada con él.

—¡Vamos a ser abuelos! —susurro con sorpresa.

—Eso es, Maggie. Abuelos —repite la última palabra muy lento—. Y ahora me voy a la cama antes de que mi mujer me decepcione más por hoy.

—Logan… —Corro detrás de él escaleras arriba, no se detiene. Entramos en la habitación, cerramos la puerta y lo sigo hasta la cama—. Perdóname, mi amor. Lo siento mucho, de verdad —le ruego con pena. Lo obligo a que me mire. Puedo apreciar lo enfadado que está.

—Pensé en que podrías tener mil reacciones al contarte esto, pero ninguna como la que has tenido se me pasó por la cabeza —me reprocha con dureza.

—Lo siento, mi amor. Estabas tan extraño… sabía que me ocultabas algo importante. Y llevabas sin hacerme el amor más de una semana —me escudo en ello—. Pensé que habías perdido el interés en mí. Somos tan pasionales…

—Joder, Maggie —maldice con los dientes apretados—. Si es que solo podía pensar en el delito que estaba cometiendo Cole infundido por mí y si ese bebé era suyo. Apenas he dormido. No tenía cabeza para nada más.

—Ahora lo entiendo, pero si yo comienzo a tener comportamientos extraños y mi apetito sexual desaparece por ti, ¿qué hubieses pensado?

—lo hago reflexionar para que me comprenda un poco mientras le coloco ambas manos en sus mejillas para que me mire—.

No confiaste en mí —le reprocho—. Debiste contármelo y no cargar con todo el peso. Cole es nuestro hijo.

—El asunto era delicado. Y lo sigue siendo —añade, molesto, mirándome de forma distante.

—Ayudaremos a nuestro hijo. Logan, vamos a ser abuelos —susurro tomando conciencia de la realidad.

—Sí, Maggie, pero nunca pensé que una noticia tan bonita como esta sucediese de esta manera.

—Brooke es una buena muchacha. Me alegro de que vaya a ser la madre de nuestro nieto o nieta. ¿Qué sexo es el bebé? —pregunto de golpe. Lo miro y se encoje de hombros.

—¡Hombres! —murmuro poniendo los ojos en blanco, exasperada.

Logan se deshace de la ropa frente a mí y se mete en la cama en calzoncillos. Lo siento derrotado.

Me coloco un camisón, uno muy sexy, y me meto en la cama también. Logan me da la espalda, lo abrazo por detrás y le susurro:

—Perdón por mis dudas, pero tengo un marido tan increíble en todos los sentidos que me sigue pareciendo un auténtico sueño la vida tan feliz que tenemos.

Te amo cada día más y entiendo tu enfado.

Yo me sentiría igual de herida. Prometo no volver a dudar nunca más de ti.

Pero es que eres tan guapo y atractivo… y veo cómo todas las mujeres te devoran con los ojos…

—Igual ahora al ser abuelo pierdo parte de mis encantos —murmura sin mirarme a los ojos, por su tono sé que sigue enfurruñado.

—Amo a este abuelo, que será el mejor del mundo, no lo dudo —susurro acariciando su abdomen con las manos, apenas lo abarco entero.

—¿Me estás haciendo la pelota? —inquiere en tono molesto—. Quiero dormir, Maggie.

—Vaya, debe ser la edad —comento de forma intencionada, girándome para disponerme a dormir, dándome por vencida.

De repente, tengo a Logan sobre mí, siento la claridad de sus ojos clavados sobre los míos en la oscuridad de la habitación.

—¿Me estás llamando viejo? —sonrío al comprobar que mis palabras han causado el efecto esperado.

—Ya me dirás tú, si hace tantos días que no me haces el amor —dejo caer como si nada. Muevo las caderas de forma intencionada debajo de él.

—Maggie… sé lo que estás haciendo —me advierte besándome el cuello.

—¿Reconciliarme con mi marido de la mejor forma que conozco? —alardeo con una enorme sonrisa, puedo sentir cómo se ha puesto duro como una roca.

—Eres una bruja, y sabes muy bien que eres mi completa perdición. Te amo y no lo pongas nunca más en duda.

—Jamás.

Beso a mi marido y hacemos el amor de una forma maravillosa.