Capítulo 26
Cole
Dos semanas después
—Gracias por avisarme, chicos —escucho la voz de mi padre. Miro a mis amigos, Spencer y Axer, y les reprocho arrastrando las palabras:
—Traidores.
Entre Natt y mi padre me meten en el coche, estoy muy borracho, y cuando el vehículo arranca cierro los ojos.
El silencio sepulcral en el que vamos repiquetea en mi cabeza como si la música estuviese puesta a todo volumen.
Conozco bien a mi padre y sé todo lo que tiene que estar bullendo en su mente.
Lo que me extraña es que no esté dando voces y recriminándome mi actitud.
Hace días que no aparezco por la empresa, no he firmado un contrato importante y olvidé acudir al cumpleaños de mi hermana mayor porque estaba en mi ático hundido y consolándome con una botella de licor.
Mi padre me mete en la ducha, me deja en la cama, me trae un café solo y me obliga a bebérmelo. Luego, sentado frente a mí en mangas de camisa, serio y con un leve tic en la mandíbula, algo que indica que está muy cabreado, me exige:
—Ahora cuéntame qué es lo que te tiene así. Porque algo muy gordo debe de haber pasado en tu vida. Jamás te has comportado de esta forma. No es propio de ti, hijo.
—Me enamoré como un estúpido de la mujer equivocada —reconozco sintiendo pena por mí mismo—. No quería caer, pero fue inevitable. Me dejó la vida marcada.
Mi padre chasquea.
—Ya me temía que lo que te tenía así era una mujer. Mi hijo, enamorado —susurra con una leve sonrisa que tengo ganas de borrar de un puñetazo—. ¿Y se puede saber quién te tiene así?
—Siempre ha sido ella —reconozco con pesar—. Brooke Sullivan —susurro su nombre con rabia y dolor.
Mi padre asiente y se queda en silencio. No le sorprende.
—¿La has vuelto a ver tras este tiempo? Me consta que la buscaste hace meses, pero como regresaste a tu vida de siempre pensé que la habías olvidado.
—Siempre ha sido ella —repito—. Desde que miré a Brooke por primera vez, cuando su jefe la echó delante de mí, mi instinto por protegerla despertó sin querer.
Luego pensé que me había obsesionado con ella, pero mientras más la conocía, lo sencilla y especial que era, más me gustaba.
Joder, hasta me planteé tener una relación seria por primera vez.
Llevarla a la fiesta de los Meyer solo fue una mala excusa conmigo mismo.
Ya quería a esa mujer solo para mí. Pero no me di cuenta de lo enamorado que estaba hasta que se marchó de mi casa y la perdí.
Llevo meses que apenas duermo, en los que en mi mente solo se repiten los buenos momentos que pasamos juntos.
Cuando he estado con otras mujeres he sido tan miserable de ponerles el rostro de Brooke —reconozco con dolor.
—Puedo llegar a comprenderte, hijo. Pasé por todo eso cuando me separé de tu madre. ¿Por qué estás así ahora?
—Hace dos semanas la vi, papá —revelo con lágrimas en los ojos.
Ya no puedo más. Y le cuento cómo se produjo nuestro encuentro—.
¿Tienes idea de lo que sentí cuando se desmayó en mis brazos y aprecié que estaba embarazada?
De forma inconsciente llevé mi mano a su vientre, rogué porque fuese mi hijo.
Yo, rogando por un hijo. Cuando me he cansado de decir que no quería tenerlos —suelto con una carcajada amarga mientras mi padre me observa con atención—.
Por unas horas pensé que mi mundo se había vuelto a arreglar.
Brooke me había ocultado que íbamos a tener un hijo, pero la había encontrado y yo la amaba.
Llegué a pensar que ese niño nos iba a brindar un futuro juntos, al menos que algo siempre nos iba a unir.
—¿Qué pasó, Cole?
—Cuando le reclamé que no me hubiese dicho que estaba embarazada, está de siete meses, justo el tiempo en el que estuvimos juntos, y joder, existía la posibilidad de que se hubiese quedado embarazada de mí, me dijo que el bebé no era mío.
Me quise morir en ese momento. La había encontrado y la había perdido ese mismo día.
Y ahora todo es mucho peor. Su hijo es de otro hombre.
—¿Estás seguro de que no es tuyo? —pregunta mi padre, muy serio.
—Me aseguró que no. No le podía hacer la prueba del ADN al niño —estallo cuando me mira con dudas. Este tema me tiene de los nervios.
—¿Y tú la creíste de buenas a primeras? —inquiere como un reproche hacia mí y no lo entiendo, consigue enfadarme aún más.
—¿Qué querías que hiciese? —bramo levantándome de la cama y paseándome delante de mi padre por mi habitación.
—Te puedo asegurar que si yo me llego a enterar de que la mujer que amo está embarazada y existe una sola posibilidad de que el hijo que espera sea mío no estaría así.
—¿Así, como? ¿No me ves? Estoy desesperado, con la vida rota, vuelta del revés.
No sé cómo arrancarme a esa mujer del corazón —grito, angustiado—.
No duermo, llevo noches en las que me levanto agitado con la imagen de Brooke embarazada.
Tengo grabadas en mi mente sus palabras cuando me aseguró que no era el padre de su hijo.
No sé cómo olvidarla. Ni otras mujeres ni el alcohol han conseguido ahogar mis penas —admito sintiéndome un completo miserable.
—Francamente, Cole, me has decepcionado —me dice mi padre de frente, levantándose e igualándome en altura.
—Dime cómo hubiese actuado el gran Logan Kessler, tú que lo haces todo bien —le reprocho escupiendo las palabras y mirándolo de forma desafiante.
—Creo que tienes los medios suficientes para averiguar si ese hijo es tuyo o no sin necesidad de una prueba genética cuando nazca, que no hayas recurrido a esto para comprobarlo con todo lo que tienes a tu alcance… —deja caer y lo miro con los ojos muy abiertos.
—Me estás sugiriendo qué…
—Sí. Así hubiese actuado tu padre. Me lo has preguntado y ahí lo tienes.
Cole, me perdí dieciocho años de tu vida.
No quiero que pases por lo mismo. Haz lo que sea necesario para averiguar si ese bebé es tuyo de verdad, porque Brooke no me parece la clase de mujer que se acueste cada día con un hombre diferente.
Tu padre te apoyará en todo lo que sea necesario.
Lo miro sonriente, doy dos zancadas hacia él, lo abrazo y le indico:
—Gracias, papá.
—Suerte, hijo.