Capítulo 25
Brooke
Cuando Cole pone un pie fuera de la sala rompo a llorar, me acaricio el vientre y susurro:
—Perdóname, hijo, pero él nunca te deseó. No serás una carga en su vida.
Daphne y Jax entran en la sala, acuden hacia mí, me abrazan, se interesan por cómo me encuentro y luego preguntan con mucho tacto:
—¿Cómo ha ido todo con Cole Kessler? —Me quedo en silencio con un par de lágrimas en los ojos.
—Vaya mala suerte que fuese él quién estuviese ahí y se haya enterado de todo de esta forma —dice Jax.
—Por cómo ha salido de aquí creo que no se lo ha tomado muy bien —susurra Daphne con cautela.
—Le dije que el bebé no era suyo —revelo y ambos me miran con los ojos muy abiertos.
—Brooke, ¿estás segura de lo que has hecho? —pregunta Jax con sorpresa.
—Sí. Cole no quería hijos. Me dijo que siempre se cuidó de embarazos indeseados. Conmigo tuvo su primer desliz, por decirlo de alguna forma. Le aseguré que no habría problema. Y mi hijo no va a serlo. Él solo será mío. No va a necesitar a nadie más.
—¿Y se ha ido así tan tranquilo? ¿Ni siquiera ha sospechado por las fechas que cabe una posibilidad de que sea suyo? —inquiere Daphne.
—Se lo he negado de forma rotunda. No quiero a alguien tan rico y poderoso como Cole Kessler ejerciendo de padre con mi hijo, ¿os imagináis cómo podría ser mi vida? Tiene tanto dinero que podría quitarme a mi bebé si se lo propone —susurro con miedo.
—Tu misma admitiste que cuando pensaste que era el padre de sus hermanas se comportaba como un buen padre. Y luego has reconocido que era un gran hermano. Puede que sea un gran padre y tu hijo crezca con esa carencia —reflexiona Jax.
—No quiero a Cole cerca de mí ni de mi hijo —manifiesto de forma rotunda, con miedo.
—Esperemos que se lo haya creído y no insista más —murmura Daphne.
—Yo también lo espero. No sabéis lo que sentí cuando vi que era él quién me iba a entregar el reconocimiento.
Todo mi mundo, las barreras que había creado en estos meses para protegerme del padre de mi hijo se vinieron abajo de un plumazo.
En la ambulancia tuve tiempo de pensar, sabía que existía la posibilidad de que Cole echase cuentas y supusiese que el bebé era de él.
—Solo espero que no te arrepientas de esta decisión —me indica Jax—. Estás privando a tu hijo de tener un padre.
—Cole no quería hijos —les repito con lágrimas en los ojos—. Solo le estoy haciendo un favor para que siga con su preciada vida de hombre soltero y mujeriego empedernido —murmuro con rabia.
Daphne y Jax me abrazan, se quedan conmigo hasta que el médico me indica que puedo volver a casa. Jamás pensé que el que imaginé sería uno de los días más importantes de mi vida y bonitos terminase de esta forma.
Mis amigos me llevan a la cama, el doctor me ha recomendado descansar, insisten en quedarse a dormir conmigo, pero no lo permito. Mi apartamento solo tiene una habitación y el sofá no es que sea muy cómodo para pasar una noche.
Cuando me quedo a solas me permito llorar y desahogarme, pedirle perdón a mi hijo si me estoy equivocando en la decisión que he tomado de que su padre esté lejos de él, pero considero que es lo mejor para mi bebé y para mí. Con Cole fuera de nuestras vidas estaremos más tranquilos.
Me quedo pensativa en la impresión que me causó ver a Cole Kessler tras tantos meses.
Sus ojos cuando me miraron y me reconocieron no me los puedo sacar de la cabeza.
Tenía mil reproches en su mirada. Estaba guapísimo, más atractivo que nunca, y fue en ese momento en el que me di cuenta de que todos mis esfuerzos en estos meses por olvidarme de él no habían servido de nada.
Con una sola aparición suya había vuelvo a hacer latir mi corazón de una forma vertiginosa, había hecho, en contra de mi voluntad, que lo desease y que todo mi cuerpo reaccionase a él.
Tengo que seguir repitiéndome que solo fui una aventura para él, un capricho como comentó con su amigo. La tonta fui yo por caer en sus brazos, por dejarme llevar por sus atenciones y por pensar que un hombre como él podría cambiar.
Solo siento pena de esta situación por su familia. Aprecio mucho a sus hermanas y a su madre y me da pena que mi hijo no pueda conocerlas ni saber quiénes son en su vida.
Apenas duermo en toda la noche. La cara de Cole cuando me vio no se me quita de la cabeza. Y el remordimiento por haberle negado que mi bebé es suyo me está matando, pero sé, en el fondo de mi corazón, que no me estoy equivocando.